(tiempo de lectura medio estimado: 4 min y 30 segs)
Bueno, esta semana habrá post único porque el paso de año lo haré lejos de casa y lejos de un ordenador donde escribir, por tanto este será más largo de lo habitual.
Aprovecharé la semana para trabajar con papel y boli sobre lo que toca estas fechas: hacer el obligado examen de conciencia para ver cómo ha ido el año. El ser humano, generalmente, tiende a la comodidad, a quedarse en los círculos de confort, pero hay ciertas fechas clave en las que despierta y hace intentos por salirse de esos círculos. Por ejemplo, en este artículo del New York Times donde analizan varios datos, se observa en una gráfica donde clasifican por edades que las edades clave son los 30, 40, 50 e incluso 60, donde son evidentes picos de participación de gente con esa edad respecto a las tendencias de gente de edad similar.
Hay un texto, fábula o leyenda, no conozco el origen, que habla de un maestro Zen con su alumno en peregrinación. No se si lo habré contado ya en el blog, pero si es la primera vez, seguro que no será la última:
El maestro y el alumno llegan cansados a una aldea. Llaman a varias puertas sin respuesta, hasta que finalmente se presentan ante la casa más humilde de todas. Allí un hombre delgado y con sonrisa cansada les da la bienvenida y les invita a entrar. Se sientan, sin hablar mucho, en la mesa donde el resto de la familia se prepara para cenar, les ofrecen leche y algo de trigo... el resto de la familia, también delgados, la completan una madre con varios hijos. Aunque no parecen desnutridos, sus ropas y el deterioro de la casa ayudan a dar esa sensación.
El maestro habla con el padre de la familia, y le pregunta sobre el origen de la leche. El hombre le sonríe y le indica que su posesión más preciada es una vaca que alimenta a su familia todos los días, y con la leche sobrante pueden permitirse comprar algunos cereales ocasionalmente. No les da para algo exagerado, pero les mantiene medianamente alimentados y vivos.
La casa es pequeña, y la familia comparte una habitación, la otra es un establo improvisado para su bien más preciado, y es el sitio que les ofrecen a los peregrinos. El lugar más cálido de todos. Duermen allí y el maestro despierta a su pupilo antes del amanecer... antes de salir por la puerta, coge un cuchillo y mata a la vaca. Insta a su acompañante a darse prisa y desaparecen del pueblo. El alumno está horrorizado, su maestro acababa de matar a lo único que sostenía a aquella familia. Este le pide paciencia, y le dice que lo acabaría entendiendo.
Tres años más tarde, bastante cambiados por los avatares del camino y volviendo de la peregrinación, pasan por el mismo pueblo. El maestro decide volver a la casa donde se alojaron tiempo atrás. Está recién pintada, y parece que tiene nuevas dependencias. El hombre que les abre la puerta es el mismo, pero esta vez más relleno y con mejor ropa. Les invita a entrar.
A la mesa se sienta la misma familia, más lustrosos y con ropa nueva. La cena está compuesta de arroz, verduras y algo de carne. Humilde pero más nutritiva que un tazón de leche. El maestro les agradece que les hayan dado cobijo en tiempos tan difíciles, y el anfitrión reconoce que dan cobijo a todos los peregrinos desde que hace unos años uno de ellos mató a su vaca. Gracias a eso, tuvieron que aprovechar la carne, secaron lo suficiente para aguantar varios meses y cambiaron lo sobrante por provisiones, herramientas sencillas y semillas. Reconoció que fue duro pero pudieron plantar sus propias verduras. No fue el mejor año de cosechas, pero suficiente como para alimentar a toda la familia y cambiar lo sobrante por algo de queso. El siguiente año fue mejor, ampliaron su huerto, consiguieron más herramientas y ampliar la casa para criar gallinas. Tenían previsto comprar nuevas tierras y criar un par de cerdos. Paradojicamente, perder a la vaca había sido una suerte.
Cada uno tiene su propia vaca metafórica, o vacas. Algunas veces incluso un aparente éxito puede ser nuestra propia vaca, no hay que pensar sólo en situaciones evidentemente negativas. Tenemos que ser cuidadosos para saber qué quitar de nuestras vidas y no liarse en una escabechina sin sentido, pero sí hay que ser firme con ello y ser capaces de asumir que todo cambio conlleva riesgo. Supongo que el cambio de año es un buen momento para analizarnos y hacer nuevos propósitos.
A la vez que haces un
propósito debes hacer un plan de actuación creíble. Uno de mis
propósitos más fáciles de plantear es ser capaz de correr 10 km en
58 minutos, marca simbólica porque es mi mejor marca, cuando estaba
más en forma hace años. Estoy en baja forma, he cogido peso y
conozco mis problemas, el principal es que me cuesta horrores salir a
hacer ejercicio si creo que tengo la agenda llena (aunque luego
pierda el tiempo en cosas superfluas). Ahora mismo puedo hacer 10 km
en 1h28m, básicamente andando rápido. Se de donde parto, se hasta
donde quiero llegar, se que puedo llegar y tengo 12 meses para ello.
A partir de aquí cada uno debe saber lo que le funciona... los dos
primeros meses los tengo muy rígidos, no correré, pero saldré 4
veces a la semana a andar para coger el hábito, y debo ser rígido
porque coger el hábito es para mi lo más difícil. Y luego tengo
una serie de marcas a las que quiero llegar cada mes, estas más
flexibles, basadas en una progresión pesimista, una optimista y una
adecuada.
Para mis propositos menos evidentes, este año voy a analizar mi situación con la herramienta DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades), generalmente usada a la hora de crear una nueva empresa, un nuevo producto o de renovar algo que ya existe, y voy a intentar encontrar las vacas que me mantienen cómodo en una situación que dista de ser ideal. Para estas cosas, no se por qué, siempre he preferido un papel y un bolígrafo.
Feliz año a todos.
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