"Al poseedor de las riquezas no le hace dichoso el tenerlas, sino el
gastarlas, y no el gastarlas como quiera, sino el saberlas gastar."
Miguel de Cervantes
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 10 segs)
En un
intento de no hacer sentir mal a un familiar fuera del circulo
habitual que sorpresivamente se apuntó a nuestra costumbre de
intercambiar regalos el día de reyes, ayer (5 de enero) me acerqué
a Parque Sur, un centro comercial en Leganés que no tiene nada que
envidiar (por densidad de gente) a la calle preciados de Madrid, para
comprar algún detallito.
Dado
que los excesos de estas fiestas son suficientes para no poder
contarlos con los dedos de las manos, me bajé andando los 4 km que
hay desde mi casa. Acierto. La fila de coches colapsaba buena parte
de la avenida que conecta con el centro de la ciudad y que atraviesa
uno de sus barrios más extensos. Ni primera hora ni nada. Llegué
minutos antes de la apertura de las tiendas, pensando que poca gente
madruga tanto para comprar los últimos regalos. Error. La gente ya
se agolpaba, al más puro estilo Walking Dead, contra la malla
metálica que indica que la tienda no ha abierto todavía.
Aunque
he adquirido la mayor parte de los regalos por Internet, he bajado un
par de veces a lo largo de estos días para comprar cosas sueltas.
Y no se si los datos macroeconómicos se ajustan o no a la realidad
social, por lo pronto yo sí percibo cierto movimiento extra en
ofertas de trabajo aunque nada para lanzar las campanas al vuelo,
pero lo cierto es que todos y cada uno de los días que me he metido
en un centro comercial o supermercado (tanto en Parque Sur, como en
el Mercadona cercano a mi casa) han sido un hervidero de gente
comprando.
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