"Recordar las cosas del pasado no es necesariamente recordar las cosas como estaban." Marcel Proust
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 25 segs)
Esta semana he sido tío primerizo, y
estamos todos como locos con el nuevo miembro de la familia.
El pequeño ha nacido en un hospital
privado de determinada compañía de servicios integrales. Lejos de
ser algo exclusivo, debe atender bastantes conciertos pues por los
pasillos se veía gente de casi cualquier nivel de ingresos
(reconozco que hasta ahora mi experiencia en hospitales ha sido
afortunadamente escasa y siempre en el sector público). Y, aunque
todos estemos muy ilusionados, no se ha podido evitar comentar el
excesivo coste de algunos de los servicios.
Refrescos a 3 euros, una hora de
parking 3 euros, un sándwich envasado 5 euros, una pulga con pan ya
reseco 4 euros.... Y obviamente, son precios que se ajustan a la
realidad del negocio o, al menos, eso parece dado que la cafetería
estaba llena y el aparcamiento, grande, a reventar. Tienen varias
especialidades, pero desde el punto de vista de los ingresos
hospitalarios (quienes, en principio, hace un uso más intensivo de
cafetería y aparcamiento), parece que su punto fuerte son los
partos, naturales o por cesárea. ¿Quién va a mirar un euro arriba
o abajo si, por lo que sea, está esperando en ese hospital a que un
familiar cercano de a luz? Es más, el éxito completo llega porque
¿quien se va a acordar de estos precios tan alejados de una realidad
cotidiana para el común de los que acudimos allí cuando después te
llevas a casa un carrito con un nuevo miembro?.
Estuve tomando nota mentalmente de
algunos “vecinos” de pasillo, que se quejaban abiertamente de los
precios, luego hacían uso de ese servicio del que se habían quejado
y finalmente sonreían cuando el recién nacido de su familia hacía
algún gesto. Olvidando sus quejas iniciales (o suavizandolas en la
memoria, importante para mantener su fidelidad). Desde el punto de vista del gestor, es sin duda un buen
modelo de negocio. Y con una mezcla de felicidad y un poco de efecto
Pigmalion, el refresco y la pulga de tortilla hasta saben mejor.
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