"Las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito." Thomas Alva Edison
(tiempo de lectura medio estimado: 2 min y 10 segs)
Hace un par de años, en el Camino de Santiago, coincidí con un estadounidense de mi edad. Era un tipo franco, directo, de carcajada fácil y que no hablaba nada de español... otro miembro del grupo, y yo mismo, eramos los únicos que podíamos comunicarnos con él por la barrera idiomática.
Íbamos los dos con heridas por culpa de las botas, así que preferíamos mantener el ritmo constante y no parar a descansar, porque cada nueva puesta marcha era un poco molesto. Ya por las mañanas era un suplicio arrancar en frío. Así que compartimos muchos momentos de charla mientras abríamos la marcha del grupo. Al hacer el “Primitivo” la afluencia de peregrinos era más bien baja y las infraestructuras escasas, por tanto coincidíamos todos en el mismo albergue al inicio y final de cada etapa.
Me comentaba que su hermano era constructor y él contratista. Trabajaban la mayor parte del tiempo juntos, porque su hermano era el dueño de la maquinaria más pesada para hacer edificios de varias plantas, pero necesitaban cuadrillas externas para el trabajo más fino, que era lo que él gestionaba.
Hace unos días me escribió, su hermano había tenido que vender la mitad de los activos porque otra empresa, de las grandes, había abierto una delegación y le estaba haciendo una competencia feroz. Y me comentaba que estaban decididos a dar el paso a la búsqueda de oro, bromeando con dejarse barba larga, coger un sombrero de ala, un chaleco y a dar saltitos en círculos al más puro estilo dibujo animado (por alguna extraña razón, entendí la referencia). Me mandaba unas cuantas fotos de maquinaria que debían comprar, alguna del tamaño de un vagón de tren, y me hacía un par de preguntas sobre el cuadro de potencia de las mismas, conocimientos que quedaban fuera de mi alcance pero que ya solventé con varias horas de búsqueda en libros y manuales. Una pena no poder hacer un viaje al otro lado del Atlántico para verlas en persona.
Más que el hecho peculiar de intentar buscar oro, me sorprende la forma de afrontar las cosas, que ya no se si va en la genética de la nacionalidad, en la cultura, o sencillamente que este tipo y su hermano son peculiares. En este par de años en los que no he tenido una ocupación definida, he mirado franquicias con mi hermano (un paralelismo que viene limitado, bastante, por la cantidad de inversión que estamos dispuestos a asumir), he hecho cursos, revisado y corregido proyectos por mi cuenta y preparado una interinidad para dar clases de Formación Profesional. Todo muy conservador, paso a paso, siempre con planes b, aún con grandes franjas de tiempo en las que no buscaba trabajo activamente por tener otros proyectos en marcha, pero sin cerrar puertas y siempre echando vistazos a portales de empleo, o enviando el CV a los contactos que me lo pedían.
Estos hermanos simplemente van a vender todo lo que les queda de la anterior empresa y un rancho familiar, a liquidar lo que han conseguido en una década de trabajo, y van a empezar de cero a miles de kilómetros de su familia. Supongo que tendrán miedo, pero lo asumen con naturalidad. Desde luego la maquinaria realmente pesada, el músculo del proyecto, son ellos.
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