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Esta semana estoy de “Quedada”, nos
juntamos un puñado de amigos y cargamos ordenadores o consolas hasta
el espacio habilitado en casa de uno de ellos para montar nuestra
pequeña red local de videojuegos. Hace años que nuestras reuniones
de varios días para jugar están ligeramente adulteradas. El tiempo
no pasa en balde y, aunque es un hobby que considero no tiene edad,
lo cierto es que las tendencias personales cambian, evolucionan.
Por la mañana dedicamos un buen rato a
hacer deporte al aire libre. A la hora de comer, dedicamos bastante
tiempo a cocinar y charlar tranquilamente. Y por la tarde/noche nos
sentamos bajo el cielo estrellado a hablar, cerveza en mano, a
ponernos un poco al día de nuestras vidas ajetreadas. Al final casi
todo queda en estar juntos y desconectar 3 o 4 días.
Pero una de las tardes decidimos jugar
a un juego de estrategia económica/bélica, en dos equipos
enfrentados y nos pusimos un límite de 3 horas de paz antes de
empezar a combatir. Las bases son sencillas: recoger recursos y
entrenar soldados para combatir, se presupone que el único límite
son los recursos disponibles en el mapa, sin problema de falta de
población. Aunque parezca que 3 horas dan para mucho, se empieza
desde cero y hay que desarrollar muchas lineas de acción. Mis
primeros pasos son mecánicos, destaco unas cuantas patrullas para
aclarar el mapa en torno a mi poblado para que no me sorprenda nada
de lo que venga, y creo aldeanos sin parar que recolecten recursos.
Procuro que todos los productores
tengan caminos cortos y centros de distribución cercanos. Son 3
horas sin parar, pendiente, cuidando con mimo todos los detalles. En
esta partida en cuestión aproveché un rio para usarlo de defensa
natural, y mi compañero tomó los dos pasos disponibles para ser
nosotros quienes controlásemos el rio y decidiésemos los tempos
de juego. A las 3 horas, dimos el visto bueno y empezamos el
combate. Incluso siendo el equipo con menos jugadores ganamos porque
pudimos mantener el flujo de tropas, mientras que a nuestros
contrincantes se les acababa los recursos yo seguía produciendo
recursos para mi compañero y para mi. Finalmente, en las
estadísticas finales, que estudiamos con intención de lanzarnos
pullitas amistosas, recolecté el doble que todo el equipo contrario
junto. El secreto está en cuidar los pequeños detalles y no descansar hasta que el trabajo esté hecho.
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