(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 30 segs)
En multitud de ocasiones he hablado en este blog sobre
la importancia de una buena política de motivación con los
empleados
(aquí y aquí).
Un empleado motivado y uno desmotivado generalmente cobran lo mismo,
y el primero ofrece más rendimiento. Pero, ¿es siempre
responsabilidad del empleador?.
Uno no siempre se levanta con ganas de comerse el mundo.
Una discusión con la pareja, una mala noticia, no haber dormido
bien, hormonas (suena a broma, pero hacer deporte es un importante
elemento motivador), etc.. Por mucho que intentemos separar
ambientes, lo personal nos acompaña al trabajo, y lo laboral nos
acompaña a casa. Ambos se retroalimentan.
Esta semana el post del martes (más técnico) y el del
viernes (más personal) van a mezclarse un poco. Cuando la motivación
depende de la empresa el abanico de opciones es más estándar,
mejores prestaciones, reconocimiento de encargados o compañeros,
retribuciones no monetarias, o flexibilidad de horarios. Cuando
depende de cada uno inevitablemente se convierte en un maremágnum de
opciones y de pequeños trucos personales.
En la última etapa de mi vida laboral buena parte mis
proyectos los hago desde casa, se puede pensar que es ideal trabajar
desde tu propia casa sin horarios fijos. Cuando lo comento en ciertos
ambientes, algunos incluso me dicen que debe ser estupendo trabajar
en pijama y bata.
No es tan sencillo, y no lo digo por no tener bata, que
no la tengo, si no porque hay que ser muy estrictos para llegar al
punto de ser eficiente. Un trabajo presencial también requiere de
esa ayuda extra para rendir mejor, pero existen más factores
externos: te controlan, el ambiente es propicio o un buen líder
puede tirar hacia delante cuando otros no quieren moverse. En tu
casa, en el mejor de los casos, estás tu sólo con todo ese trabajo
por hacer.
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