viernes, 4 de diciembre de 2015

Biomasa

"La abundancia es tranquila, pero el hambre no descansa". Proverbio zulú

(tiempo de lectura medio estimado: 2 min y 40 segs)




En el post del martes hablaba sobre la cumbre de París, y de la necesidad de aportar soluciones que, siendo realistas y mirando la economía para convencer hasta a los más remisos, pudiera ir sustituyendo a las tecnologías actuales.

Siempre he sido muy favorable a las energías renovables como la eólica, la solar y la hidráulica. Son las más conocidas, las que más extensamente se estudian en mi carrera (o estudiaban, no se como está el temario ahora) y las que más desarrolladas están. Pero los problemas técnicos son evidentes, en España la energía hidráulica está casi saturada, y la energía solar y la eólica no siempre funcionan a gusto de todos. La energía se produce y se consume al instante, es muy difícil guardarla, las baterías actuales tienen poca capacidad y son muy costosas de mantener. Sin duda funciona a nivel doméstico, pero a nivel industrial es más difícil. Se podría sobredimensionar las instalaciones y situarlas en muchos puntos de la península (que casi casi funciona como una isla energética) pero eso acarrearía otros cuantos problemas técnicos.

Este fin de semana he estado en la sierra de Madrid. Me he fijado en la multitud de arbustos que ni los animales se comen y que son potenciales peligros en épocas de incendio. Recordé los comentarios sobre la biomasa en una conferencia, ¿por qué no aprovechar esos arbustos y ramas caídas para generar electricidad? Sí, se quema y produce CO2, que es lo que queremos evitar, pero la ventaja de quemar biomasa es que el CO2 que se libera es el que ha captado antes en su ciclo vital. Digamos que es una especie de suma cero. Quemar carbón es distinto, estamos liberando CO2 fijado hace 300 millones de años, y sus resultados a largo plazo son más imprevisibles. Además, se podrían aprovechar bastantes instalaciones ya construidas para terminar de amortizarlas.

Con envidia observaba la profusión de arboles que rodeaban el entorno y lo comparaba con las grandes extensiones más bien vacías de la zona sur, donde vivo. Y la posibilidad de plantar arboles de rápido crecimiento que no fueran muy agresivos con los suelos... incluso fantaseando con la posibilidad de que se crease en laboratorio (como el salmón transgénico que ya se empezará a comercializar en EEUU y que gracias a genes de anguila crece al doble de velocidad que otras especies de salmón), si pudiera elegir optaría por salmones no tratados genéticamente en laboratorio, al menos hasta que pasen unos años y se vea si son inocuos de verdad, pero para producir electricidad por biomasa soy menos puntilloso. Plantar grandes extensiones de árboles que capten ese CO2 del efecto invernadero... aunque luego lo liberen de nuevo al producir energía, la necesidad operativa de tener arboles siempre creciendo sería un almacén constante de CO2 fijado.

Buscando sobre el tema, he visto opiniones de internautas que, sin llegar a sugerir la modificación genética, hablaba de plantaciones industriales de arboles. Es decir, elegir arboles de rápido crecimiento y buen comportamiento mecánico que no sean agresivos con el suelo, subespecies de ciprés y cedro, que además podrían usarse para impulsar la construcción con madera y fijar ese CO2 durante décadas en forma de vigas o estructuras, abaratando el coste energético de la construcción y aprovechando los restos para biomasa. Esto último lo he consultado con mi arquitecta "de cabecera" (bueno, hay quien tiene abogados siempre a mano... a mi me es más útil una arquitecta) y me ha planteado serias dudas sobre su viabilidad en España por tema de variaciones de temperatura a lo largo del día y de la inercia térmica de los materiales, incluso en los casos de maderas más tratadas. Aún así, hasta que despegue la fusión nuclear, una de las soluciones más definitivas en la generación de energía, no sería mala idea empezar a pensar en reactivar el uso de madera siempre y cuando conlleve reforestaciones masivas para ser sostenible.

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