martes, 18 de octubre de 2016

Trabajo en equipo

Entrevistador: En este tipo de proyectos es común que las cosas no salgan como se planean porque estamos sujetos a muchos cambios ¿Qué harías si empieza a llover mierda durante el proyecto?
Yo: Asegurarme de saber donde está la fregona.
Fragmento de entrevista personal.

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 35 segs)


Uno de los problemas más frecuentes a la hora de trabajar en equipo es la compenetración de los integrantes del equipo. Ya no digo equipos internacionales, teniendo que usar otro idioma y amoldarse a otras costumbres (que ya requiere de cierto carácter específico), si no incluso en equipos locales con gente del mismo entorno social y lingüístico.

Siempre hablo de proyectos de determinada complejidad, se de primera mano que un equipo reunido para poner sillas en hileras para un evento no debería tener muchos problemas, pero generalmente cuanto más complejo es un tema, más afloran los retos. Los ritmos de cada uno son distintos, las formas de trabajar difieren, la energía comprometida no es la misma y los intereses no siempre responden al bien común y a la buena ejecución del proyecto. De hecho, la principal función de un buen jefe (llamadlo encargado, coordinador, etc.) es saber engranar a los componentes del equipo para que la maquinaria funcione.

No se puede pretender que tu jefe/jefa sepa hacer exactamente lo mismo que tu, porque para eso supongo que te contrata, pero sí que sepa como organizar el trabajo del equipo para que puedas hacer tu parte, dedicarte a lo que sabes, o tener el tiempo para aprenderlo, además de enfocar tus habilidades para ayudar a otros en sus tareas. En el terreno personal, siempre he tenido suerte con mis jefes.

En una charla reciente con una de las personas que me encargan proyectos me comentaba que uno no sabe lo importante que es un buen equipo hasta que no se enfrenta ante una situación crítica que requiere precisamente de un equipo bien engrasado. Y lo mucho que valoraba el poder contar ciegamente con su gente. Al final resumió todo en una frase, una especie de broma personal: “When is raining shit massively, you'll better get a bunch of people who knows where the mop is and who is in the best moment that day to use it”.

viernes, 14 de octubre de 2016

Tango

 Y de repente dije “chan chan”
¿Y?
Y nada más, se acabó el tango viejo.

Película “El hijo de la novia”

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 4 mins)

Quizás sea la frase que más me ha marcado en una película. Uno de los personajes le cuenta al protagonista que tenía su vida encarrilada, con todo bien atado, y un camionero se llevó por delante a su mujer e hija. Dice que pasa dos años bebiendo, perdiendo amigos y el trabajo por el camino, pero una mañana se despierta hundido, se mira al espejo y se dice “chan chan”. Así acaba su cuesta abajo y empieza a reconstruirse.

Sin llegar al extremo del personaje de la película, a veces uno se deja llevar por el desánimo y la falta de motivación y empieza a viciar su situación con malos hábitos. Hoy, más de un autónomo, estudiante o desempleado se levantarán tarde y sin ganas de tirar de su proyecto, y lo que es peor, sucumbirán a ese desánimo para caer en una especie de inmovilismo que trascenderá mucho más allá de un día. O, ¿Cuánta gente se queja de su puesto laboral durante años, perdiendo las ganas y empeorando la calidad de su vida y de su trabajo, sin hacer nada para buscar un nuevo empleo?

Cuando la motivación no aparece, hay que tirar de oficio, de hacerlo porque hay que hacerlo. Las generaciones anteriores sabían más de esto que nosotros. Así que ahí van mis consejos, basados en prueba y error, y que me valen tanto para trabajar en casa (que es donde me vuelvo más estricto, aunque la mayoría funcionan también cuando es fuera), como para estudiar, buscar trabajo o cualquier otro proyecto de forma metódica:

- Plantéate una rutina estricta de horarios para el sueño. No te despiertes cuando hayas dormido suficiente, ni te acuestes sólo cuando tengas sueño. Mi día empieza a las 7 de la mañana y acaba a las 11 de la noche, salvo emergencias. Soy flexible porque uno no siempre está igual, pero la flexibilidad es de 15 minutos arriba o abajo. Hay que limitar las excusas, ni acabar de ver la película (casi todas las cadenas tienen un servicio de televisión a la carta), ni levantarme más tarde porque has tenido unos cuantos días productivos y has avanzado suficiente, para eso está el fin de semana. Las rutinas son difíciles de asumir, y si te las saltas un par de veces seguidas, las pierdes rápidamente. Aunque sea el trabajo fuera de casa quien marca tus horarios, sigue con la rutina, es bueno dormir bien para rendir mejor.

- Haz ejercicio. Yo suelo hacerlo a primera hora. Cuando otros están encerrados en sus coches, o en el tren, es buen momento para activar el cuerpo con algo de ejercicio. No hace falta matarse en el gimnasio durante dos horas, pero algunos ejercicios ya marcan diferencias, las hormonas generadas nos ayudan a centrarnos en el trabajo. Ya lo adelantaba en el post del martes. Lo más duro es empezar, y arrancar los días que ya nos despertamos cansados, no hay que pensarlo mucho, ponte las zapatillas y sal a pensarlo en la calle. Si trabajas fuera y no te ves capaz de salir a correr, volver y ducharte para ir a trabajar, intenta bajarte una parada antes o dejar el coche aparcado a un par de manzanas del trabajo y haz el resto caminando.

- Vístete como si fueras a trabajar. O al menos casi, no es necesario ponerse el traje, pero es bueno marcar una diferencia entre “estar en casa para trabajar” y “estar en casa descansando”. Parece una tontería, pero la mente es curiosa y hace conexiones sorprendentes. Si no puedes ir al trabajo en ropa deportiva, no trabajes desde casa en ropa deportiva.

- Delimita tu espacio de trabajo frente a familiares, compañeros de piso o compañeros de trabajo. A nadie le gusta que saques tu móvil y empieces a trabajar cuando estás con ellos de ocio, que entiendan que no puedes estar de charla cuando estás de trabajo.

- No hay que trabajar duro, hay que trabajar inteligente. Este principio es la alma mater de los ingenieros, cuya función histórica ha sido desarrollar soluciones que nos lleven a hacer mayor trabajo con menor esfuerzo. Casi todos los temas que me encargan vienen con fechas límite cercanas, la tentación de ponerme en modo vikingo y atacar la pila de tareas es enorme, pero he descubierto que me renta más dedicar un tiempo a organizarme, y luego ya ponerme a trabajar. Hay tareas que se hacen varias veces, o a las que tienes que volver recurrentemente, por mala planificación.

- Olvídate del móvil. No se otros, pero yo soy como un tren de mercancías, necesito un tiempo de concentración en un tema para empezar a coger ritmo y ser eficiente, si me paro a ver el whatsapp o el correo, luego tengo que volver a arrancar y no dejo de funcionar a medio gas. Prefiero no hacer descansos durante 3 o 4 horas para aprovechar el tirón y descansar más tiempo después. Sólo atiendo a llamadas, y para eso tampoco me hace falta mirar el móvil cada 10 minutos. La dependencia del móvil hace bajar elrendimiento hasta un 26%.

Lo más importante es conocerse uno mismo, y buscarse los métodos que te funcionan. Habrá quien prefiera meditación a deporte, o que el ritual del desayuno le ayude a centrarse y necesite dedicarle una hora. Todo es probar y evitar que sea la pereza o el miedo la que te dicte tu día a día.

martes, 11 de octubre de 2016

Motivación

"A veces en la vida hay que saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanza." Alessandro Pertini.

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 30 segs)


En multitud de ocasiones he hablado en este blog sobre la importancia de una buena política de motivación con los empleados (aquí y aquí). Un empleado motivado y uno desmotivado generalmente cobran lo mismo, y el primero ofrece más rendimiento. Pero, ¿es siempre responsabilidad del empleador?.

Uno no siempre se levanta con ganas de comerse el mundo. Una discusión con la pareja, una mala noticia, no haber dormido bien, hormonas (suena a broma, pero hacer deporte es un importante elemento motivador), etc.. Por mucho que intentemos separar ambientes, lo personal nos acompaña al trabajo, y lo laboral nos acompaña a casa. Ambos se retroalimentan.

Esta semana el post del martes (más técnico) y el del viernes (más personal) van a mezclarse un poco. Cuando la motivación depende de la empresa el abanico de opciones es más estándar, mejores prestaciones, reconocimiento de encargados o compañeros, retribuciones no monetarias, o flexibilidad de horarios. Cuando depende de cada uno inevitablemente se convierte en un maremágnum de opciones y de pequeños trucos personales.

En la última etapa de mi vida laboral buena parte mis proyectos los hago desde casa, se puede pensar que es ideal trabajar desde tu propia casa sin horarios fijos. Cuando lo comento en ciertos ambientes, algunos incluso me dicen que debe ser estupendo trabajar en pijama y bata.

No es tan sencillo, y no lo digo por no tener bata, que no la tengo, si no porque hay que ser muy estrictos para llegar al punto de ser eficiente. Un trabajo presencial también requiere de esa ayuda extra para rendir mejor, pero existen más factores externos: te controlan, el ambiente es propicio o un buen líder puede tirar hacia delante cuando otros no quieren moverse. En tu casa, en el mejor de los casos, estás tu sólo con todo ese trabajo por hacer.

viernes, 7 de octubre de 2016

Costumbres

"Las oportunidades pequeñas son el principio de las grandes empresas." Demóstenes.

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 5 segs)


Estos días he hablado con gente de fuera de mi círculo habitual, y salió el tema de los viajes al extranjero y la forma de beber más allá de nuestras fronteras. Así que he rememorado mis jornadas en Irlanda. Allí el concepto de las tapas no se lleva. Si quieres algo extra debes pedirlo, y por supuesto, en los pubs normales, salvo para desayunar, no tienen más que patatas fritas de bolsa y chocolatinas. El tema de la comida es casi exclusivo de restaurantes con precios cercanos a lo prohibitivo. Dado que su consumo de alcohol es constante, y yo suelo intentar integrarme bien en el ambiente, más de una vez me veía con la necesidad de picotear algo con tanta cerveza.

Nunca me emborraché, mis jornadas de trabajo eran largas y sentía una gran responsabilidad con mi cometido, así que siempre controlé cuanto bebía para no pasarme y notar las consecuencias al día siguiente, lo que me hizo ganarme el apodo de “spanish little girl” en la familia que me alojaba.

Solía parar en la quinta pinta (mi limite de cerveza negra), lo que era realmente pronto y me dejaba mucho tiempo a lo largo de la noche para ver como los demás iban perdiendo la sobriedad, y a menudo la verticalidad. Echaba mucho de menos el concepto de sentarme tranquilamente en una terraza con unas raciones y unas cañas.

Si hubiera habido un lugar así, con mis costumbres, sin duda hubiera sido usuario asiduo en los domingos libres, y seguramente hubiera coincidido con unos cuantos españoles, deseosos de tener un rinconcito con sus costumbres.

martes, 4 de octubre de 2016

Autolavado

"Escoger el momento es ahorrar tiempo." Francis Bacon

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 40 segs)

Hay en Leganés un barrio formado por extremeños y andaluces, la mayor parte de ellos con raíces en pueblos medianos o grandes, donde el campo no daba para mucho y que vinieron a Madrid a buscarse la vida en los 50, 60 y 70. A estas alturas un buen porcentaje de ellos se han vuelto al pueblo a disfrutar de su jubilación, o se han movido a otros barrios.

Actualmente el barrio está repleto de edificios viejos, casi todos levantados en el boom de hace décadas. Sucesivas obras de mejora han dado un buen lavado de cara a las vías principales y tiene zonas bastante agradables, pero en el callejeo por su urbanismo desordenado se aprecia un cierto deterioro. Por mucho que pretendas cuidar una vivienda vieja, si no te dejas mucho dinero en ello se acaba notando su edad. No es exagerado, pero es palpable. Esto supone que los precios de casas y los alquileres sean más baratos que en el resto de la ciudad. Y que los jubilados deban compartir sus calles con la nueva población que parte con un presupuesto más ajustado, mayormente inmigrantes subsaharianos, latinos o estudiantes de la Universidad, que está en Leganés centro, pero colindando con este barrio.

Tengo que cruzarlo con cierta frecuencia y el otro día decidí callejear un poco. Vi un local repleto de gente, el único negocio con tirón, por encima incluso de los bares de aspecto ochentero (y no porque se lleve, si no porque nunca se han remodelado) con jubilados jugando al dominó: una lavandería de autoservicio. No se si lo ha montado alguien de aquí con mucha visión de futuro o, lo más probable, un inmigrante que ha traído esa costumbre, tan ajena a nosotros, de su propio entorno. Sólo he visto otra en Leganés pegando a la Universidad, intuyo que aprovechando el tirón de los estudiantes, pero con aparente bastante menos afluencia.

Aunque su público no sea la gente de aquí, que casi todos tenemos lavadoras en casa y la costumbre de lavar nuestra ropa dentro de casa, el dueño ha elegido el sitio y momento idóneo para montar tan peculiar negocio.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Post-venta


"Una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre viene a demostrar algo." Thomas Alva Edison

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 min y 15 segs)


El post del martes no es casualidad, viene motivado una experiencia personal reciente.

Fue a determinada tienda de productos de electrónica, una de las grandes cadenas que se publicitan con frecuencia en televisión. Quería comprar una radio-CD para la cocina de mi madre y elegí uno de los modelos que mejores prestaciones de audio tenía, aunque no el tope de gama, era más caro que la media.

Cuando abrimos la caja en casa vimos que la cubierta tenía huellas y pequeños arañazos, sin duda por haber sido usado antes. No soy especialmente exigente con estas cosas y tampoco era algo exagerado, si funcionaba no pensaba devolverlo, aunque sospechaba que daría problemas y por eso alguien lo había devuelto antes. Pues bien, tras un par de semanas de uso, descubrimos que con los CDs de mp3 saltaba, cada pocos minutos tenía un pequeño parón de un segundo. No soy exigente con las apariencias, pero sí con el funcionamiento, así que fui a devolverlo.

A pesar de que ya se había pasado por unos días el plazo de devolución, me atendió una persona muy simpática que no me puso ningún problema, me dieron otro sin preguntarme nada (este evidentemente nuevo) y en menos de un minuto había solventado el problema. Ahora sí funciona y la sensación es positiva.

No sería suficiente para motivar un post, salvo porque en esa misma tienda ya tuve problemas hace unos meses, concretamente la que motivó este parrafo de esa entrada:

"Mi siguiente destino fue una famosa tienda de electrónica, aunque su catálogo de componentes de ordenador  es muy reducido, siempre tienen algunos modelos de cada cosa para salir al paso. Me llevé una de las fuentes con la potencia que quería. Volví a casa y me dispuse a hacer las cosas bien. Voltímetro en mano fui conectando elemento a elemento y midiendo el voltaje de salida, tomando notas de medidas y de mis procesos de instalación (como si montase un avión). Al conectar la placa base, el procesador y la caja se encendió durante unos segundos, todo marcaba las tensiones adecuadas. Se apagó solo antes de iniciar Windows. Y al reencender saltó un chispazo de la fuente. Volví a la segunda tienda y pedí hablar con servicio técnico, que yo creía experimentado por el volumen de ventas, que sólo supo decirme "¿has enganchado el enchufe a la red?", le dije que sí y le enseñé mis notas explicándole mi proceso de montaje, "entonces, ¿seguro que estaba el interruptor encendido?". Pedí que me devolvieran mi dinero y me fui muy enfadado."

Suelo ser bastante bastante coherente a la hora de no usar servicios en negocios que me generan malas experiencias, no me gusta montar espectáculos ni discutir en malos términos, pero me pierden como cliente. Por alguna razón, y tiene que ver con el efecto Peak-end, suelo volver a la tienda protagonista de esta historia. Aunque sus productos no siempre me ofrezcan una buena experiencia, su post-venta es tan rematadamente bueno que suelo olvidar la mala experiencia, o al menos relativizarla. Estoy seguro que con algunas malas experiencia más acabaré por tacharla de mi lista, pero han conseguido aguantar más que muchos otros negocios por el simple hecho de cuidar especialmente el tramo final del intercambio comercial. 

martes, 27 de septiembre de 2016

Efecto "Peak-end"

"El porvenir no me inquieta; lo que es duro a veces es el presente." Julio Verne

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 40 segs)

Hay un experimento de mediados de los 90 en psicología en el que a dos pacientes se les hace una colonoscopia sin anestesia ni analgésicos, y se les pide que cada minuto puntúen su dolor e incomodidad del 1 al 10. El gráfico es el siguiente:

                                                (Fuente: Daniel Kahneman. Pensar rápido, pensar despacio.)

A simple vista, ¿quién parece haber pasado un peor rato? Lo curioso del experimento es que en la encuesta posterior a la prueba, el paciente A resulta ser el que recuerda más dolor e incomodidad. Es una trampa cognitiva llamada Peak-end rule. De hecho es el B el que parece que ha sufrido más según el gráfico, pero como la experiencia del A acaba con un pico de dolor, su recuerdo es más desagradable.

Se ha repetido el experimento durante años con los mismos resultados. Yendo un poco más lejos en otros estudios, se ha escogido a un paciente C, se ha intentado recrear el perfil de dolor del paciente A pero al finalizar la prueba se añadían unos minutos en los que se dejaba dentro el tubo de la prueba sin moverlo, de tal forma que la incomodidad era la menor posible, consiguiendo un último tramo sin dolor.

En el cuestionario posterior el paciente C, que estuvo más tiempo en la prueba que el paciente A y con un perfil de molestias similar, pero con un final menos doloroso (a pesar de haber sufrido igual) está más predispuesto a repetir la colonoscopia en el futuro. Es curioso, pero de cara a mejorar el recuerdo, incluso con el mismo dolor e incomodidad, es mejor alargar la prueba siempre y cuando el final sea más suave, es importante este matiz de controlar los tiempos.

Siempre que cuento este estudio me preguntan sobre las cosas raras que leo. Pero al margen del método del estudio, lo cierto es que creo que debe ser de obligado conocimiento para todos aquellos que tengan una empresa, o que trabajen, ofertando servicios de cara al público. Los finales son esenciales para los usuarios, una buena experiencia puede truncarse si el final no está a la altura