"Ninguna nación fue arruinada jamás por el comercio."
Benjamin Franklin
(tiempo de lectura medio estimado: 2 min y 5 segs)
Esta mañana he tenido que escribir a un antiguo profesor para
consultarle unas dudas sobre un proyecto que estoy revisando.
Aprovechando la cordialidad del segundo email (acordándose de mi
paso por Investigación) le he preguntado sobre su visión sobre una
posible segunda crisis mundial. La desaceleración de China, la caída
del comercio mundial, el Brexit, etc.
En primer lugar me ha confirmado lo que ya he comentado en un par de
ocasiones, si bien es cierto que China desacelera, es debido al
crecimiento de otros países satélite donde se deslocaliza la
producción del gigante asiático. Y, aún con todo, nuestra
exposición es más limitada. Más le preocupa el Brexit, pero confía
en que en el referéndum opten por quedarse o, en caso contrario, que
la sinergia que se destruye con ellos surja con más fuerza entre
otros países. Si, tal y como vaticinan algunos, su economía se
deprime un 10%, la economía europea cubra ese crecimiento con la
creación de relaciones comerciales entre países todavía europeos.
Y sobre la caída del comercio mundial me ha pedido que relea bien
las noticias, y si no, que vaya a las fuentes. Pues bien, una lectura
más aproximada, y sutil, desvela que ha caído el dinero total en
movimiento, en torno al 15% o 20%, igual que sucedió justo al
principio de la crisis de 2008 pero si nos fijamos en el volumen de
mercancías, estas han aumentado un 3%.
Por tanto, el tema es más el precio que el volumen comerciado. Antes
de 2008 veníamos de un crecimiento continuado y una expansión
salvaje debido al crédito fácil. Mientras en España nos
dedicábamos a construir y comprar viviendas al mismo ritmo que el
resto de Europa en conjunto, otros países mejoraban las técnicas de
minado, de extracción de petroleo o de reciclaje. Así que aunque la
demanda de materias primas y productos crece por debajo de las
expectativas, sigue haciéndolo a un ritmo adecuado, pero la oferta
es enorme y por encima de las necesidades reales, por lo que el
precio se desploma. Se comercia lo mismo, pero a mejor precio, por
tanto el dinero en movimiento, a menudo sólo reflejado en pantallas
de ordenador, es menor. Pero la economía real sigue fabricando.
El ejemplo más claro es el petroleo, el crecimiento de consumo se ha
moderado pero no ha caído. Algunos países, como España, consumen
menos, pero se compensa con el mayor consumo de los países
emergentes. Se ha distribuido su consumo, por así decirlo, y
aumentado el total ligeramente, sin embargo el precio por barril se
ha desplomado a un tercio de su valor reciente. Las mejores técnicas
de extracción permiten alcanzar a menor coste aquellas capas de
crudo que hace unos años eran inviables o la entrada de nuevas
formas de extracción que hasta ahora no existían.
Mientras que el consumo ha aumentado, aunque sea en un par de puntos
porcentuales, realmente el dinero que mueven es bastante inferior.
Una mala noticia para productores que tardarán más en amortizar inversiones, una buena noticia para países
industrializados que pueden obtener materias primas a mejor precio
para revitalizar el parón forzado por la crisis que todavía colea.
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