"Fácil se nos hace la cura, por grave que sea, si se siente provecho en ella". Séneca
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min)
El otro día estuve hablando con un antiguo compañero que lleva casi dos semanas de baja por una gripe pertinaz. Tengo un par de familiares también en cama. Y suman media docena más de conocidos con la misma situación. El otro día una epidemióloga me dijo que la semana pasada fue el punto álgido de la gripe estacional, y que en teoría debería empezar a remitir en breve.
Hablando del tema me vino a la memoria mi segundo año en Irlanda. Tres días consecutivos llegando a casa empapado y el estar trabajando rodeado de gente hizo que cayese enfermo (el frío y el agua no dan gripe, pero facilita que otros te contagien). Mi compañera española también cogió algo y estuvo 3 días en cama, y yo no me fiaba del todo de mis dos compañeros irlandeses (que la mitad del tiempo llegaban con resaca) para vigilar a 60 adolescentes. Así que me las apañé para trabajar 4 jornadas de 12 horas con casi 39 de fiebre y con el cuerpo dolorido, hasta que pude tomarme un día de descanso y mi compañera, ya recuperada, me tomó el relevo.
La familia irlandesa, preocupada, me daba todas las noches un vaso de whisky caliente con dos cucharadas de miel y el zumo de un limón que me hacían dormir profundamente, y yo me tomaba las cápsulas de panadol (una versión del paracetamol) de dos en dos. Fue una paliza tremenda, pero volvería a hacerlo sin duda. Fue gratificante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.