viernes, 3 de marzo de 2017

Pan

"A falta de pan, buenas son tortas." Refrán español

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 45 segs)

Hace un par de meses descubrí una marca de bebidas en polvo, tienen un catálogo con decenas de sabores y se caracteriza por usar sólo colorantes naturales y stevia como edulcorante. Suele venderse en algunos gimnasios o tiendas de nutrición. Aunque al principio lo compré para enmascarar el sabor de las pastillas potabilizadoras que llevo en el kit de emergencia de las excursiones, lo cierto es que lo he añadido como producto de consumo habitual como alternativa para los refrescos azucarados.

Aunque tienen varios formatos yo compro el más pequeño, un stick que da para preparar entre 500 y 1000 mililitros, en función de mi experiencia previa con el sabor frente a la concentración. Cada stick son 13 céntimos, y genera sorpresas en mi entorno por el bajo precio, pero cualquier refresco de 330 mililitros de los más habituales te cuesta entre 40 y 50 céntimos, y en ese precio hay que incluir el coste del envase (una lata frente a un sobre de papel), el agua ya incluida en el refresco (y el transporte, a más volumen y peso, más coste) y la publicidad. Al final el coste por litro es similar.

Puede parecer que compiten por precio pero su público objetivo es distinto.

Existen casos muy variopintos de competencia dentro del mismo sector. Me remonto a 1993, no por ser el último, pero si de los más peculiares. Yo era sólo un crío y aún así recuerdo comentarios inconexos, que más de una década después encajaron mientras estudiaba "la guerra del pan" en las clases de economía en la Universidad. 

Uno de los empresarios que fabricaba pan, en un momento en el que era más común comprarlo en la panadería que en el supermercado, decidió bajar el precio ostensiblemente. Todavía en pesetas, decidió empezar a venderlo a 25 pesetas en lugar de las 40 habituales. Los competidores decían que vendía por debajo del coste, haciendo dumping, o que usaba materias primas que no pasarían controles de calidad. Puede que en las panaderías todo quedase en una campaña comercial de cara al consumidor, pero en los polígonos, al menos en el de mi ciudad, se llegó a boicotear los vehículos de reparto con ruedas pinchadas y lunas rotas. 

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