lunes, 24 de agosto de 2015

Pony Express

Necesidad urgente. Todos los jovenes, delgados, fibrosos, con no más de 18 años, apuntaos por favor. Se da prioridad a orfanatos. Deben ser expertos jinetes y no tener miedo a enfrentarse a la muerte a diario por sueldos de 25$ semanales”. Oferta de trabajo de Pony Express en 1860.

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 30 segs)


A mediados del siglo XIX, EEUU tenía ya importantes asentamientos en el sur (en la frontera con México) y en la zona este (una convulsa New York) y se veía la zona oeste como una oportunidad de expansión, apenas conocida, llena de inmensas zonas con recursos sin explotar, preparada para hacer rico al primero que llegase. El problema es que había que cruzar zonas muy hostiles, plagadas de nativos, forajidos y los peligros propios de zonas casi sin explorar. Y ya no era sólo cruzar y fundar una población, si no conseguir apoyo logístico desde las poblaciones más asentadas al otro lado de los peligros recién pasados. Los decididos colonos se aventuraban tan lejos por prosperidad y a alguien tenían que venderles las materias primas que no usaban ellos mismos para establecerse.

Había dos formas de intercambiar mensajes y recursos, una era bastante incierta, mediante carruajes bien escoltados, la más segura era por barco, rodeando América del Sur por la Tierra del Fuego o con barcos más pequeños y menos rentables por el itsmo de Panamá. Una travesía que, incluso sin complicaciones, tardaba varios meses. Dificultaba el flujo de información que, como pasa actualmente, era de vital importancia que fuese lo más fluido posible.

Para cubrir esta necesidad surgieron varias compañías, aunque la más famosa es Pony Express. Establecieron puestos, algunos de ellos verdaderas fortificaciones, cada 16 km, la distancia que un caballo podía correr al galope sin aminorar la marcha. En cada puesto se cambiaba de caballo, el jinete cambiaba la mochila a uno fresco y salía a galope de nuevo en menos de dos minutos. Las sacas llevaban 75 kilos de correspondencia, por eso la necesidad de jinetes menudos. Gracias a esta nueva compañía se consiguió conectar la recién fundada sacramento en apenas 10 días.

Aunque su empresa tuvo técnicamente éxito, el proyecto no tuvo tanta rentabilidad como esperaban debido a que no consiguieron un contrato con el gobierno. Tan sólo un par de años más tarde el telégrafo acabaría por finiquitar el negocio.

lunes, 17 de agosto de 2015

Puntualidad

"Procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera." Nicolas Boileau-Despréaux.

 (tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 30 segs)



Este fin de semana he vuelto a viajar, mitad placer y mitad huir de las fiestas de Leganés. Como contrapunto he visitado el Parque Arqueológico de Segóbriga, en Cuenca, antiguo asentamiento romano con un circo y un anfiteatro muy bien conservados, y con un trabajo en activo por seguir descubriendo estructuras romanas del asentamiento. Me vine con la experiencia de sentir un ligero escalofrío al asomarme al habitáculo donde se supone guardaban a las bestias.

El tema es otro. Suelo ser cuidadoso, casi puntilloso, con los horarios, y el viernes estaba en Atocha 15 minutos antes de que saliese mi tren (antes solía estar bastante antes, pero contando que hay tren directo desde la estación a un par de minutos de mi casa, fui puliendo los tiempos de espera). En cuanto anunciaron el anden del tren ya estaba preparado, y poco después estaba en mi asiento leyendo.

Con el tren ya en movimiento apareció una mujer joven con su hija. Se sentó y empezó a hablar por el móvil contándole a alguien que por hablar con el móvil se había confundido de anden y casi pierde el tren. La cobertura en el trayecto hasta Alcázar de San Juan no está siempre disponible, y con evidentes comentarios de fastidio dejó de hablar por el teléfono, había perdido la conexión.

Yo era el pasajero más cercano, y llamó mi atención (que en parte ya tenía por su conversación constante en voz bastante alta y mi aburrimiento) y me preguntó, con la cara desencajada que si ya nos habíamos pasado determinada estación. Que no se había dado cuenta, quejándose de que no había ningún aviso. Casualmente su destino era el mismo que el mio y no se había pasado, pero le comenté que estuviese atenta a megafonía, o a mi mismo, para bajarse. Cuando me tocó bajar ya estaba hablando por el móvil, entre risas y comentarios cariñosos, y tuve que interrumpirla para avisarla de la llegada a destino.

Bajé del tren contento por mi sentido de la puntualidad que no llega a manía pero por poco, pero que me suele hacer prestar atención a los detalles (algunos tan sutiles como una voz potente por megafonía), muy útil para no llegar tarde. Y para no pasarme de parada.

martes, 11 de agosto de 2015

Viajes

"An neach nach cìnn na chadal, Cha chìnn e na dhuisg". ("Aquel que no prospera en sus sueños, no prosperará despierto"). Proverbio irlandés



 (tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 10 segs)

Esta semana voy con retraso. Este post debía haberse publicado ayer, pero he estado fuera unos días. Es cierto que esta vez no ha sido nada épico, no algo que contar en una guía de viajes, pero lo cierto es que me ha traído a la memoria una anécdota de mis vivencias en Irlanda.

Recuerdo que cruzábamos Irlanda en tren, de Dublín a Galway. El único año que no tuvimos problemas con el servicio ferroviario irlandés que siempre nos prometía haber añadido un vagón para nosotros y que siempre se olvidaba de ello y los alumnos del curso debían buscar asientos separados. Pocas veces pude ir yo mismo sentado (obviamente, todo asiento que encontraba yo era para acomodar a los alumnos). En todo caso, ese año el tren iba más vacio y pude sentarme en uno de esos asientos que comparten mesa.

Saqué mis apuntes de centrales eléctricas, en concreto de sistemas de refrigeración en centrales nucleares, y el tipo de delante, un hombre ajado de piel castigada, movió su cabeza para fijar la mirada en mis apuntes. En un español con fuerte acento irlandés me dijo que él era ingeniero de la vieja escuela y me comentó algunas cosas que yo tenía en mis apuntes, pero dentro del montón de hojas, imposible de ver, y sobre temas que estaban lejos del ser conocidos por el gran público.

Captó mi atención. Compartió parte de su vida conmigo y me habló de su mujer, española, y de sus decisiones. Me animaba a decidir, a no tener miedo a pesar de los sacrificios. Ha pasado el tiempo, y todavía recuerdo vivamente la conversación.

lunes, 3 de agosto de 2015

Estrategia

Las estrategias se modificaban a medida que cambiaban las condiciones.” Robert Ludlum

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 35 segs)


Esta semana estoy de “Quedada”, nos juntamos un puñado de amigos y cargamos ordenadores o consolas hasta el espacio habilitado en casa de uno de ellos para montar nuestra pequeña red local de videojuegos. Hace años que nuestras reuniones de varios días para jugar están ligeramente adulteradas. El tiempo no pasa en balde y, aunque es un hobby que considero no tiene edad, lo cierto es que las tendencias personales cambian, evolucionan.

Por la mañana dedicamos un buen rato a hacer deporte al aire libre. A la hora de comer, dedicamos bastante tiempo a cocinar y charlar tranquilamente. Y por la tarde/noche nos sentamos bajo el cielo estrellado a hablar, cerveza en mano, a ponernos un poco al día de nuestras vidas ajetreadas. Al final casi todo queda en estar juntos y desconectar 3 o 4 días.

Pero una de las tardes decidimos jugar a un juego de estrategia económica/bélica, en dos equipos enfrentados y nos pusimos un límite de 3 horas de paz antes de empezar a combatir. Las bases son sencillas: recoger recursos y entrenar soldados para combatir, se presupone que el único límite son los recursos disponibles en el mapa, sin problema de falta de población. Aunque parezca que 3 horas dan para mucho, se empieza desde cero y hay que desarrollar muchas lineas de acción. Mis primeros pasos son mecánicos, destaco unas cuantas patrullas para aclarar el mapa en torno a mi poblado para que no me sorprenda nada de lo que venga, y creo aldeanos sin parar que recolecten recursos.

Procuro que todos los productores tengan caminos cortos y centros de distribución cercanos. Son 3 horas sin parar, pendiente, cuidando con mimo todos los detalles. En esta partida en cuestión aproveché un rio para usarlo de defensa natural, y mi compañero tomó los dos pasos disponibles para ser nosotros quienes controlásemos el rio y decidiésemos los tempos de juego. A las 3 horas, dimos el visto bueno y empezamos el combate. Incluso siendo el equipo con menos jugadores ganamos porque pudimos mantener el flujo de tropas, mientras que a nuestros contrincantes se les acababa los recursos yo seguía produciendo recursos para mi compañero y para mi. Finalmente, en las estadísticas finales, que estudiamos con intención de lanzarnos pullitas amistosas, recolecté el doble que todo el equipo contrario junto. El secreto está en cuidar los pequeños detalles y no descansar hasta que el trabajo esté hecho.