lunes, 25 de mayo de 2015

Cerveza casera (II)

“No se puede vivir en un país de verdad a menos que se tenga cerveza y una aerolínea. Ayuda si hay un equipo de fútbol o armas nucleares, pero lo mínimo que se necesita es cerveza” Frank Zappa

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 35 segs)


Hoy algo ligerito de leer. Si hace unas semanas comentaba que habíamos empezado a hacer nuestra propia cerveza, para llenar ciertos vacíos de marca en el grupo de amigos, hoy vengo a hablar del resultado de este proyecto.

Para empezar escogimos un tipo de sistema que viene semipreparado con el lúpulo ya tratado y listo para el proceso de fermentación. Es verdad que es poco purista, y que mucha de la ciencia de los matices se dan en ese proceso de cocción del lúpulo que nos hemos saltado, pero facilita enormemente las cosas para unos primerizos como nosotros... y sobretodo facilita encontrar los posibles errores en la cadena del proceso para depurarlos y aprender para proyectos futuros. Metódico como soy, ya tengo una libreta donde he ido apuntando todos los detalles.

El primer dilema ha surgido con las temperaturas durante la segunda fermentación (ya en botella). El proceso pide que esté dos días a una temperatura ambiente cálida, y luego una semana en un ambiente más fresco. Alguien muy cercano hace pan y ya me advirtió de lo sensible que es la levadura a la temperatura. Pero no es cómodo andar moviendo varias decenas de botellas de un lado a otro (y menos para el anfitrión de la casa donde lo hacemos). Así que propuse hacer varias versiones a la vez tomando los tres escenarios, uno a temperatura cálida desde el principio, otra a temperatura fresca desde el principio, y un tercero de control siguiendo las instrucciones.

El segundo tema vino por los lamentables tapones de goma que vienen con los minibarriles. Los dos han saltado por los aires por la presión. Imaginaba que al vender un producto tan especifico ya estaría testado y con pocos riesgos, pero por lo visto es algo común y hemos perdido varios litros de producción (que no sabía mal, una mezcla entre cerveza y sidra, pero que a ninguno nos convenció y acabamos por tirar). Ya he localizado tapones de goma con válvulas de presión para evitar nuevas pérdidas.

Todo proyecto que se inicia, sobretodo a ciegas, tiene sus contratiempos. Hemos salvado una treintena de tercios con un sabor decente y, lo más importante, añadido experiencia a la mochila. En este caso, el costo del know how es asumible y abre toda una puerta de procesos. Impacientes por empezar la segunda hornada.

lunes, 18 de mayo de 2015

Ingenieros

“El verdadero progreso es el que pone la tecnología al alcance de todos.” Henry Ford

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 10 segs)


Supe que quería ser ingeniero con 12 o 13 años, aunque al llegar a los 18 llegase a dudar, por dentro tenía la certeza. Jugaba con el no tan popular juego de construcción KNEX, basado en palitos de plástico de distintas longitudes y uniones de muchos tipos. Mientras otros niños pedían balones de fútbol o videojuegos, yo me ilusioné mucho las Navidades en las que mis padres me regalaron un maletín amarillo repleto de piezas.

Dentro había instrucciones para varias estructuras que fui haciendo y deshaciendo una a una, hasta que llegué a un molino. Desde mi óptica infantil comprobé que para que el eje central pudiera girar libremente (y con ello las palas exteriores) el diseño se complicaba. Pero seguí las instrucciones al pie de la letra y tras unas cuantas horas tenía un molino de piezas de plástico resistente que giraba al dar impulso a las palas. Aún así, le faltaba algo. ¿Tanto esfuerzo en hacer que pueda girar y sólo gira si les damos nosotros? Busqué un motorcito pequeño que tenía mi hermano en algún cajón, restos de algún pequeño electrodoméstico, hice un par de ajustes a la estructuras y lo acoplé, incluyendo una goma desde el motor al eje del molino para transmitir la rotación. Otro par de ajustes para poder dejar una pila de petaca dentro del molino y disimular los cables que me dio mi padre. Finalmente conseguí un molino que giraba sus aspas él solito cuando conectaba la pila.

Ahora mismo me decanto más por la gestión de un proyecto que por su ejecución más “manual”/técnica. No dudo en desmontar, por ejemplo, un aparatejo electrónico siempre que tengo oportunidad, pero disfruto más buscando las piezas por Internet, comparando catálogos, estudiando manuales y comprobando mis herramientas para solucionar el problema que me haya llevado a abrirlo. No entiendo la ingeniería sin organización, sólo cuidando los recursos se puede hacer que llegue a más gente.

lunes, 11 de mayo de 2015

Tesla

“La energía y la persistencia conquistan todas las cosas”. Benjamín Franklin 

(Tiempo de lectura medio estimado: 3 min)


A finales de abril saltó una noticia sobre la compañía Tesla y su nuevo producto, unas baterías del tamaño de una nevera que, poco más o menos, prometía la independencia energética del hogar si se combinaban con energías renovables. Su nombre comercial: Powerball. Una breve búsqueda en google demuestra el impacto que este nuevo producto está generando en medios generalistas (habitualmente más ajenos a noticias técnicas). Incluso las acciones de Tesla reflejaron un incremento del 15,27%.

A pesar de sus muchos detractores, las energías renovables están avanzando a buen ritmo teniendo en cuenta que en el sector eléctrico los cambios son tremendamente lentos, cualquier instalación está diseñada para una vida útil larga capaz de amortizar el alto coste de sus componentes. Este tipo de energías tienen una ventaja tremenda que es su coste nulo en combustible, y aunque actualmente su coste de operación las hacen más caras que las energías fósiles, la progresión de rentabilidad es innegable y empieza a revertirse la situación (en EEUU ya hay parques eólicos netamente rentables y los sistemas fotovoltaicos cubren su coste en la mitad de su vida útil, dejando beneficios a partir de ese momento). Su mayor problema es que no siempre están disponibles y la energía a una escala media/alta es muy difícil de almacenar (existen ingeniosos, pero poco eficientes, sistemas), por tanto la irrupción en el mercado de este sistema prometía una revolución en el consumo de energía.

He echado unos números a grosso modo para ver si renta comprar una batería Tesla para almacenar electricidad en los momentos en los que la producción es más barata (generalmente de noche, cuando hay menos consumo) para luego apoyar el consumo en los momentos en los que es más caro consumir. Este tipo de tarifa, disponible para aquellos usuarios que tienen contratados menos de 10 kW, se llama “tarifa de discriminación horaria” y, aunque la diferencia de precio entre las diferentes horas es apreciable, el coste de la batería y la instalación de los equipos necesarios para usarla (inversores, por ejemplo) se come prácticamente los beneficios de la idea.

Podemos pensar en crear un sistema completamente aislado (algo que no queda del todo claro que sea legal en España, menos con la nueva ley que está sobre la mesa, pero pongamos que lo conseguimos y este debate lo dejamos para otro post). La capacidad total de la nueva batería es de 10 kwh (existe otra versión de 7 kwh, pero me centro en la más grande). El consumo de un español medio está en torno a 5 kwh al día. Por tanto, la nueva batería podría suministrar potencia para dos días seguidos sin necesidad de aportar electricidad desde el exterior. No está mal, pero dependemos mucho de la electricidad, y no es impensable que haya 2 días seguidos de lluvia, sobretodo en invierno y más en la zona norte de España (y eso contando con una batería por persona). Dado que pensamos en sistemas estacionarios, ¿por que no usar sistemas de baterías que ya llevan años a la venta? Pesan un poco más y son menos vistosas, sí, pero si no vamos a moverlo, nos saldrá mucho más barato y si tenemos espacio podemos instalar bastante más capacidad por el mismo precio.

¿Y si usamos un sistema mixto? Es decir, generamos nuestra propia energía, que podremos almacenar en la batería Tesla, pero si viene una mala racha solar o eólica, pues demandamos potencia de la red. Por el mero hecho de estar conectado a la red y de producir tu propia energía, ya pagas un peaje por si decides consumir energía no producida por ti, o por si decides verter tus excedentes a la red. El peaje, más la instalación de la batería, vuelve a poner sobre la mesa que no sale tan rentable.

Desconozco la normativa en otros países (estoy buscando la de EEUU por mera curiosidad) pero en España parece que este invento no va a poder calar en el mercado. Y más teniendo en cuenta los bandazos de los sucesivos gobiernos en la legislación sobre auto-generación. Eso sí, parece que su respuesta técnica es bastante buena gracias a su diseño basado en microrredes (esto si se nuevo en el mercado), y hay muchas perturbaciones eléctricas que acarrean un alto coste a industrias y empresas (mis “queridos” huecos de tensión), por tanto parece que esta batería es simplemente un SAI de gama alta. No es una revolución en el concepto del consumo del gran público, pero al menos sí útil para pequeñas industrias y empresas medianas.

lunes, 4 de mayo de 2015

Tapas

"Pensamos en generalidades, pero vivimos en detalles." Alfred North Whitehead

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 55 segs)


Este fin de semana he estado de viaje, y el sábado por la noche salimos a tomar algo. Gracias a la Feria de los Sabores que atraía a un gran número de personas a una de las plazas centrales de la ciudad, los bares y restaurantes estaban medio vacíos, lejos de las aglomeraciones típicas y dando opción a elegir donde cenar tranquilamente.

En el segundo bar la terraza estaba medio llena pero el local estaba vacío y nos quedamos dentro para tener más tranquilidad. Pedimos la bebida y cogimos la hoja con las raciones para ir viendo que elegir. Justo después de que nos trajeran las dos cañas una de las camareras trajo dos platos, en cada uno de ellos había dos miniperritos y dos empanadillas. Nosotros eramos dos, y nos quedamos un poco sorprendidos al principio ante tanta cantidad, pero asumimos que tenían mucho menos volumen de negocio de lo normal debido al evento gastronómico en el centro y querían dar salida a lo que ya tenían preparado. Idea que me pareció lógica pues estaba claro que el aperitivo no estaba recién hecho y siempre es mejor tener un detalle con el cliente que tirar existencias al final de la jornada. Si has cometido un fallo de cálculo que no se puede subsanar, transfórmalo en marketing y trata de amortizar los posibles costes del error.

Estábamos enfrascados en una amena conversación, con las cañas a medias y dispuestos a pedir algo de cena con la siguiente bebida cuando vino otra de las camareras, se plantó con los brazos en jarra y nos espetó: “¿No habéis notado nada raro?”. Lo primero que se me ocurrió es que le habían echado algún ingrediente nuevo a las empanadillas y estaba buscando opiniones del cliente. Ambos dijimos que no. “Tenéis dos aperitivos y sólo os corresponde uno”. Mientras lo decía miraba los platos, ahora medio vacíos, que nos había traído su compañera. Nos quedamos completamente atónitos, y mi acompañante acertó a decir “bueno, nos los han traído a la vez”. A lo que la camarera respondió hoscamente: “ya da igual, os lo podéis comer”.

No se si su intención era recuperar lo aprovechable para montar un aperitivo nuevo y restablecer algún absurdo equilibrio, escenificar algún numerito de cara a abroncar a su compañera o si pretendía recriminarnos que no hubiéramos devuelto uno de los platos (algo ridículo porque ni soy un habitual para saber que es lo normal, ni es mi trabajo mirar que le ponen a otros para decir a un camarero qué tiene que hacer). Pero lo cierto es que sólo consiguió incomodarnos, que pagásemos las dos cañas e irnos al poco sin consumir nada más. Finalmente cenamos algo en un tercer bar.

Por cosas así un negocio perfectamente viable puede ir cuesta abajo.