lunes, 8 de septiembre de 2014

(No) rendirse

"El hombre hace menos de lo que debería, a menos que haga todo lo que puede." Thomas Carlyle.

(tiempo de lectura medio estimado:  1 min y 15 segs)

En el gimnasio al que voy deben echarme de menos. Soy incapaz de hacer un entrenamiento normal con altas temperaturas y, con el calor de las últimas semanas, sólo ha estado siendo viable ir o a última hora de la tarde (que de momento coincide con el master y varios cursos) o a primera hora de su mañana, que es distinta de mi primera hora. Para aprovechar el tiempo, y no partir la mañana en dos, he tenido que prescindir del entorno controlado, amigos animosos y de un monitor implacable controlando mis ejercicios. A cambio estoy educándome en el hábito de levantarme a las 6.30, enfundarme las deportivas y salir a trotar un rato.

A pesar de que uno piensa que a esas horas va a tener que ir poniendo las calles, hay cierto movimiento. Dado que vivo cerca de la estación de Cercanías veo a mucha gente que va o viene de trabajar pero, según me acerco al parque, los trajes y la ropa formal se van transformando en ropa deportiva. Es sorprendente la cantidad de gente a la que el amanecer le coge haciendo ejercicio.

En este parque hay una zona con una fuente y varias estructuras para hacer abdominales y dominadas, un sitio resguardado entre árboles donde más de uno hacemos parada para tomar un respiro. Después de semanas viendo casi las mismas caras, surgen charlas. Hay un chico de mi edad que siempre va con su perro, un enérgico Braco Alemán de pelo corto, y que me ha comentado más de una vez que lleva tres años en paro y que se ha dado por vencido a la hora de buscar trabajo. Mientras lo dice su perro para de jugar y saltar y se tumba, como si entendiera. A mi me pasa al contrario que al simpático can, cuando empiezo a trotar de nuevo, mi cuerpo me pide correr a más velocidad y trabajar más duro al llegar a casa.

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