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Durante
este fin de semanas hemos movido todos los muebles de una habitación
de un piso a otro, muebles grandes con tableros de 30 milímetros de
grosor, adecuadamente desmontados para poder manejarlos, y, aún así,
no todas las piezas cupieron en el ascensor del piso origen. Este
proceso lo hicimos mi hermano y yo solos, y aunque supongo que ambos buscábamos tener cuidado, para mi era prioridad absoluta no provocar
ningún desperfecto en casa de mi hermano, por mínimo que fuese. Ni
un sólo roce en la pared, ni el más mínimo arañacito en las
puertas. Pero de forma inevitable, moviendo tableros pesados y
largos, con la inexperiencia de quien no se dedica a esto todos los
días, en determinado momento se me resbaló uno de los tableros más
irregulares. No se me cayó entero, sólo resbaló unos centímetros
y golpeó con el esquinazo en el suelo. Mi hermano lo pasó por alto
y bromeó conmigo para relajarme y seguir trabajando. Lo primero que
miré en el siguiente viaje fue la zona del impacto, busqué
minuciosamente para comprobar que, afortunadamente, la tarima
flotante no tenía ninguna marca. En el propio tablero apenas se
notaba nada.
Para
subir las cosas al otro piso ya contábamos con más ayuda,
afortunadamente porque en el destino no había ascensor y no es lo
mismo hacer el esfuerzo de un par de piezas por la escalera, que
tener que cargar todas y cada una de ellas. En este caso contábamos
con un par de tipos que se dedican al transporte de maderas y
muebles, entre ambos juntaban más de 30 años de experiencia a sus
espaldas.
Mientras
ellos subían un sofá muy pesado e incomodo de transportar, me
coloqué en el rellano que quedaba justo encima y en cuanto pude eché
mano de una de las patas para ayudar. Mi contribución era poca por
la postura, pero lo suficiente para que ellos notasen el alivio del
peso. El más veterano me lo agradeció audiblemente. Y no ahorró en
animar y en decir cosas positivas de cualquier otro con el que le
tocase trabajar.
En
ambos casos, asumiendo un papel de líder, incluso sin ser conscientes
de ello, y motivando a quienes están a su disposición, consiguieron
que se trabajase más, mejor, con más ganas. Soy consciente que no a
todos tiene porque motivarles lo mismo, pero en lineas generales creo
que cuando uno se siente más valorado y con menos miedo a fallar, su
predisposición es positiva, su iniciativa aumenta y su trabajo
mejora. En labores parecidas he trabajado con gente menos preocupada
por las personas y más ocupada en su ego, y el ambiente se enrarece
hasta el punto de que se trabaja sin ganas, con sobresaltos. Este es
un tema recurrente en el blog pero es que realmente uno no se da
cuenta de la importancia de esto hasta que puede comparar ambas
experiencias.