"La mejor organización no
asegura los resultados. Pero una estructura equivocada sería
garantía de fracaso". Peter Drucker.
(tiempo de lectura medio estimado: 1
min)
El martes fui a comer al restaurante
Taj, cerca del Congreso de los Diputados y del Circulo de Bellas
Artes, indudablemente indio por la comida y el personal. Hacía más
de un año desde mi última visita y pude apreciar, con los ojos
empañados por el picante, que la afluencia de gente había aumentado
considerablemente. Creo recordar que la última vez también fue en
martes, por lo que el factor diario/festivo no debería influir
demasiado.
Cada día de la semana ofrecen un menú
del día pequeño, cerrado, con un primero y un segundo determinado,
dejando casi unicamente a tu elección el grado de picante. En la
anterior visita el encargado (que diría que, además, es el dueño)
nos insistió varias veces en que el menú del día incluía repetir
tantas veces como quisiéramos del segundo plato. Aquella vez pedimos
más pan Chapati y más pollo al curry, que nos sirvieron sonrientes.
En esta ocasión no había tal deferencia dado que el número de
comensales era mucho mayor y no era necesario establecer ningún tipo
de marketing.
Minimizan riesgos en el coste y calidad
de los perecederos al ofrecer poca variedad cada día, que compensa
de cara al cliente ofreciendo variedad a lo largo de la semana. Un
servicio competente y que además es acorde con el tipo de comida
añadiendo exoticidad al lugar. Y una política flexible y eficiente
de marketing, sólo activa cuando hace falta.
Aparentemente, y al margen de los
gustos culinarios de cada uno, un negocio con sentido común.
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