lunes, 8 de diciembre de 2014

Violencia

"Frente a los hechos de violencia que ocurren no debemos dejarnos llevar por quienes provocan a la violencia". Fernando de la Rúa

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 50 segs)


Ya comenté en mi anterior entrada que he estado trabajando unos cuantos días en el marco de mi última actividad referenciada en mi CV. Esta vez la tarea era sencilla, acompañabamos a los conductores de autobuses interurbanos en Madrid y observábamos el funcionamiento de las máquinas a bordo para validar billetes. Si todo funciona bien, nuestro trabajo se limita a estar sentados durante horas haciendo el mismo trayecto una y otra vez sin ningún aliciente. “Afortunadamente” no siempre ha ido bien y hemos tenido unas cuantas incidencias que han hecho el trabajo más interesante y el paso del tiempo más ameno.

El martes pasado, mientras hacía el enésimo viaje del día, un viajero se subió y empezó a despotricar contra el servicio de autobuses. En esta ocasión no hemos estado identificados de cara al público (no llevamos chaleco del Consorcio de Transportes de Madrid ni acreditación), por tanto pude mantenerme al margen en principio. El conductor intentó calmar el ambiente recordándole que hay cauces para poner quejas y que gritar a un empleado no soluciona nada, a lo que el hombre se soliviantó más y pasó a insultos cada vez más agresivos.

El conductor se limitaba a recordarle donde poner una queja. Pronto los insultos se hicieron extensibles a mi, que en silencio tomaba notas del mal funcionamiento de una de las validadoras, pues ya era evidente que estaba haciendo una función dentro del sistema de transportes. Y al poco de incluirme en los insultos surgió una amenaza, “como vaya os doy una patada en la boca”. Me mantenía en silencio, manteniendo el control, haciendo mi trabajo, sin mover la vista del funcionamiento de las máquinas, pero con la sangre hirviendo por dentro.

Doy fe de que desde que subí al autobús a las 7.20 de la mañana, hasta las 12.30 de este incidente, no habíamos podido parar ni para estirar las piernas o ir al baño, las idas y vueltas se sucedían sin descanso (se mantendría esa tónica hasta las 14.45). Un tráfico difícil y una planificación poco adecuada para repasar la pintura de las calles de Leganés hizo que el servicio fuese con un retraso constante de 2 minutos, algo nimio pero que suponía la imposibilidad de descansar en las cabeceras de linea. Un minuto ganado en seguida se perdía por un coche mal aparcado, manteniendo la brecha temporal inamovible y llegando siempre 1 o 2 minutos tarde a cada parada. Nada importante salvo para este viajero con ganas de bronca.

Sin duda, ha sido uno de los momentos más tensos de mi experiencia cara al público, pero no ha dejado de ser enriquecedor saber que si mantienes el control los problemas no suelen ir a más.

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