“Necesidad
urgente. Todos los jovenes, delgados, fibrosos, con no más de 18
años, apuntaos por favor. Se da prioridad a orfanatos. Deben ser
expertos jinetes y no tener miedo a enfrentarse a la muerte a diario
por sueldos de 25$ semanales”. Oferta de trabajo de Pony
Express en 1860.
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A mediados del siglo XIX, EEUU tenía ya importantes asentamientos en el sur (en la frontera con México) y en la zona este (una convulsa New York) y se veía la zona oeste como una oportunidad de expansión, apenas conocida, llena de inmensas zonas con recursos sin explotar, preparada para hacer rico al primero que llegase. El problema es que había que cruzar zonas muy hostiles, plagadas de nativos, forajidos y los peligros propios de zonas casi sin explorar. Y ya no era sólo cruzar y fundar una población, si no conseguir apoyo logístico desde las poblaciones más asentadas al otro lado de los peligros recién pasados. Los decididos colonos se aventuraban tan lejos por prosperidad y a alguien tenían que venderles las materias primas que no usaban ellos mismos para establecerse.
Había dos formas de intercambiar mensajes y recursos, una era bastante incierta, mediante carruajes bien escoltados, la más segura era por barco, rodeando América del Sur por la Tierra del Fuego o con barcos más pequeños y menos rentables por el itsmo de Panamá. Una travesía que, incluso sin complicaciones, tardaba varios meses. Dificultaba el flujo de información que, como pasa actualmente, era de vital importancia que fuese lo más fluido posible.
Para cubrir esta necesidad surgieron varias compañías, aunque la más famosa es Pony Express. Establecieron puestos, algunos de ellos verdaderas fortificaciones, cada 16 km, la distancia que un caballo podía correr al galope sin aminorar la marcha. En cada puesto se cambiaba de caballo, el jinete cambiaba la mochila a uno fresco y salía a galope de nuevo en menos de dos minutos. Las sacas llevaban 75 kilos de correspondencia, por eso la necesidad de jinetes menudos. Gracias a esta nueva compañía se consiguió conectar la recién fundada sacramento en apenas 10 días.
Aunque su empresa tuvo técnicamente éxito, el proyecto no tuvo tanta rentabilidad como esperaban debido a que no consiguieron un contrato con el gobierno. Tan sólo un par de años más tarde el telégrafo acabaría por finiquitar el negocio.