(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 25 segs)
Siempre que hablo de temas referentes a la exploración espacial, me pongo de fondo alguna de las versiones de Spaces Oddity de David Bowie. Quizás porque lo considero uno de los pocos temas en los que ingenieria, ciencia y poesía van casi de la mano y esta canción saca un lado más humano.
En prácticamente todos los campos la ingeniería es inflexible... se tiene que limitar a los hechos, a las leyes físicas y jugamos con eso. No hay margen para sentimientos, ni para cuestiones políticas, ni para revanchas identitarias (el uso del proyecto puede, la realización no). La ingeniería es fría. Casi todos los ingenieros de los que he hablado del tema han pasado malos ratos, noches con los ojos abiertos mirando al techo buscando una solución a un problema. Se podrán negociar los margenes de seguridad, pero no se puede negociar la física, ni las limitaciones.
Pero en el tema espacial encuentro ese pequeño resquicio de poesía, de mirar al infinito y pensar que sí, que habrá problemas que nos quiten el sueño, pero es llevar al se humano más allá de esa frontera. Y uno se siente pequeño.
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