viernes, 31 de marzo de 2017

Aikido

"Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender." Marie Curie

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 30 segs).

Durante unos meses hice Aikido en la Universidad, tenía un hueco de 50 minutos entre clases, prácticas y trabajo (todo en la propia universidad) y no sabía como rentabilizar ese tiempo, así que me apunté a la primera actividad que me llamó la atención y que durase los 6 meses que iba a extenderse esa situación.

En tan poco tiempo no aprendí más que a "caer y rodar", para no hacerme daño, pero algunas clases dirigidas a alumnos más avanzados tenían más aspecto de arte marcial, al menos de lo que un occidental espera de un arte marcial. Una de las lecciones trataba de enseñar a defenderte de un atacante con un cuchillo, y casi todas las pautas eran para mantener al atacante a una distancia prudencial, hablando y girando en torno suyo, hasta encontrar una via de escape para salir corriendo. Muy bueno hay que ser para desarmar a alguien con un cuchillo, que si además es bueno manejándolo no pinta bien para la potencial victima. La solución obvia era volar.

La idea de fondo del Aikido es repetir los movimientos una y otra vez, hasta la saciedad, hasta que tu cuerpo (más bien el cerebro) adquiere la mecánica y, cuando hace falta, actúa sólo. Busca la fluidez sin que medie el pensamiento racional, transformar "al enemigo en amigo" a base reaccionar sin excentricidades, controlado por las cientos, miles de repeticiones, de un mismo movimiento. Cuando la solución sea afrontar el peligro, al menos hacerlo con menor carga de estrés.

Hace ya algunos años de eso, pero el otro día corriendo bajo la lluvia mi cuerpo simplemente siguió la inercia de rodar cuando resbalé, y acabé de nuevo de pie con el mismo impulso. Un poco más mojado, pero ileso. Un buen entrenamiento, una buena formación, y nuestro instinto se amoldará casi a cualquier situación.

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