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Hay gran consenso,
incluso entre aquellos países que suelen adoptar posturas más escépticas, sobre la importancia de esta Cumbre del Clima. He llegado
a leer en varios medios que es la última oportunidad del ser humano
para solucionar el problema. Y aunque intuyo que no es tan extremo,
entiendo que es necesario ponerse manos a la obra ya, en el sector
industrial el mantenimiento preventivo suele ser más barato que el
mantenimiento correctivo. Vayamos trabajando antes de que se rompa
definitivamente y los costes sean realmente inasumibles.
El problema está
en que el mundo marcha a varias velocidades, tenía un profesor en la
ingeniería que se movía a caballo entre el derecho y la técnica de
las energías renovables y siempre comentaba que desde Europa tomábamos una posición cómoda. Ahora que estamos desarrollados y
tenemos un nivel de vida estable, obliguemos a recortar las
emisiones, pero ¿qué piensa de esto un chino cuya economía está
creciendo, aunque todavía sin llegar a nuestro nivel económico, y
que necesita esos procesos baratos pero contaminantes para seguir aupándose a nuestro nivel de vida? Si nosotros contaminamos lo que
quisimos hace décadas para establecer nuestras sociedades modernas
gracias a la energía facil y barata de la combustión de petroleo y
carbón, ¿Como obligar a otros a aceptar recortar esa fuente de
energía y progresar a otras más caras, aunque limpias, recortando
su crecimiento?
En el mundo de la
energía los plazos son muy amplios. Construir una central eléctrica
es caro, tender cables de alta tensión y montar transformadores son
inversiones con una tasa de retorno ROI que dura muchos años... las
mejoras se van implementando muy lentamente, sólo cuando ya se ha
rentabilizado la instalación anterior. No se existe una autoridad
moral suficiente desde occidente como para obligar a China o a India
a cambiar todas sus centrales de carbón, algunas recién construidas,
porque todavía no han amortizado sus instalaciones.
Es decir, poder se
puede, pero el problema, compartido con la lucha antiterrorista
contra ISIS (o Daesh), es que hay intereses encontrados. Existe un
doble discurso basado esencialmente en términos económicos, si se
sabía que el Daesh mercadeaba con adolescentes para uso sexual,
entre otras atrocidades, y que estaban introduciéndose comandos en
Europa, ¿por qué se ha dejado durante meses que sus camiones
salieran cargados de crudo y volvieran cargados de suministros y
armas?
Es la economía la
que suele marcar agendas políticas. Actualmente existen los medios
para hacer la producción de energía más limpia y con menos impacto
para el medio ambiente, pero los costes son altos, especialmente si añadimos el efecto amortización del sistema actual, y podría afectar a
un 25% del PIB europeo (no que vaya a reducirlo, pero la exposición
y sensibilidad es alta), por tanto hace falta voluntad política. Y
aquí es donde la ciencia y la ingeniería deben dar un golpe sobre la
mesa y exponer soluciones que permitan asimilar los riesgos, soluciones que convenzan de forma unívoca. Es el reto de esta generación.
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