martes, 22 de marzo de 2016

Sobre el papel

"Planear: preocuparse por encontrar el mejor método para lograr un resultado accidental." Ambrose Bierce

(tiempo de lectura medio estimado: 4 mins y 15 segs) 


Esta semana sólo publicaré una vez, hoy, aprovechando la Semana Santa y mi viaje en curso. Así podré explayarme y romper la regla de los 2 minutos (espero que no me pase factura a la hora de mantener la atención del lector).

Hyperloop, un proyecto esbozado por Elion Tusk y con medio centenar de ingenieros trabajando gratis, está suscitando ilusión y escepticismo a partes iguales. Ya he hablado de ello aquí. Un proyecto con tantas incógnitas supone un reto que todo ingeniero sabe apreciar, y una oportunidad de negocio que todo empresario debería admirar. En mi caso, y sin desmerecer los dos aspectos anteriores, lo que de verdad me apasiona es la logística que hay detrás, tanto para su construcción como para su funcionamiento, quizás porque es el campo que más dificultades entraña y al que más le doy vueltas.

Una parte importante del proyecto reside en que será rápido porque las estaciones de carga y descarga de viajeros estarán perfectamente sincronizadas y los viajeros tardarán 3 minutos en llenar las cápsulas. Por la estructura que hay que construir los viajes demasiado largos son inviables, y si el tiempo de carga es largo, los viajes cortos no merecen la pena dado que el tiempo ganado en el trayecto apenas compensaría el tiempo extra en la carga frente a otras opciones ya consolidadas.

Este sábado, en Atocha, el tren de Media Distancia que me llevaba a mi destino ha duplicado el número de vagones frente a lo que sería un día normal. No añaden vagones sin más, si no que si una composición normal consta de 5 vagones, unen dos composiciones independientes para formar una sola.

Alguien ha debido cometer un pequeño error en el sentido de la marcha, o quizás simplemente ha tenido que ser así por capacidad técnica de maniobra, pero en lugar de unir del 1 al 5 y del 6 al 10, han unido del 1 al 5 y del 10 al 6.... Un simple matiz que ha desatado el caos. No siempre funcionan los indicadores externos del vagón, especialmente cuando unen convoyes, por tanto debes confiar en que sigan un orden para llegar a tu asiento.

Personas mayores desorientadas preguntando a todo el mundo, gente corriendo y arrastrando maletas, por megafonía anunciando la salida inminente (ya con retraso), un tipo que intentaba entrar en el vagón 8, cuya puerta estaba defectuosa, intuyo que contagiado por el nivel de tensión del entorno ha empezado a aporrear la puerta pensado que el tren se iba sin más. 
 
Tanto era el caos en el anden que me fue más sencillo subir por escaleras mecánicas hasta la plataforma superior que hay en Atocha-Cercanías, cambiar de anden, recorrerlo hasta mi vagón, y volver a usar la plataforma para llegar de nuevo al andén de mi tren. Antes de subir, ayudé a dos personas mayores con el equipaje que no paraban de quejarse por el caos organizativo. En los vagones la gente se apiñaba por cruzar de uno a otro buscando su asiento, bregando con las maletas de otros que llenaban un, ya de por si, estrecho espacio para ir en dirección contraria.

Viajo cada 2 o 3 semanas y esta situación no es usual, ni remotamente, pero al extra de pasajeros por el período vacacional se le ha añadido que viajan personas que no lo hacen habitualmente y su falta, comprensible, de seguridad para afrontar imprevistos ha ralentizado todo. No se si el que ha calculado el tiempo de carga en 3 minutos ha tenido en cuenta que a veces los errores suceden, y que el usuario final no siempre ha adquirido ciertas pericias para actuar como una máquina, pero a menudo lo que planeas sobre el papel no funciona en la realidad.

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