"A veces estamos demasiado dispuestos a creer que el presente es el único estado posible de las cosas." Marcel Proust
(tiempo de lectura medio estimado: 3 min y 30 segs)
Hace unos días saltaba la noticia de un chico de 17 años había
predicho la caída de Abengoa, y en varios medios generalistas le
trataban, como poco, de genio o visionario. Si lees un poco más,
descubres que él mismo reconoce que aplicó varias formulas que le
habían dado en clase y que a partir de los resultados descubrió que
el patrimonio neto era lamentable.
Destacan los medios que, él solo, había descubierto algo que una
consultora como Deloitte, con todos sus expertos financieros, no.
Cualquiera que haya estudiado unas bases de economía hubiera llegado
a la misma conclusión que él. No quiero quitarle méritos porque a
su edad yo no tenía ni idea de economía más allá de no gastarme el dinero del abono transporte mensual en cine y videojuegos (y me hubiera encantado
saber más del tema en el colegio o en el bachillerato), pero ya en
la universidad había una optativa que daba las herramientas básicas
para este análisis y en el máster aprendí a usarlas en condiciones
y a hacer recomendaciones en base a ellas.
Las formulas en cuestión se llaman ratios. Hay varias decenas de
ratios, potentes herramientas, pero que son sólo eso, herramientas.
La mayor parte de ellas trabaja con valores contables de la empresa,
juega con activos, pasivos, a corto y a largo plazo, con el capital
inicial, el volumen de negocio, etc. El resultado de relacionar los
valores adecuados puede dar pistas sobre la situación de una
empresa, vamos a fijarnos en el ratio "Solvencia":
Solvencia = (Activo no corriente + Activo corriente) / (Pasivo no
corriente + Pasivo corriente)
Los activos son el conjunto de bienes de una empresa y los derechos a
cobro (es decir, lo que tenemos) y los pasivos son el conjunto de
deudas y obligaciones (es decir, lo que debemos). El termino
"corriente" o "no corriente" sólo hace
referencia a un marco temporal, "corriente" es que el valor
es convertible en menos de un año.
Como acabo de terminar de ver la serie The Office, el ejemplo será
con resmas de papel. Muy simplificado:
- Pido un crédito de 10.000 € a un banco a 3 años para comprar
papel. Es un pasivo no corriente, lo debo y debo pagarlo en 3 años.
- En mi cuenta ingreso los 10.000 € del préstamo. Activo corriente
porque puedo disponer de ello cuando quiera.
- Pido 5000 resmas de papel. A 2€ la resma, tengo un activo
corriente (en principio) de 10.000 €.
- Llego a un acuerdo con el proveedor para pagarle en un mes. Pasivo
corriente. Debo pagar 10.000 €. Todavía no le he pagado, y en mi
cuenta bancaria tengo el dinero del préstamo intacto. Pero lo suyo
es pagarle.
- Un comprador me compra 1000 resmas a 4 €, pero promete pagarme en
3 meses. Activo corriente 4000 €. No tengo el dinero todavía, pero
confiamos en que nos va a pagar.
- Le envío las resmas ya, así que debo deducirlas del activo
corriente. Le restaré 2.000 € (precio de compra a proveedor).
Por norma: Activo = Pasivo + Resultado
Activo = 10.000 € + (10.000 – 2.000) € + 4.000 € = 22.000 €
Pasivo = 10.000 € + 10.000 € = 20.000 €
Resultado = 2.000 €
El ratio de solvencia nos devuelve un valor de 1.1, por encima de 1
es solvente, y nuestra pequeña aventura demuestra ser solvente. De
hecho, tenemos 2.000 euros de beneficios antes de impuestos.
Ahora bien, en la mayoría de libros recomiendan tener un ratio de
solvencia de entre 1.2 y 1.5 como valores ideales para evitar que mi
empresa sea insolvente si, por ejemplo, un comprador se queda el
papel pero no me paga. En nuestro ejemplo el ratio caería por debajo
de 1.
Al igual que hay eventos que pueden hacer que el ratio se modifique a
peor, puede haber elementos que lo modifiquen a mejor. No hemos
incluido intereses de deuda (que iría a pasivo), pero una
refinanciación con mejores condiciones, o una ayuda del estado, o si
las acciones suben de valor, capitalizando la empresa por encima de
las previsiones, pueden hacer que el ratio mejore (no tan fácil para
el vendedor de resmas... pero sí para Abengoa). Los ratios por si
solos no son suficientes, no al menos sin el estudio de su tendencia.
No he mirado los datos particulares de Abengoa, pero hace menos de un
año recibió una inyección de 1.400 millones de euros en un
préstamo sindicado entre varios grandes bancos. Aunque fuese por
pura casualidad, alguno debió mirar los ratios y debió parecerle
que la serie de datos anuales era coherente con una empresa en plena
expansión internacional. Y quizás simplemente esperaban que el
estado inyectase dinero, o que iba a tener una mejor aceptación
accionarial, y por eso a ninguno le escandalizaron los ratios... no
por que no fueran conscientes de los resultado que arrojaban, si no
porque esperaban algo más.
Hace unos años le pasó a Pescanova, entró en suspensión de pagos
por falta de liquidez, su crecimiento había sido excesivamente
rápido y aunque tuviera activos suficientes, el flujo de caja no era
capaz de asumir la presión de los nuevos costes. Los ratios también
daban resultados negativos y se asumió cierto escenario, se
equivocaron. Muchas otras veces, otras empresas con ratios puntuales
nefastos, asumen el análisis y no protagonizan más que algún
titular suelto porque la expansión sale bien y los ratios se equilibran a medida que se "digiere" la expansión.
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