"Cada
estudiante que se inicia en una búsqueda científica, sobre todo si
es en un período un tanto avanzado de la vida, encontrará no sólo
que tiene mucho que aprender, sino también mucho que desaprender".
John Herschel.
(lectura media estimada: 1 min y 20 segs)
Después de años de estudio de inglés en el colegio, en los que aprendí gramática, pensaba que sabía suficiente inglés, el apoyo de una academia y mi 9 en selectividad daban fe de ello... hasta que mi primer día en Irlanda como monitor me perdí y no fui capaz de preguntar. En la mente tenía las frases y las palabras, pero al no haberlo escuchado nunca, no tenía ni la más remota idea de como ponerlo en práctica. Solté unos balbuceos que poco a poco se convirtieron en palabras, que el pobre irlandés que tenía enfrente no pudo casi comprender. Finalmente conseguí hacerme entender mediante palabras sueltas y gestos. Algo ridículo en alguien que ha estudiado un idioma durante 8 años.
A final de ese mes ya tenía soltura suficiente como para hablar con la policía sobre un problema que tuvimos con un grupo de irlandeses con algunas copas de más. No era una conversación del todo fluida, pero ya construía frases y con un poco de esfuerzo (y algunas repeticiones) entendía lo que me contaban. Año a año fue mejorando y ahora puedo ver series o películas en versión original sin (casi) problemas.
Según varios estudios, el cerebro humano tiende a llenar huecos. Es probable que muchas veces nos hablen en nuestro propio idioma y realmente no entendamos palabra por palabra, pero lo comprendemos perfectamente porque tenemos interiorizada la cadencia del lenguaje (memoria fonética) y hagamos, automáticamente, la separación de una frase larga sin pausas y con golpes de voz ininteligibles en palabras conocidas que podemos asimilar. Así que, para estudiar alemán, estoy estudiando gramática, escribiendo emails y a la vez escuchando la radio aunque sólo entiendo una mínima parte de lo que dicen, o aunque no le preste atención en absoluto. Para aprender un idioma hay que entrenar la memoria fonética, y lo mejor de todo es que nuestro cerebro puede hacerlo en segundo plano.
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