(tiempo de lectura medio estimado: 3 minutos)
No
soy economista de pro, pero en la ingeniera opté por un par de
asignaturas optativas de economía, y luego expandí mis
conocimientos en el master. A parte de la sana curiosidad y el tiempo
libre para intercalar páginas de ingenieria con páginas de
economía, ya que no puedo entender un proyecto perfecto si no tiene
un coste asumible. Así que, ¿qué es un QE? Quantitative Easing,
que en castellano es algo así como Expansión Cuantitativa, esto
significa que el Banco Central Europeo (que es quien maneja la
política monetaria) decide imprimir más billetes de euro.
Si
hay problemas de dinero, ¡imprimamos más! EEUU, entre otros países,
recurre a este tipo de herramienta cuando su economía está tocada.
No hay dinero para pagar sueldos de funcionarios, pues imprimamos ese
dinero. Hasta hace unas décadas se seguía el patrón oro, no podías
inventarte el dinero, tenías solo los billetes que pudieras
respaldar con tus reservas de oro, pero decidieron que estaba
obsoleto a raíz de la Primera Guerra Mundial, donde hizo falta mucho
dinero en Europa para afrontar los costes de una guerra tan a gran
escala. Y curiosamente surge también desde Europa la reticencia a
inundar con nuevo dinero los mercados, hasta ahora el BCE se había
negado a hacer algo similar.
Pero,
¿Qué problema hay con imprimir dinero? ¿A cuantos de nosotros no
nos gustaría tener una impresora de billetes en casa? Pues que al
final tiene que haber algún tipo de equilibrio. Si Europa “vale”
13 billones anuales de euros (transacciones internas, producción,
servicios...), en dolares serían 15 billones y en libras esterlinas
10 billones (valores muy a grosso modo). Si imprime un billón más
(que es más o menos el volumen anunciado recientemente), su valor
son 14 billones de euros, pero de cara hacia fuera seguirán siendo
15 billones de dolares y 10 de libras esterlinas. El valor real no se
modifica, sólo se modifican los “números” que lo definen. No
imprimes dinero, sólo billetes. Y su efecto es que el euro es más
barato, se deprecia frente al resto de monedas.
Hace
5 o 6 años, la libra vivió una crisis importante que casi la llevó
a la paridad con el euro. Para los que tenemos el hobby de la consola
y solemos ver unos precios de 70 euros en los videojuegos, al mirar
al otro lado del canal de la mancha veíamos precios de 35 libras, no
más de 40 euros al cambio. Aumentó tanto el flujo de juegos del
Reino Unido a la zona euro, que varias distribuidoras se plantearon
prohibir a los miembros de la zona euro comprar por Internet en Reino
Unido. ¿Qué hay de malo, entonces, en una moneda “débil” si
aumenta el flujo comercial?
Los
productos en el exterior son más atractivos por su abaratamiento
gracias a un tipo de cambio más favorable, beneficia a las
exportaciones. Pero en el tema de las importaciones es justo lo
contrario, debido al tipo de cambio sale más caro comprar más allá
de las fronteras de la moneda en cuestión. Al final todo depende de
la balanza comercial (que enfrenta las importaciones con las
exportaciones) y en la moneda en la que se hagan las transacciones.
Algunos
números:
España
tiene dos potentes consumidores netos dentro de la zona euro, Francia
y Portugal, y en menor medida Italia, que arrojan en conjunto un
saldo positivo (les vendemos más de lo que nos compran) de 17.000
millones de euros. Sin embargo, somos netamente importadores para
países como Irlanda, Bélgica, Holanda o Alemania, que en conjunto
nos venden casi 17.000 millones más de lo que nos compran. Nuestra
balanza comercial dentro de las fronteras del euro está
relativamente equilibrada (todo con cifras muy redondeadas). Aún
así, al comprar y vender en la misma moneda, la política monetaria
influye menos.
¿Y
qué pasa fuera de estos países con el euro como moneda? Pues
buscamos de nuevo en los datos oficiales para qué países somos netamente
exportadores y para qué países somos netamente importadores. Por
encima de los 1.000 millones de euros, Reino Unido, Marruecos,
Australia y Turquía son nuestros principales clientes con un saldo
positivo en conjunto de más de 11.000 millones de euros. Cifra muy
desigual respecto a nuestros principales proveedores netos, Rusia,
China, Argelia y Nigeria, todas con un saldo a su favor mayor a los
5.000 millones de euros y que suman 26.000 millones de euros.
Con
todos los datos en la mano, empleamos más 17.000 millones de euros
en comprar productos y materias primas de lo que obtenemos con la
venta de bienes y servicios al extranjero. Y eso, en un año récord en
exportaciones. Por tanto, un euro “barato” supone que vamos a
tener que dar más euros por los mismos productos, y al ser netamente
importadores, aumentará la brecha comercial. Si el señor Paco Pérez, distribuidor de material de oficina, tiene que pagar más
euros por el papel que viene de China, trasladará esa subida al
precio final. Nosotros, consumidores finales tendremos que pagar más
por un paquete de folios.
Es difícil prever si esta nueva política del Banco Central Europeo
tendrá repercusiones negativas, positivas o si sólo va a quedarse
en la industria financiera y no tendrá impacto en la economía real.
Existe un debate intenso entre varias corrientes de economistas al
respecto, y existen otros factores no mensurables en juego, como la reciente
victoria de Syriza en Grecia. Sin duda, habrá que ver como se
comportan los mercados en los próximos meses.