"Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender." Marie Curie
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 30 segs).
Durante unos meses hice Aikido en la Universidad, tenía un hueco de
50 minutos entre clases, prácticas y trabajo (todo en la propia
universidad) y no sabía como rentabilizar ese tiempo, así que me apunté a
la primera actividad que me llamó la atención y que durase los 6 meses que iba a extenderse esa situación.
En tan poco tiempo no aprendí más que a "caer y rodar", para no hacerme daño, pero algunas clases dirigidas a
alumnos más avanzados tenían más aspecto de arte marcial, al menos de lo que un occidental espera de un arte marcial. Una de las lecciones trataba de enseñar a defenderte de un atacante con un cuchillo, y
casi todas las pautas eran para mantener al atacante a una distancia prudencial, hablando y
girando en torno suyo, hasta encontrar una via de escape para
salir corriendo. Muy bueno hay que ser para desarmar a alguien con un
cuchillo, que si además es bueno manejándolo no pinta bien para la
potencial victima. La solución obvia era volar.
La idea de fondo del Aikido es repetir los movimientos una y otra vez, hasta la saciedad, hasta que tu cuerpo (más bien el cerebro) adquiere la mecánica y, cuando hace falta, actúa sólo. Busca la fluidez sin que medie el pensamiento racional, transformar "al enemigo en amigo" a base reaccionar sin excentricidades, controlado por las cientos, miles de repeticiones, de un mismo movimiento. Cuando la solución sea afrontar el peligro, al menos hacerlo con menor carga de estrés.
Hace ya algunos años de eso, pero el otro día corriendo bajo la lluvia mi cuerpo simplemente siguió la inercia de rodar cuando resbalé, y acabé de nuevo de pie con el mismo impulso. Un poco más mojado, pero ileso. Un buen entrenamiento, una buena formación, y nuestro instinto se amoldará casi a cualquier situación.
Este blog forma parte del nuevo proyecto personal de búsqueda laboral: www.mariomonzon.es
viernes, 31 de marzo de 2017
martes, 28 de marzo de 2017
Lucha o vuela
"Es muy probable que las mejores decisiones no sean fruto de una reflexión del cerebro sino del resultado de una emoción". Eduardo Punset
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 40 segs)
El título del post no es más que la traducción de un mecanismo biológico apodado "fight or flight", que prepara nuestro cuerpo para un peligro inminente. Ya hablé hace unas semanas sobre los sesgos cognitivos que supone el analizar grandes cantidades de información en un breve espacio de tiempo para analizar ese potencial peligro, pero lo cierto es que su uso es otro rasgo evolutivo que implica a buena parte de nuestro cerebro más primitivo.
Ante un nuevo estímulo, el tálamo decide qué información mandar de toda la disponible (tacto, vista, gusto, temperatura...). El cortex sensorial la recibe y la interpreta. En el hipocampo se compara esta información con experiencias previas para establecer un contexto. La amígdala determina posibles peligros, y almacena datos de miedos pasados. Y el hipotálamo lanza el mecanismo "fight or flight". La adrenalina recorre el cuerpo, se estrechan los tubos capilares, se tensan los músculos y aumenta la cadencia y profundidad de la respiración. El cuerpo está preparado para afrontar el peligro o para huir de él.
Este mismo mecanismo, con resultado distinto, se aplica en el entorno de trabajo. Solemos conocerlo como estrés, viene provocado por situaciones que nos superan y, aunque la reacción de salir corriendo no es la más habitual, existe un cierto peligro de que empleados con talento potencial cambien de trabajo, con las pérdidas que eso supone, especialmente, en empleo cualificado.
Uno de los consejos prácticos, en principio enfocado a un potencial peligro, pero también aplicable en el segundo caso, es entrenar para afrontar situaciones que creemos que se nos pueden escapar de control, situaciones generadoras de estrés. Cuanto más dominemos un trabajo, y tengamos protocolos claros de actuación ante posibles incidencias, menos estrés nos generará. Otro posible consejo es tomar el nombre del efecto de forma literal y usarlo para fundar un lucrativo negocio.
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 40 segs)
El título del post no es más que la traducción de un mecanismo biológico apodado "fight or flight", que prepara nuestro cuerpo para un peligro inminente. Ya hablé hace unas semanas sobre los sesgos cognitivos que supone el analizar grandes cantidades de información en un breve espacio de tiempo para analizar ese potencial peligro, pero lo cierto es que su uso es otro rasgo evolutivo que implica a buena parte de nuestro cerebro más primitivo.
Ante un nuevo estímulo, el tálamo decide qué información mandar de toda la disponible (tacto, vista, gusto, temperatura...). El cortex sensorial la recibe y la interpreta. En el hipocampo se compara esta información con experiencias previas para establecer un contexto. La amígdala determina posibles peligros, y almacena datos de miedos pasados. Y el hipotálamo lanza el mecanismo "fight or flight". La adrenalina recorre el cuerpo, se estrechan los tubos capilares, se tensan los músculos y aumenta la cadencia y profundidad de la respiración. El cuerpo está preparado para afrontar el peligro o para huir de él.
Este mismo mecanismo, con resultado distinto, se aplica en el entorno de trabajo. Solemos conocerlo como estrés, viene provocado por situaciones que nos superan y, aunque la reacción de salir corriendo no es la más habitual, existe un cierto peligro de que empleados con talento potencial cambien de trabajo, con las pérdidas que eso supone, especialmente, en empleo cualificado.
Uno de los consejos prácticos, en principio enfocado a un potencial peligro, pero también aplicable en el segundo caso, es entrenar para afrontar situaciones que creemos que se nos pueden escapar de control, situaciones generadoras de estrés. Cuanto más dominemos un trabajo, y tengamos protocolos claros de actuación ante posibles incidencias, menos estrés nos generará. Otro posible consejo es tomar el nombre del efecto de forma literal y usarlo para fundar un lucrativo negocio.
viernes, 24 de marzo de 2017
Criterios
"El joven conoce las reglas, pero el viejo las excepciones."
Oliver Wendell Holmes
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 10 segs)
Una de las cosas para las que me está sirviendo el curso de "Desarrollo de proyectos de redes eléctricas de baja y alta tensión" es para darme cuenta de que una cosa es la teoría y la formación, y otra la experiencia de campo. Es algo que se intuye, y mi incursión en el mundo laboral ya lo había confirmado, pero a ciertos niveles la diferencia es abismal.
En la Universidad te forman para usar criterios técnicos, afinando mucho para encontrar aquella solución ideal que prácticamente elimine la posibilidad de error. En el máster MBA me formaron para amoldarme a un criterio especialmente importante en la empresa, el económico, por buena y segura que sea una solución, si es muy cara, rara vez es la que se usa. En este curso estoy viendo que, incluso en la redacción de la normativa, cuenta más la experiencia previa que la lógica o los instintos adquiridos con el estudio técnico.
Por ejemplo, en el caso de las caídas de Tensión que comentaba el martes, la solución más socorrida es ampliar la sección del cable para que pueda circular más Intensidad, porque los otros valores son hasta cierto puntos inmutables (aquí la guía de cálculo, con los fundamentos que hay detrás). A más sección, más seguro, pero más caro. Cuando se habla de una máquina con un consumo conocido no hay mucho margen, pero si hablamos de iluminación y tomas de corriente (el enchufe de pared, por ejemplo) es común aplicar factores de simultaneidad y uso que reducen mucho los cálculos de consumo de Potencia y a su vez minimiza la posibilidad de caída de tensión. En una vivienda los coeficientes vienen regidos por la ITC BT-25, de obligado cumplimiento, pero en industria queda a juicio del proyectista. Técnicamente el usuario puede usar todo a la vez y nuestro circuito no estaría preparado para ofrecer el 100% de la potencia de forma simultanea, pero los que tienen más experiencia del curso ya me han dicho que eso "casi nunca pasa y, si pasa, para eso están las protecciones". En foros de instaladores siguen el mismo concepto, es lo que se hace y funciona, reduce costes y no supone grandes problemas, así que lo calculo como tal, pero no dejo de cuestionarme la posibilidad de que nos quedemos cortos porque la opción está ahí.
Este hueco entre ambas concepciones de un mismo problema es el que a menudo cuesta errores serios por falta de entendimiento entre los operarios, que se pegan a diario con las instalaciones y piezas, y los ingenieros o proyectistas que diseñan sobre el papel. Si es por adaptarse, me adapto, afortunadamente tengo un buen grado de flexibilidad y aprendizaje, pero no deja de ser extraño tener que ignorar a ratos al ingeniero que llevo dentro.
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 10 segs)
Una de las cosas para las que me está sirviendo el curso de "Desarrollo de proyectos de redes eléctricas de baja y alta tensión" es para darme cuenta de que una cosa es la teoría y la formación, y otra la experiencia de campo. Es algo que se intuye, y mi incursión en el mundo laboral ya lo había confirmado, pero a ciertos niveles la diferencia es abismal.
En la Universidad te forman para usar criterios técnicos, afinando mucho para encontrar aquella solución ideal que prácticamente elimine la posibilidad de error. En el máster MBA me formaron para amoldarme a un criterio especialmente importante en la empresa, el económico, por buena y segura que sea una solución, si es muy cara, rara vez es la que se usa. En este curso estoy viendo que, incluso en la redacción de la normativa, cuenta más la experiencia previa que la lógica o los instintos adquiridos con el estudio técnico.
Por ejemplo, en el caso de las caídas de Tensión que comentaba el martes, la solución más socorrida es ampliar la sección del cable para que pueda circular más Intensidad, porque los otros valores son hasta cierto puntos inmutables (aquí la guía de cálculo, con los fundamentos que hay detrás). A más sección, más seguro, pero más caro. Cuando se habla de una máquina con un consumo conocido no hay mucho margen, pero si hablamos de iluminación y tomas de corriente (el enchufe de pared, por ejemplo) es común aplicar factores de simultaneidad y uso que reducen mucho los cálculos de consumo de Potencia y a su vez minimiza la posibilidad de caída de tensión. En una vivienda los coeficientes vienen regidos por la ITC BT-25, de obligado cumplimiento, pero en industria queda a juicio del proyectista. Técnicamente el usuario puede usar todo a la vez y nuestro circuito no estaría preparado para ofrecer el 100% de la potencia de forma simultanea, pero los que tienen más experiencia del curso ya me han dicho que eso "casi nunca pasa y, si pasa, para eso están las protecciones". En foros de instaladores siguen el mismo concepto, es lo que se hace y funciona, reduce costes y no supone grandes problemas, así que lo calculo como tal, pero no dejo de cuestionarme la posibilidad de que nos quedemos cortos porque la opción está ahí.
Este hueco entre ambas concepciones de un mismo problema es el que a menudo cuesta errores serios por falta de entendimiento entre los operarios, que se pegan a diario con las instalaciones y piezas, y los ingenieros o proyectistas que diseñan sobre el papel. Si es por adaptarse, me adapto, afortunadamente tengo un buen grado de flexibilidad y aprendizaje, pero no deja de ser extraño tener que ignorar a ratos al ingeniero que llevo dentro.
martes, 21 de marzo de 2017
Caídas de tensión
"El desarrollo progresivo del hombre depende vitalmente de la invención; es el producto más importante de su cerebro creativo." Nikola Tesla
"Las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito." Thomas Alva Edison
(tiempo de lectura medio, sin links: 3 mins)
En la guía técnica de aplicación del Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión, donde se detallan todas las normas que debemos cumplir a la hora de proyectar instalaciones, se explica la necesidad de tener en cuenta la caída de tensión: "La circulación de corriente a través de los conductores, ocasiona una pérdida de potencia transportada por el cable, y una caída de tensión o diferencia entre las tensiones en el origen y extremo de la canalización. Esta caída de tensión debe ser inferior a los límites marcados por el Reglamento en cada parte de la instalación, con el objeto de garantizar el funcionamiento de los receptores alimentados por el cable."
¿Qué es la caída de tensión? Así, un poco burdamente, podemos decir que para que funcionen los aparatos eléctricos necesitamos dos cosas, Tensión e Intensidad. Por el mero hecho de tener que transportar Intensidad por un medio físico, un conductor o cable, encontramos una resistencia que hace que la Tensión que llega al aparato sea menor de la que “sale” al inicio.
Cuando explicamos algo sobre electricidad contamos con el problema de tratar un elemento que no podemos ver ni tocar, algo muy abstracto. Los conceptos son más difíciles de entender, y por eso es habitual escuchar o leer la explicación de estos conceptos usando agua. En esta equiparación podemos decir que un cable es una tubería, la Tensión es la presión del agua y la Intensidad es la cantidad de agua que circula. Imaginemos que tenemos dos tuberías, una corta (A) y una larga (B), si aplicamos la misma presión al inicio y tenemos la misma cantidad de agua, en el otro extremo de A saldrá con más fuerza que en el otro extremo de B. Se deberá al rozamiento del agua con las paredes de la tubería, o entre las partículas del propio agua.
¿Por qué es importante la caída de tensión? Para que funcionen los aparatos eléctricos necesitamos unos valores de Potencia, que es el producto de Tensión por Intensidad (P = V x I). Casi todos funcionan dentro de unos niveles de tensión homologados y en España, como en la mayor parte de Europa, África y Asia, se usa el rango de 220V-230V. Los cables internos, las protecciones y las placas están diseñadas para funcionar a esa tensión. Si en la multiplicación P = V x I bajamos el valor de V por la caída de tensión, necesitaremos más Intensidad y como no está diseñado para ello, si circula más de la que puede asumir, acabará por romperse. Es fácil de ver con las tuberías: si hacemos circular a la fuerza una gran cantidad de agua por una tubería más fina de lo necesario, lo más probable es que acabe por reventar.
Un par de curiosidades
¿Por qué se usan valores de tensión fijos? Que circule electricidad por un cable supone pérdidas, fijemos la Tensión o la Intensidad, pero mientras las pérdidas por Tensión son lineales, las pérdidas por Intensidad son exponenciales (elevado a dos). Es más fácil modular el flujo de Intensidad, pero más económico tomar medidas de corrección para evitar perdidas por Tensión. Además, las pérdidas por Intensidad son a través de calor por el efecto Joule, y las altas temperaturas afectan negativamente a otros elementos.
Simplificando las centrales eléctricas, estas producen Potencia (P = V x I). A su salida tienen centros de transformación que elevan la Tensión para reducir la Intensidad, ya que es más conveniente/económico para circular por grandes distancias con menos pérdidas, y antes de llegar a las ciudades donde se consume hay otro centro de transformación que reduce la Tensión y aumenta la Intensidad.
¿Por qué en buena parte de Europa, Africa y Asia se usa 220/230V y en buena parte de América se usan 110/120V? Por la misma razón que conducir por la izquierda o por la derecha. Una decisión administrativa. Es cierto que, a igual consumo de Potencia, una Tensión mayor necesita menor Intensidad, y eso supone conductores más finos y baratos, pero la decisión no se tomó por eso si no por la guerra abierta entre Edison y Tesla. Ambos científicos, defensores de la corriente continua y la corriente alterna respectivamente, usaron todos los medios posibles para promocionar su sistema de electricidad, llegando a extremos bastante controvertidos (una más de tantas guerras comerciales), y grandes compañías y gobiernos acabaron por posicionarse de lado de uno u otro. Con el tiempo los criterios técnicos han ido reemplazando los ideológicos, pero es difícil cambiar la inercia de un sistema ya establecido.
"Las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito." Thomas Alva Edison
(tiempo de lectura medio, sin links: 3 mins)
En la guía técnica de aplicación del Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión, donde se detallan todas las normas que debemos cumplir a la hora de proyectar instalaciones, se explica la necesidad de tener en cuenta la caída de tensión: "La circulación de corriente a través de los conductores, ocasiona una pérdida de potencia transportada por el cable, y una caída de tensión o diferencia entre las tensiones en el origen y extremo de la canalización. Esta caída de tensión debe ser inferior a los límites marcados por el Reglamento en cada parte de la instalación, con el objeto de garantizar el funcionamiento de los receptores alimentados por el cable."
¿Qué es la caída de tensión? Así, un poco burdamente, podemos decir que para que funcionen los aparatos eléctricos necesitamos dos cosas, Tensión e Intensidad. Por el mero hecho de tener que transportar Intensidad por un medio físico, un conductor o cable, encontramos una resistencia que hace que la Tensión que llega al aparato sea menor de la que “sale” al inicio.
Cuando explicamos algo sobre electricidad contamos con el problema de tratar un elemento que no podemos ver ni tocar, algo muy abstracto. Los conceptos son más difíciles de entender, y por eso es habitual escuchar o leer la explicación de estos conceptos usando agua. En esta equiparación podemos decir que un cable es una tubería, la Tensión es la presión del agua y la Intensidad es la cantidad de agua que circula. Imaginemos que tenemos dos tuberías, una corta (A) y una larga (B), si aplicamos la misma presión al inicio y tenemos la misma cantidad de agua, en el otro extremo de A saldrá con más fuerza que en el otro extremo de B. Se deberá al rozamiento del agua con las paredes de la tubería, o entre las partículas del propio agua.
¿Por qué es importante la caída de tensión? Para que funcionen los aparatos eléctricos necesitamos unos valores de Potencia, que es el producto de Tensión por Intensidad (P = V x I). Casi todos funcionan dentro de unos niveles de tensión homologados y en España, como en la mayor parte de Europa, África y Asia, se usa el rango de 220V-230V. Los cables internos, las protecciones y las placas están diseñadas para funcionar a esa tensión. Si en la multiplicación P = V x I bajamos el valor de V por la caída de tensión, necesitaremos más Intensidad y como no está diseñado para ello, si circula más de la que puede asumir, acabará por romperse. Es fácil de ver con las tuberías: si hacemos circular a la fuerza una gran cantidad de agua por una tubería más fina de lo necesario, lo más probable es que acabe por reventar.
Un par de curiosidades
¿Por qué se usan valores de tensión fijos? Que circule electricidad por un cable supone pérdidas, fijemos la Tensión o la Intensidad, pero mientras las pérdidas por Tensión son lineales, las pérdidas por Intensidad son exponenciales (elevado a dos). Es más fácil modular el flujo de Intensidad, pero más económico tomar medidas de corrección para evitar perdidas por Tensión. Además, las pérdidas por Intensidad son a través de calor por el efecto Joule, y las altas temperaturas afectan negativamente a otros elementos.
Simplificando las centrales eléctricas, estas producen Potencia (P = V x I). A su salida tienen centros de transformación que elevan la Tensión para reducir la Intensidad, ya que es más conveniente/económico para circular por grandes distancias con menos pérdidas, y antes de llegar a las ciudades donde se consume hay otro centro de transformación que reduce la Tensión y aumenta la Intensidad.
¿Por qué en buena parte de Europa, Africa y Asia se usa 220/230V y en buena parte de América se usan 110/120V? Por la misma razón que conducir por la izquierda o por la derecha. Una decisión administrativa. Es cierto que, a igual consumo de Potencia, una Tensión mayor necesita menor Intensidad, y eso supone conductores más finos y baratos, pero la decisión no se tomó por eso si no por la guerra abierta entre Edison y Tesla. Ambos científicos, defensores de la corriente continua y la corriente alterna respectivamente, usaron todos los medios posibles para promocionar su sistema de electricidad, llegando a extremos bastante controvertidos (una más de tantas guerras comerciales), y grandes compañías y gobiernos acabaron por posicionarse de lado de uno u otro. Con el tiempo los criterios técnicos han ido reemplazando los ideológicos, pero es difícil cambiar la inercia de un sistema ya establecido.
viernes, 17 de marzo de 2017
Carreras de fondo y epicidades
"Tal vez haya a su lado un hombre o una mujer, solos o acompañados, mojando un churro en la taza, despachando un pincho de tortilla o
tomándose una aspirina. Tipos normales, como usted o como yo. Gente de
infantería. Obsérvelos de reojo y con respeto, porque nunca se sabe.
Quizá esté mirando a un héroe." Arturo Pérez Reverte - "Retrato de un héroe"
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 55 segs)
Aunque la antropología no es uno de mis temas favoritos, el post del martes ha sido de los que más he disfrutado escribiendo. Durante las sesiones de lectura e investigación he ido comprobando que el hallazgo de un trozo de mandíbula en determinado lugar puede hacer cambiar las teorías sobre el comportamiento de nuestros ancestros. Es un campo abierto donde, a la fuerza, deben funcionar las suposiciones ante la presencia de pocas certezas inmutables. Como eso deja mucha libertad, hagamos un ejercicio de abstracción y pongámonos en situación:
Somos una tribu de cazadores que está recorriendo un paraje indeterminado un millón de años antes de escribir/leer estas líneas. Llevamos una bolsa con algunas lascas de piedra y en las manos palos de madera con puntas toscamente afiladas. Después de un largo día siguiendo a una presa, y una noche de avanzar metro a metro buscando los rastros, empieza un nuevo amanecer.
Rumiamos tubérculos crudos. Están amargos. Tenemos prisa por acabar. Un compañero gruñe, ha encontrado algo. Unas pisadas, tres huellas firmes y una más superficial. Hemos dormitado sólo algunos minutos en toda la noche. Llevamos días privados de proteínas y casi sin agua. Pero la presa tampoco ha podido dormir. Ni beber. Y ya cojea. Hoy conseguiremos carne.
El calor aprieta. Llegamos a vislumbrar a nuestra presa. Lo hacemos varias veces a lo largo de la mañana. Casi podemos saborear ya la carne. El sol está más alto. La temperatura sube. Agarramos las lanzas con fuerza. Los nudillos blancos. Y no paramos. Seguimos trotando.
Y pronto el color también se evaporará de nuestras caras. El aullido largo y prolongado de un depredador ágil y fuerte, más que nosotros, rompe el silencio. Un breve gañido nos alerta, la presa está cerca, pero ya no es nuestra. Otros aullidos se unen al primero. Contra eso no podemos hacer nada. Agachamos la cabeza y nos alejamos, quizás queden algunos restos después, quizás haya que volver a localizar otra presa y empezar el proceso desde cero.
¿Cuantas veces no se habrá dado esto? Que nuestros ancestros, todavía sin flechas o lanzas capaces de perforar pieles gruesas, corriesen horas, días, tan sólo para llegar justo a tiempo de ver que otros depredadores conseguían el premio, y las preciadas proteínas.
El caso es que son ellos, los que no pararon de correr, los que no cedieron ante el desánimo, los que vivieron. Los que nos transmitieron los genes, los que pusieron las bases para lo que somos ahora. Tendrían sus momentos de maldecir en gruñidos, o de estar a punto de rendirse. Pero ya sea por cambiar una situación personal desfavorable, por emprender un nuevo proyecto, por sacar adelante a los tuyos o por hacer funcionar una empresa que te quita horas y horas de sueño, suena un poco a libro de autoayuda, pero en realidad lo llevamos entroncado en nuestro ADN, al final los que ganan son los corredores de fondo.
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 55 segs)
Aunque la antropología no es uno de mis temas favoritos, el post del martes ha sido de los que más he disfrutado escribiendo. Durante las sesiones de lectura e investigación he ido comprobando que el hallazgo de un trozo de mandíbula en determinado lugar puede hacer cambiar las teorías sobre el comportamiento de nuestros ancestros. Es un campo abierto donde, a la fuerza, deben funcionar las suposiciones ante la presencia de pocas certezas inmutables. Como eso deja mucha libertad, hagamos un ejercicio de abstracción y pongámonos en situación:
Somos una tribu de cazadores que está recorriendo un paraje indeterminado un millón de años antes de escribir/leer estas líneas. Llevamos una bolsa con algunas lascas de piedra y en las manos palos de madera con puntas toscamente afiladas. Después de un largo día siguiendo a una presa, y una noche de avanzar metro a metro buscando los rastros, empieza un nuevo amanecer.
Rumiamos tubérculos crudos. Están amargos. Tenemos prisa por acabar. Un compañero gruñe, ha encontrado algo. Unas pisadas, tres huellas firmes y una más superficial. Hemos dormitado sólo algunos minutos en toda la noche. Llevamos días privados de proteínas y casi sin agua. Pero la presa tampoco ha podido dormir. Ni beber. Y ya cojea. Hoy conseguiremos carne.
El calor aprieta. Llegamos a vislumbrar a nuestra presa. Lo hacemos varias veces a lo largo de la mañana. Casi podemos saborear ya la carne. El sol está más alto. La temperatura sube. Agarramos las lanzas con fuerza. Los nudillos blancos. Y no paramos. Seguimos trotando.
Y pronto el color también se evaporará de nuestras caras. El aullido largo y prolongado de un depredador ágil y fuerte, más que nosotros, rompe el silencio. Un breve gañido nos alerta, la presa está cerca, pero ya no es nuestra. Otros aullidos se unen al primero. Contra eso no podemos hacer nada. Agachamos la cabeza y nos alejamos, quizás queden algunos restos después, quizás haya que volver a localizar otra presa y empezar el proceso desde cero.
¿Cuantas veces no se habrá dado esto? Que nuestros ancestros, todavía sin flechas o lanzas capaces de perforar pieles gruesas, corriesen horas, días, tan sólo para llegar justo a tiempo de ver que otros depredadores conseguían el premio, y las preciadas proteínas.
El caso es que son ellos, los que no pararon de correr, los que no cedieron ante el desánimo, los que vivieron. Los que nos transmitieron los genes, los que pusieron las bases para lo que somos ahora. Tendrían sus momentos de maldecir en gruñidos, o de estar a punto de rendirse. Pero ya sea por cambiar una situación personal desfavorable, por emprender un nuevo proyecto, por sacar adelante a los tuyos o por hacer funcionar una empresa que te quita horas y horas de sueño, suena un poco a libro de autoayuda, pero en realidad lo llevamos entroncado en nuestro ADN, al final los que ganan son los corredores de fondo.
martes, 14 de marzo de 2017
Resistencia
"Human life suffers steep inclines on the way through the world. If you don’t keep “endurance” was your watchword as go along, how will you tolerate the thorny undergrowth and the pits and ditches". Hong Zicheng
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 15 segs)
Dice Marvin Harris en su libro "Nuestra especie" que nuestros antepasados australopitécinos (los primeros bípedos) usaban elementos de su entorno al nivel de los chimpancés, lanzando rocas contra potenciales amenazas, aunque estudios recientes parecen indicar que incluso usaban aquellas piedras como cuchillos. El siguiente eslabón, el homo hábilis, ya fabricaba y utilizaba herramientas con más precisión y su cerebro, entre un 40% y un 50% más grande, fue uno de los conductores evolutivos más evidentes. Sólo aquellos con mayor capacidad para fabricar herramientas, usarlas adecuadamente y en el momento preciso, fueron los que pasaron su herencia genética. Pero sus manos, pequeñas y curvas, seguían siendo las manos de una especie acostumbrada a huir subiendose a los árboles y con pocas dotes para la caza mayor.
Todo parece cambiar con el primer homo erectus hace 1,7 millones de años. Su cerebro ya era cerca del 30% más grande que su antecesor y dominaba el uso de hachas, cuchillos y martillos, pero su fabricación apenas había mejorado respecto al hábilis. Y seguía sin dar con la forma de fabricar proyectiles con punta de piedra, fundamentales para atravesar la piel más dura de los animales más grandes. Según Marvin Harris las mejoras en la factura de herramientas, aunque evidentes, no justificaban ese 30% extra de cerebro.
Entonces, ¿en que se empleaba ese tamaño extra? El cerebro es un órgano costoso de mantener, en reposo consume cerca del 20% de la energía que gasta el cuerpo. No es un "avance" que se desarrolle sin más, generaciones y generaciones de humanos primitivos fueron modelando ese cambio a través de la selección natural, aquellos con mayores opciones de supervivencia eran los que tenían más descendencia, y un mayor consumo de energía sin un propósito definido no era precisamente una ventaja competitiva. Si no había mejoras sustanciales en las herramientas, y la organización social había avanzado muy levemente, ¿qué justificaba que los individuos con un consumo más grande de energía perpetuasen su legado?
Según Konrad Fialkowski, la respuesta es: Correr. Un cerebro mayor supone tener más conexiones, y eso suele aportar mayor robustez y seguridad para funcionar, aguantar mejor, por ejemplo, las inclemencias del calor y mantener mayor lucidez para tomar decisiones en plena persecución. Hay otros indicios que apuntan a lo mismo, un cuerpo desprovisto de pelo ayuda a evacuar mejor el calor (a diferencia del pelaje que mantiene temperatura corporal).
Quizás no había proyectiles con puntas de piedra porque no era necesario tener al alcance a la presa, bastaba con seguirla, a través de largas distancias, hasta que caía agotada y es entonces cuando las lanzas de madera afilada se clavaban en la presa, indefensa, casi en cuerpo a cuerpo. El ser humano no es el más rápido de los animales, ni de lejos, pero sí de los más resistentes.
Reproduzco un extracto del libro de Marvin Harris, es especialmente visual y reciente (unos cientos de años en la escala de tiempo de cientos de miles se puede considerar reciente):
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 15 segs)
Dice Marvin Harris en su libro "Nuestra especie" que nuestros antepasados australopitécinos (los primeros bípedos) usaban elementos de su entorno al nivel de los chimpancés, lanzando rocas contra potenciales amenazas, aunque estudios recientes parecen indicar que incluso usaban aquellas piedras como cuchillos. El siguiente eslabón, el homo hábilis, ya fabricaba y utilizaba herramientas con más precisión y su cerebro, entre un 40% y un 50% más grande, fue uno de los conductores evolutivos más evidentes. Sólo aquellos con mayor capacidad para fabricar herramientas, usarlas adecuadamente y en el momento preciso, fueron los que pasaron su herencia genética. Pero sus manos, pequeñas y curvas, seguían siendo las manos de una especie acostumbrada a huir subiendose a los árboles y con pocas dotes para la caza mayor.
Todo parece cambiar con el primer homo erectus hace 1,7 millones de años. Su cerebro ya era cerca del 30% más grande que su antecesor y dominaba el uso de hachas, cuchillos y martillos, pero su fabricación apenas había mejorado respecto al hábilis. Y seguía sin dar con la forma de fabricar proyectiles con punta de piedra, fundamentales para atravesar la piel más dura de los animales más grandes. Según Marvin Harris las mejoras en la factura de herramientas, aunque evidentes, no justificaban ese 30% extra de cerebro.
Entonces, ¿en que se empleaba ese tamaño extra? El cerebro es un órgano costoso de mantener, en reposo consume cerca del 20% de la energía que gasta el cuerpo. No es un "avance" que se desarrolle sin más, generaciones y generaciones de humanos primitivos fueron modelando ese cambio a través de la selección natural, aquellos con mayores opciones de supervivencia eran los que tenían más descendencia, y un mayor consumo de energía sin un propósito definido no era precisamente una ventaja competitiva. Si no había mejoras sustanciales en las herramientas, y la organización social había avanzado muy levemente, ¿qué justificaba que los individuos con un consumo más grande de energía perpetuasen su legado?
Según Konrad Fialkowski, la respuesta es: Correr. Un cerebro mayor supone tener más conexiones, y eso suele aportar mayor robustez y seguridad para funcionar, aguantar mejor, por ejemplo, las inclemencias del calor y mantener mayor lucidez para tomar decisiones en plena persecución. Hay otros indicios que apuntan a lo mismo, un cuerpo desprovisto de pelo ayuda a evacuar mejor el calor (a diferencia del pelaje que mantiene temperatura corporal).
Quizás no había proyectiles con puntas de piedra porque no era necesario tener al alcance a la presa, bastaba con seguirla, a través de largas distancias, hasta que caía agotada y es entonces cuando las lanzas de madera afilada se clavaban en la presa, indefensa, casi en cuerpo a cuerpo. El ser humano no es el más rápido de los animales, ni de lejos, pero sí de los más resistentes.
Reproduzco un extracto del libro de Marvin Harris, es especialmente visual y reciente (unos cientos de años en la escala de tiempo de cientos de miles se puede considerar reciente):
Diversas poblaciones indígenas estudiadas por los antropólogos utilizan a veces durante varios días esta capacidad de capturar presas acosándolas despiadadamente. Entre los indios tarahumaras del norte de México, por ejemplo, «cazar ciervos consiste en perseguirlos durante dos días [y nunca menos de un día]. El tarahumara mantiene al ciervo en movimiento constante. Sólo ocasionalmente vislumbra a su presa, pero la sigue sin equivocarse, ayudado de una habilidad misteriosa para seguir pistas. El indio persigue al ciervo hasta que la criatura cae exhausta, a veces con los cascos completamente desgastados.
viernes, 10 de marzo de 2017
Ampliando formación
"Antes que toda otra cosa la preparación es la clave para el éxito." Alexander Graham Bell
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 20 segs)
El miércoles, en un post con atraso, comentaba que uno de los motivos de esa falta de puntualidad era que me había surgido un curso del Servicio de Empleo. Parece que ahora casi todos los cursos nuevos que van saliendo son Certificados de Profesionalidad: 610 horas de clase y un tramo de 80 horas de prácticas en empresa. Se divide en varios módulos formativos que se pueden hacer de forma independiente y que se conservan, de tal forma que no es necesario hacer las 610 horas seguidas para conseguir el certificado completo, añadiendo flexibilidad y facilitando la formación.
A efectos académicos no tienen mayor trascendencia, no cuentan como estudios mínimos para adquirir méritos por nivel de estudios en una oposición, por ejemplo, pero a nivel laboral capacitan para una serie de labores, y se equiparan a la Formación Profesional. Están reconocidos a nivel europeo y su coste es cero, por tanto es una potente herramienta para reciclar o profesionalizar perfiles.
El que estoy haciendo se denomina "Desarrollo de proyectos de redes eléctricas de baja y alta tensión" (aquí el BOE del curso). ¿Qué puede aportar este curso a alguien que ya es Ingeniero Técnico Industrial de la rama de Electricidad? Me lo iba cuestionando mientras iba de camino al centro de estudios para hacer la prueba de selección.
En su día me llamaron para hacer un Certificado sobre programación y relación con empresas. Sólo hice uno de los módulos de 210 horas que se centraba en la programación en JAVA. En su día lo llamé tercera pata de mi perfil, aunque ahora lo veo más como un rasgo añadido que hace mi perfil más competitivo por flexible (y el firme convencimiento de que la programación es como el Inglés o el diseño 3D, cualquier profesional industrial debería ser competente para tener un perfil atractivo). En este caso, obtener un Certificado Profesional para proyectar redes eléctricas supone ahondar en una formación en la que apenas se incide en la carrera, más centrada en grandes centrales o en aspectos más académicos de la electricidad. Es hasta cierto punto irónico conocer la física de la electricidad pero dudar a la hora de decidir qué cable del mercado es más adecuado.
Por lo pronto, llevamos 24 horas de clase y ya conozco varios distribuidores y donde encontrar sus catálogos, software específico para diseñar acometidas de baja tensión y sus productos más adecuados para ello. Es hora de volver un poco a mi perfil más técnico, que hasta ahora estaba siendo supeditado por el perfil más enfocado a la gestión, a la dirección de proyectos. Es hora de empezar a redondear mi perfil.
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 20 segs)
El miércoles, en un post con atraso, comentaba que uno de los motivos de esa falta de puntualidad era que me había surgido un curso del Servicio de Empleo. Parece que ahora casi todos los cursos nuevos que van saliendo son Certificados de Profesionalidad: 610 horas de clase y un tramo de 80 horas de prácticas en empresa. Se divide en varios módulos formativos que se pueden hacer de forma independiente y que se conservan, de tal forma que no es necesario hacer las 610 horas seguidas para conseguir el certificado completo, añadiendo flexibilidad y facilitando la formación.
A efectos académicos no tienen mayor trascendencia, no cuentan como estudios mínimos para adquirir méritos por nivel de estudios en una oposición, por ejemplo, pero a nivel laboral capacitan para una serie de labores, y se equiparan a la Formación Profesional. Están reconocidos a nivel europeo y su coste es cero, por tanto es una potente herramienta para reciclar o profesionalizar perfiles.
El que estoy haciendo se denomina "Desarrollo de proyectos de redes eléctricas de baja y alta tensión" (aquí el BOE del curso). ¿Qué puede aportar este curso a alguien que ya es Ingeniero Técnico Industrial de la rama de Electricidad? Me lo iba cuestionando mientras iba de camino al centro de estudios para hacer la prueba de selección.
En su día me llamaron para hacer un Certificado sobre programación y relación con empresas. Sólo hice uno de los módulos de 210 horas que se centraba en la programación en JAVA. En su día lo llamé tercera pata de mi perfil, aunque ahora lo veo más como un rasgo añadido que hace mi perfil más competitivo por flexible (y el firme convencimiento de que la programación es como el Inglés o el diseño 3D, cualquier profesional industrial debería ser competente para tener un perfil atractivo). En este caso, obtener un Certificado Profesional para proyectar redes eléctricas supone ahondar en una formación en la que apenas se incide en la carrera, más centrada en grandes centrales o en aspectos más académicos de la electricidad. Es hasta cierto punto irónico conocer la física de la electricidad pero dudar a la hora de decidir qué cable del mercado es más adecuado.
Por lo pronto, llevamos 24 horas de clase y ya conozco varios distribuidores y donde encontrar sus catálogos, software específico para diseñar acometidas de baja tensión y sus productos más adecuados para ello. Es hora de volver un poco a mi perfil más técnico, que hasta ahora estaba siendo supeditado por el perfil más enfocado a la gestión, a la dirección de proyectos. Es hora de empezar a redondear mi perfil.
miércoles, 8 de marzo de 2017
Tiempo
"El tiempo es como un río que arrastra rápidamente todo lo que nace." Marco Aurelio
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 20 segs)
Esta semana los posts van a ser un tanto atípicos debido a que han coincidido en el tiempo varios temas. Por un lado la pantalla de mi ordenador decidió dejar de funcionar el domingo, lo que me ha impedido realizar buena parte de mis funciones habituales. Afortunadamente ya dispongo de una nueva, aunque da que pensar que dependa tanto de equipos informáticos para mi día a día.
Por otro lado he empezado a estudiar alemán con más intensidad. En Agosto estoy invitado a una boda en Suiza, y la ceremonia será en alemán, así que tengo que practicar el conversacional para entender la ceremonia y para interactuar con otros invitados nativos si se da el caso. A diferencia del inglés, que nos rodea y que acabas por aprender casi sin querer, he tenido que dedicar muchas, muchas, horas de esfuerzo consciente y estudio para entender textos técnicos, y todavía estoy perdido en todos los demás aspectos. Ahora es una carrera contrarreloj.
Y, por último, he empezado un Certificado de Profesionalidad que me han llegado a través del Servicio de Empleo. El curso me capacita para proyectar redes de baja y alta tensión, incluyendo proyectos de iluminación interior y exterior. La duración es de 610 horas + 80 horas de prácticas. El problema es encajar 6 horas diarias de clase en mis rutinas ya de por si expansivas en el tiempo, de forma repentina (desde el aviso por móvil, hasta la selección presencial de participantes pasaron apenas 24 horas, y otras tantas para empezar el curso).
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 20 segs)
Esta semana los posts van a ser un tanto atípicos debido a que han coincidido en el tiempo varios temas. Por un lado la pantalla de mi ordenador decidió dejar de funcionar el domingo, lo que me ha impedido realizar buena parte de mis funciones habituales. Afortunadamente ya dispongo de una nueva, aunque da que pensar que dependa tanto de equipos informáticos para mi día a día.
Por otro lado he empezado a estudiar alemán con más intensidad. En Agosto estoy invitado a una boda en Suiza, y la ceremonia será en alemán, así que tengo que practicar el conversacional para entender la ceremonia y para interactuar con otros invitados nativos si se da el caso. A diferencia del inglés, que nos rodea y que acabas por aprender casi sin querer, he tenido que dedicar muchas, muchas, horas de esfuerzo consciente y estudio para entender textos técnicos, y todavía estoy perdido en todos los demás aspectos. Ahora es una carrera contrarreloj.
Y, por último, he empezado un Certificado de Profesionalidad que me han llegado a través del Servicio de Empleo. El curso me capacita para proyectar redes de baja y alta tensión, incluyendo proyectos de iluminación interior y exterior. La duración es de 610 horas + 80 horas de prácticas. El problema es encajar 6 horas diarias de clase en mis rutinas ya de por si expansivas en el tiempo, de forma repentina (desde el aviso por móvil, hasta la selección presencial de participantes pasaron apenas 24 horas, y otras tantas para empezar el curso).
viernes, 3 de marzo de 2017
Pan
"A falta de pan, buenas son tortas." Refrán español
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 45 segs)
Hace un par de meses descubrí una marca de bebidas en polvo, tienen un catálogo con decenas de sabores y se caracteriza por usar sólo colorantes naturales y stevia como edulcorante. Suele venderse en algunos gimnasios o tiendas de nutrición. Aunque al principio lo compré para enmascarar el sabor de las pastillas potabilizadoras que llevo en el kit de emergencia de las excursiones, lo cierto es que lo he añadido como producto de consumo habitual como alternativa para los refrescos azucarados.
Aunque tienen varios formatos yo compro el más pequeño, un stick que da para preparar entre 500 y 1000 mililitros, en función de mi experiencia previa con el sabor frente a la concentración. Cada stick son 13 céntimos, y genera sorpresas en mi entorno por el bajo precio, pero cualquier refresco de 330 mililitros de los más habituales te cuesta entre 40 y 50 céntimos, y en ese precio hay que incluir el coste del envase (una lata frente a un sobre de papel), el agua ya incluida en el refresco (y el transporte, a más volumen y peso, más coste) y la publicidad. Al final el coste por litro es similar.
Puede parecer que compiten por precio pero su público objetivo es distinto.
Existen casos muy variopintos de competencia dentro del mismo sector. Me remonto a 1993, no por ser el último, pero si de los más peculiares. Yo era sólo un crío y aún así recuerdo comentarios inconexos, que más de una década después encajaron mientras estudiaba "la guerra del pan" en las clases de economía en la Universidad.
Uno de los empresarios que fabricaba pan, en un momento en el que era más común comprarlo en la panadería que en el supermercado, decidió bajar el precio ostensiblemente. Todavía en pesetas, decidió empezar a venderlo a 25 pesetas en lugar de las 40 habituales. Los competidores decían que vendía por debajo del coste, haciendo dumping, o que usaba materias primas que no pasarían controles de calidad. Puede que en las panaderías todo quedase en una campaña comercial de cara al consumidor, pero en los polígonos, al menos en el de mi ciudad, se llegó a boicotear los vehículos de reparto con ruedas pinchadas y lunas rotas.
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 45 segs)
Hace un par de meses descubrí una marca de bebidas en polvo, tienen un catálogo con decenas de sabores y se caracteriza por usar sólo colorantes naturales y stevia como edulcorante. Suele venderse en algunos gimnasios o tiendas de nutrición. Aunque al principio lo compré para enmascarar el sabor de las pastillas potabilizadoras que llevo en el kit de emergencia de las excursiones, lo cierto es que lo he añadido como producto de consumo habitual como alternativa para los refrescos azucarados.
Aunque tienen varios formatos yo compro el más pequeño, un stick que da para preparar entre 500 y 1000 mililitros, en función de mi experiencia previa con el sabor frente a la concentración. Cada stick son 13 céntimos, y genera sorpresas en mi entorno por el bajo precio, pero cualquier refresco de 330 mililitros de los más habituales te cuesta entre 40 y 50 céntimos, y en ese precio hay que incluir el coste del envase (una lata frente a un sobre de papel), el agua ya incluida en el refresco (y el transporte, a más volumen y peso, más coste) y la publicidad. Al final el coste por litro es similar.
Puede parecer que compiten por precio pero su público objetivo es distinto.
Existen casos muy variopintos de competencia dentro del mismo sector. Me remonto a 1993, no por ser el último, pero si de los más peculiares. Yo era sólo un crío y aún así recuerdo comentarios inconexos, que más de una década después encajaron mientras estudiaba "la guerra del pan" en las clases de economía en la Universidad.
Uno de los empresarios que fabricaba pan, en un momento en el que era más común comprarlo en la panadería que en el supermercado, decidió bajar el precio ostensiblemente. Todavía en pesetas, decidió empezar a venderlo a 25 pesetas en lugar de las 40 habituales. Los competidores decían que vendía por debajo del coste, haciendo dumping, o que usaba materias primas que no pasarían controles de calidad. Puede que en las panaderías todo quedase en una campaña comercial de cara al consumidor, pero en los polígonos, al menos en el de mi ciudad, se llegó a boicotear los vehículos de reparto con ruedas pinchadas y lunas rotas.
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