"Cuando miras mucho tiempo el interior de un abismo, el abismo también mira tu interior." Nietzsche
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 10 segs)
Los
lamentables atentados en París y Bruselas han adquirido dimensiones
que, por ejemplo, no tuvieron los de Madrid o los de Londres, en gran
medida por la actual existencia de redes sociales que emiten mucha más
información más transversal, con menos control y filtros. Actualmente se pueden documentar los atentados de forma muy cruda, desde el minuto cero, y desde el mismo origen. Imágenes, vídeos y testimonios que impactan en nosotros antes incluso de haber asimilado que ha sucedido.
Tanta difusión obliga, hasta cierto punto, a emplear muchos
más recursos en seguridad, y ya no es tanto una necesidad real para
evitar atentados (que se evitan con servicios de inteligencia más
que a pie de calle de forma espontánea), como algo necesario para dar
tranquilidad a una población que debe seguir su día a día para mantener
el sistema, siempre en un frágil equilibrio de suministro. Es visible en
Atocha, por ejemplo, parejas de policías con armas largas. Imagino que
Bruselas debe parecer una ciudad militarizada de otros tiempos más oscuros para Europa.
Hace unos días un alto mando español de la lucha antiterrorista
confirmaba en televisión que estos niveles de alerta son insostenibles a
largo plazo, ni la gente, especialmente los no acostumbrados europeos, ni los presupuestos policiales aguantaban
tanta presión. Después de cada atentado se hace un esfuerzo extra para aumentar la visibilidad de presencia policial, pero que se va diluyendo al mismo ritmo que se atenúa el impacto social. Incidió en que el trabajo se seguía haciendo, pero que un estado de emergencia no era lo idóneo ni para ellos, ni para el ciudadano medio.
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