"La ley de la necesidad hace elocuente." Honoré de Balzac
(tiempo de lectura medio estimado: 2 min)
Con 16 años jugaba a Warhammer, un juego de estrategia con miniaturas de 27 milímetros. Una variante famosa y muy comercial de los wargames, un hobbie que tiene su origen en las salas de alto mando de los militares prusianos en el siglo XIX.
La compañía que está detrás de esta serie de miniaturas es un gigante de la distribución con tiendas exclusivas y cuyo mayor merito es el haber popularizado que la materia prima más usada para estas miniaturas sea el plástico extruido. Mucho menos consistente que los habituales soldaditos de plomo, pero más barato y menos tóxico.
Con mi economía frágil, un hobbie caro y bastante más tiempo libre que ahora, me dio por buscar como replicar aquellas miniaturas tan caras. Cada miniatura costaba en torno a 5 euros y el ejercito diseñado para jugar tenía dos centenares de miniaturas, había margen para prueba y error antes de que fuera rentable comprarlas sin más.
Me puse en contacto con una tienda en Madrid que vendía siliconas de todo tipo. Opté por una ligeramente rígida que mantendría los detalles de una miniatura y con alta resistencia al calor para lidiar con varios materiales. Hice el primer molde en dos piezas con un resultado lamentable, pero el segundo ya tenía una calidad bastante aceptable. Coincidió con una excursión del instituto a una serie de plantas de reciclaje, y allí vi una máquina que era capaz de fundir plástico. Hablando con el técnico me dijo que era una locura, que el nivel de detalle iba a ser ínfimo, hicimos la prueba y el resultado fue bastante pobre... el material no estaba en escamas o en polvo, por lo que al fundir se creaban burbujas y la potencia de la extrusión estaba bien para llenar un molde rectangular y plano para crear recuerdos a los estudiantes que se pasaban por allí, pero demasiado baja como para rellenar huecos finos de un molde con detalles.
Aunque las pruebas con estaño fundido fueron bastante mejor, dejé el proyecto a medias porque me enteré de las implicaciones legales y morales de clonar miniaturas que no has diseñado tú, incluso aunque fuera para uso personal (ayudó mucho conocer a un tipo, tercera generación de una familia que se había dedicado a vender miniaturas toda su vida, y tenía que cerrar el negocio por el descenso brutal de ventas). Aún así, la experiencia de trabajar con distintos materiales fue enriquecedora.
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