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¡Y lo hay! Siempre hay un mañana. Tambien salimos de noche del albergue. Me encantan las rutas nocturnas... El silencio del entorno sólo roto por los mugidos de las vacas, el cacareo de algún gallo madrugador que canta a nuestro a paso... Y al que seguramente el dueño quiera estrangular por despertarle antes de las 6...
Ruta cortita y facililla hasta Salas, y allí nos cruzamos con una pareja cordobesa que habiamos conocido en el anterior albergue y que piensan seguir despues de comer, con ellos viene una nueva peregrina que decide quedarse con nosotros. Hay sonrisas que ya dicen mucho desde el primer momento.
La
ruta de hoy ha atravesado bosques, y la de mañana tambien. Rondan
las historias a la puerta del albergue, viejas leyendas gallegas y
asturianas. Mi favorita, la que una señora temblorosa me contó hace
años en otro viaje por el mundo rural gallego y asturiano. Una fila
de almas en pena portando velas, la Santa Compaña gallega o la
Güestia asturiana.
De
día suelo ser bastante reacio a creer en estas cosas, de noche en
mitad de un bosque lleno de árboles cuajados de sombras... digamos
que tengo una mentalidad mucho más abierta. Pero mucho mucho más
abierta. A ver si mañana cuando empecemos a andar, a en la última
hora de la noche, vemos alguna hilera de llamitas zozobrando en la
oscuridad.
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