lunes, 13 de julio de 2015

Discos duros

"Una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre viene a demostrar algo." Thomas Alva Edison

(tiempo de lectura medio estimado: 2 mins y 30 segs)


Hoy tenía preparado otro post pero por causas de fuerza mayor cambio los planes. El viernes un familiar conectó el horno, el lavavajillas y el aire acondicionado, demasiado para nuestra potencia contratada, y saltó el automático del cuadro eléctrico. Yo estaba trabajando en el ordenador, moviendo una serie de archivos, y he tenido la mala suerte de que el disco duro principal se ha dañado y sólo es accesible ocasionalmente.

Ayer se lo comentaba a una amiga en una charla de whatsapp y me recomendó contar mi sábado en el blog, “si quieres venderte, escribe sobre tu día”.

Me quedé sin ordenador el viernes por la tarde/noche, mi tendencia natural es ponerme con ello en cuanto puedo, pero ese día ya era tarde. El sábado por la mañana decidí salir a correr un ratito para airearme y pensar en una posible solución. Al llegar a casa ya tenía en mente un esquema bastante claro de qué ir haciendo y una estimación de tiempo de cada paso.

Lo primero, recuperar uso del ordenador y poder acceder, aunque malamente, a los datos del disco duro original. Son 5 años de datos. Desmonté un grabador de TV que no usamos y me hice con su disco duro de 500 GB, no demasiado grande pero más que suficiente, lo monté en mi ordenador y le instalé un nuevo sistema operativo desde cero.

Un ratito después ya tenía un ordenador útil y más idea de los errores. La placa base, que ya fallaba de antes, también había sufrido y después de unos cuantos metódicos intentos pude comprobar que sólo tenía útiles de verdad 2 de los 6 conectores SATA disponibles. Es decir, o conectar dos discos duros, o disco duro y grabadora de DVD.

Al menos me dejaba acceder al disco duro dañado desde el nuevo que, después de un par de tratamientos superficiales, seguía dañado pero suficientemente estable como para sacar los datos más importantes. En este punto, con 3 horas de espera por delante, y con miedo a toquetear por si acaso, decidí cumplir mis compromisos y me fui a Madrid con unos amigos. Al volver a casa estaba a punto de terminar la copia de datos. Con lo importante ya a salvo, sólo me quedaba intentar recuperar el disco duro, y las cosas menos importantes (como varios cientos de GB de cursos, películas y series).

Trasteé e investigué sobre el problema de fondo, tanto en software como en hardware, hasta tener conocimientos suficientes para no dar palos de ciego. Los “bad sectors” que se producen en los discos duros y cómo solucionarlos, o, si es imposible de arreglar, al menos como aislarlos. Los programas de diagnostico son lentos y el disco duro muy grande, así que seguí cumpliendo compromisos, en este caso domésticos, y tapicé el respaldo de una silla e hice una masa para pizza (es la primera que hago, y es realmente sencillo si sigues las recetas, incluso trabajando con levadura natural que es más sensible). 

A última hora había logrado ya bastante. Como poco, tener un ordenador plenamente funcional para poder trabajar durante la semana y haber recuperado la mayor parte de los archivos que quería salvaguardar. Así como instalar varias herramientas para salvar el disco duro dañado.

El domingo fue menos “motivante”. La placa base dijo basta y apenas me dejaba una conexión útil. Una hora más tarde ya había pedido una placa base nueva (inevitablemente junto con procesador y RAM nuevas), de todas formas ya tocaba tras más de 24.000 horas de servicio.

No es un fin de semana ideal, hay que reconocerlo, y menos cuando las cosas se estropean (y suponen gastos casi inesperados), pero me gusta trastear. Y he aprendido bastante sobre discos duros, que no es ni de lejos mi campo, pero me hace más versátil.

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