lunes, 20 de julio de 2015

Cafeterías de hospital

"Recordar las cosas del pasado no es necesariamente recordar las cosas como estaban." Marcel Proust
 
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 25 segs)


Esta semana he sido tío primerizo, y estamos todos como locos con el nuevo miembro de la familia.

El pequeño ha nacido en un hospital privado de determinada compañía de servicios integrales. Lejos de ser algo exclusivo, debe atender bastantes conciertos pues por los pasillos se veía gente de casi cualquier nivel de ingresos (reconozco que hasta ahora mi experiencia en hospitales ha sido afortunadamente escasa y siempre en el sector público). Y, aunque todos estemos muy ilusionados, no se ha podido evitar comentar el excesivo coste de algunos de los servicios.

Refrescos a 3 euros, una hora de parking 3 euros, un sándwich envasado 5 euros, una pulga con pan ya reseco 4 euros.... Y obviamente, son precios que se ajustan a la realidad del negocio o, al menos, eso parece dado que la cafetería estaba llena y el aparcamiento, grande, a reventar. Tienen varias especialidades, pero desde el punto de vista de los ingresos hospitalarios (quienes, en principio, hace un uso más intensivo de cafetería y aparcamiento), parece que su punto fuerte son los partos, naturales o por cesárea. ¿Quién va a mirar un euro arriba o abajo si, por lo que sea, está esperando en ese hospital a que un familiar cercano de a luz? Es más, el éxito completo llega porque ¿quien se va a acordar de estos precios tan alejados de una realidad cotidiana para el común de los que acudimos allí cuando después te llevas a casa un carrito con un nuevo miembro?.

Estuve tomando nota mentalmente de algunos “vecinos” de pasillo, que se quejaban abiertamente de los precios, luego hacían uso de ese servicio del que se habían quejado y finalmente sonreían cuando el recién nacido de su familia hacía algún gesto. Olvidando sus quejas iniciales (o suavizandolas en la memoria, importante para mantener su fidelidad). Desde el punto de vista del gestor, es sin duda un buen modelo de negocio. Y con una mezcla de felicidad y un poco de efecto Pigmalion, el refresco y la pulga de tortilla hasta saben mejor.

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