"No mido el éxito de un hombre por lo alto que llega, sino por lo alto que rebota cuando toca fondo" General George Patton
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 45 segs)
Hace unos años vi en un documental como los chimpancés en estado salvaje se agrupaban para defender sus zonas, llegando al punto de establecer pequeñas patrullas fronterizas, que recorrían los bordes de sus dominios para evitar que otros chimpancés cazasen o recolectasen de "sus" reservas. Me pareció bastante impresionante que practicasen el concepto de establecer patrullas. Y si surgía la necesidad de luchar no eran una horda voraz de simios, si no que se coordinaban para atacar desde varios frentes.
He escrito en este blog sobre su capacidad de tomar decisiones de supervivencia y, el martes pasado, sobre su capacidad de entender la cooperación. Ya no es tanto un interés genuino por el mundo animal si por la capacidad de entendimiento y adaptación.
El primer año que trabajé en Irlanda, uno de los compañeros monitores se dispersaba mucho, y mientras otras dos compañeras, y yo mismo, trabajábamos a destajo durante 12 horas, él desaparecía para ir a desayunar a su casa o para dedicar tiempo a sus ligues. Al cabo de unos días el coordinador se dio cuenta y habló con él, sin resultados palpables. La segunda charla fue ya con todo el equipo delante y nos preguntó a los demás si preferíamos tenerle en el equipo y ver si mejoraba o si preferíamos echarle, con su segunda oportunidad malgastada, y repartir la compensación económica que recibía. A efectos era hacer el mismo trabajo que ya habíamos asumido de forma natural, pero cobrar más (en mi caso, cobrar algo, ya que como español mi "sueldo" era prácticamente hacer el viaje gratis con alojamiento incluido y clases intensivas, que no era poco).
Yo ya estaba haciendo números sobre a cuanto tocaríamos. Pero mis dos compañeras en seguida afirmaron que era mejor tenerle en el equipo, que estábamos a mitad de curso y confiaban en él. En ese momento yo me sentí como el mono capuchino del segundo experimento que comentaba el martes, tenía ganas de coger el pepino y lanzarlo. Sencillamente no lo veía justo. Sí, me gustaba mi trabajo, y no me importaba echar todas las horas necesaria porque disfrutaba bastante, pero necesitaba sentir retribuida esa dedicación por encima de lo que mi compañero recibía por no hacer casi nada.
Con el tiempo, ese monitor se convirtió en amigo, y me confesó que los otros 10 meses que no dedicaba a trabajar en el curso se dedicaba a beber en el garaje. La llegada de los españoles suponía una brisa de aire fresco en su vida, y que ese primer año le costó mucho hacerse al ritmo que traíamos. El coordinador del curso me dijo que lo sabía y que le permitía más porque necesitaba ayuda y nosotros eramos esa ayuda, pero que confiaba en que mejoraría. Me explicó por qué yo "recibía pepino", y me valió para adaptarme. En los años siguientes yo seguía tirando más del carro, le echaba más horas y tenía más funciones y responsabilidades autoasignadas, pero su forma de trabajar mejoró mucho, y cada año se notaba más su aporte hasta que al final nos equiparamos.
Saber como se relacionan los simios y como cooperan es interesante para gestionar grupos de humanos, aunque tenemos una mayor capacidad, es innegable, nuestros instintos primarios no se diferencian tanto. No se si el coordinador del curso, jefe, y al final amigo, había visto
el vídeo de los monos, pero supo gestionar las frustraciones primarias de su novel equipo para que en el largo plazo fuera más competente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.