lunes, 3 de agosto de 2015

Estrategia

Las estrategias se modificaban a medida que cambiaban las condiciones.” Robert Ludlum

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 35 segs)


Esta semana estoy de “Quedada”, nos juntamos un puñado de amigos y cargamos ordenadores o consolas hasta el espacio habilitado en casa de uno de ellos para montar nuestra pequeña red local de videojuegos. Hace años que nuestras reuniones de varios días para jugar están ligeramente adulteradas. El tiempo no pasa en balde y, aunque es un hobby que considero no tiene edad, lo cierto es que las tendencias personales cambian, evolucionan.

Por la mañana dedicamos un buen rato a hacer deporte al aire libre. A la hora de comer, dedicamos bastante tiempo a cocinar y charlar tranquilamente. Y por la tarde/noche nos sentamos bajo el cielo estrellado a hablar, cerveza en mano, a ponernos un poco al día de nuestras vidas ajetreadas. Al final casi todo queda en estar juntos y desconectar 3 o 4 días.

Pero una de las tardes decidimos jugar a un juego de estrategia económica/bélica, en dos equipos enfrentados y nos pusimos un límite de 3 horas de paz antes de empezar a combatir. Las bases son sencillas: recoger recursos y entrenar soldados para combatir, se presupone que el único límite son los recursos disponibles en el mapa, sin problema de falta de población. Aunque parezca que 3 horas dan para mucho, se empieza desde cero y hay que desarrollar muchas lineas de acción. Mis primeros pasos son mecánicos, destaco unas cuantas patrullas para aclarar el mapa en torno a mi poblado para que no me sorprenda nada de lo que venga, y creo aldeanos sin parar que recolecten recursos.

Procuro que todos los productores tengan caminos cortos y centros de distribución cercanos. Son 3 horas sin parar, pendiente, cuidando con mimo todos los detalles. En esta partida en cuestión aproveché un rio para usarlo de defensa natural, y mi compañero tomó los dos pasos disponibles para ser nosotros quienes controlásemos el rio y decidiésemos los tempos de juego. A las 3 horas, dimos el visto bueno y empezamos el combate. Incluso siendo el equipo con menos jugadores ganamos porque pudimos mantener el flujo de tropas, mientras que a nuestros contrincantes se les acababa los recursos yo seguía produciendo recursos para mi compañero y para mi. Finalmente, en las estadísticas finales, que estudiamos con intención de lanzarnos pullitas amistosas, recolecté el doble que todo el equipo contrario junto. El secreto está en cuidar los pequeños detalles y no descansar hasta que el trabajo esté hecho.

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