viernes, 15 de septiembre de 2017

Proactividad y costes

"La creatividad y la innovación requieren flexibilidad y asumir riesgos." Brian Tracy

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 40 segs)

Ya comenté que había estado un mes ausente, y no por estar de vacaciones durante un mes entero sino por haber hecho unas practicas para completar un certificado oficial. La empresa a la que me destinaron se encarga de hacer armarios eléctricos de todo tipo, en mi estancia allí tenían proyectados varios para control y operación de la potencia en depuradoras.

Al inicio de la primera semana no había nadie en el taller, así que nos pidieron organizar los pedidos e inventariar el material que más tarde usarían los cuadristas para montar los armarios. Nada que ver con nuestra categoría profesional, ni ingenieros ni proyectistas, acabamos de mozos de almacén. A pesar de la desazón (por ser suave), es entendible, no van a dar proyectos de ingenieria tan especificos a gente que acaba de llegar y que no puede tener una supervisión constante. Así que nos arremangamos y ordenamos el almacén prestando especial atención a la documentación técnica y a los planos de montaje de algunos de los proyectos en curso, una cosa es mancharse las manos y otra es no querer sacar algo de rendimiento. Así que esos primeros días adquirí bastantes conocimientos mucho más prácticos de lo que uno obtiene sentado en un ordenador, es un plus poder tener entre las manos los elementos, ver los planos de montaje y cableado y tiempo para "trastear" con ellos.

Al final de esa primera semana aparecieron los operarios, con una rutina de trabajo establecida que nos dejó un poco de lado mientras preparaban su vuelta, y puede que fuera una de las experiencias laborales más interesantes que he tenido hasta ahora.

No relacionada con la electricidad, pero con la gestión de equipos y recursos humanos. Al estar sin tareas propias, y sin ánimo de estorbar, me hice a un lado y observé la organización.

Todos y cada uno de los pasos a dar en el mecanizado de los armarios, y en su montaje posterior, tenía que pasar por la supervisión del jefe de taller, que a parte de estar respondiendo a preguntas y dando el visto bueno a los tres operarios, tenía que discutir con los proyectistas por gazapos en los planos, por los pedidos o modificaciones por parte del cliente, sin descuidar su propio trabajo como cuadrista. Un tipo muy capaz.

El problema es que cuando tenía algún problema con algún pedido, y tenía que estar en oficinas, el trabajo se estancaba en el taller. Había una situación de cuello de botella evidente. Ya no digo que los nuevos, o los que estábamos con unas practicas temporales, tuviéramos vetado el salirnos del guión, hasta los más veteranos paraban si el jefe de taller no daba la orden explicita de seguir. Ni un taladro más, ni un remache más, ni un montar un cable más.

Parte del carácter de ser flexible, y yo lo soy hasta cierto punto, es un espíritu crítico. Si algo no sale hay que ver porque no sale y buscar alternativas. Y yo lo pasaba mal porque, incluso sin tener una implicación real en la empresa, veía cosas que se podían hacer mejor o momentos de parón que bien podrían haberse aprovechado con otros métodos. Uno se adapta, pero no quiere decir que esté cómodo.

Lo que pude ir viendo es que cualquier fallo era malgastar material, y en cada proyecto había que ajustar mucho los costes para que fuera rentable sacarlo adelante. Por tanto, la proactividad estaba muy mal vista porque podía llevar a errores, con un coste asociado, no había margen para andar "probando". No querían gente adaptable o flexible, que tuviera sus propias ideas, querían operarios que simplemente hicieran lo que les decían, en un sistema muy rígido, para no salirse ni un milímetro de lo calculado. Era más barato pagar horas no aprovechadas, que pagar material mal aprovechado, y es que en ello les iba el beneficio. 

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