viernes, 28 de julio de 2017

Cerebro

"Antes de negar con la cabeza, asegúrate de que la tienes" Truman Capote

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 45 segs)

Llevo 3 semanas girando en torno al mismo tema. En primer lugar, a las posiciones que podemos tomar en una reunión de equipo para afrontar un tema común. Y las posibles dinámicas para hacer avanzar la solución de un proyecto.

La semana pasada coincidió la difusión del estudio sobre imágenes manipuladas y los resultados, más bien pobres, de detección de trucajes en la imagen. Un 60%, cuando ya estamos avisados de la posibilidad de que hayan sido editadas, es realmente bajo. Incluso con unas pautas sobre qué buscar el porcentaje no mejora más que sensiblemente. Es difícil llevar la contraria a nuestros propios ojos.

Esta semana ha tocado hablar sobre el cerebro, no es la primera vez, ni será la última. Soy un ingeniero que atesora conocimientos diversos y peculiares. Muy peculiares.

He tenido algunas experiencias enriquecedoras en las ultimas semanas. Una de ellas fue una dinámica de grupo para un puesto de trabajo en determinada empresa. La dinámica consistió en buscar una solución a un problema de la propia empresa, con el fin de que debatiésemos, intentásemos explicar nuestros puntos de vista y demostrar la capacidad de trabajo en equipo, en este caso con otros candidatos. Lo interesante es que el puesto es una beca, espectacular pero beca, y los aspirantes muy jóvenes, pocos pasamos la treintena, y casi sin experiencia.

En el polo opuesto, estuve en un debate sobre fiscalidad a raíz de un mensaje de whatsapp que está circulando. En ese grupo soy el más joven, la experiencia rebosa en el resto de componentes y aunque el tema de debate se alejaba de nuestro gremio (ingeniería), no quedaba tan lejos como para no poder razonar con cierto criterio, incluso cuando carezcamos de los datos concretos. Decidí participar activamente porque, por mi otra formación (MBA), sí era una voz relativamente autorizada.

En el primer caso por inexperiencia, y cierta candidez, y en el segundo por ideología, y sin rastro alguno de candidez, se dijeron, y mantuvieron, algunas cosas poco defendibles desde un punto de vista “profesional”. Me chocó porque en una dinámica de una entrevista de trabajo para titulados universitarios y en un foro de técnicos se espera cierto grado de análisis.

Pero nuestro cerebro tiene sus propios mecanismos, trata de protegerse, en ello le ha ido la  supervivencia durante cientos de miles de años. Estamos programados para no cuestionar nuestras ideas. Cuando alguien nos lleva la contraria, se activa el mecanismo “fight or flight”. El análisis pormenorizado no es una de sus prioridades.

A mi me pasa, y eso que tengo fama de ser un tipo tranquilo que sabe manejar los tiempos. Pero hay veces que simplemente me quito el sombrero gris, lo tiro bien lejos, y me sale el primate interior. Muy metafóricamente. No perderé las formas, pero noto como pierdo capacidad racional y mis decisiones se vuelven más instintivas.

Es inevitable, antes o después el cerebro primitivo va a influir en nuestra capacidad de debatir, de negociar o de trabajar en equipo, y no es razonable. No siempre es malo, pero a veces irá en contra de nuestros intereses o los de nuestra empresa (creados a partir de estructuras sociales, alejadas de los instintos primarios). ¿No será mejor cultivar la parte analítica y llevar ese trabajo hecho de antes para evitar deficiencias ya metidos en faena? Aunque a veces parezcamos algo repelentes.

martes, 25 de julio de 2017

Rechazo y dolor físico

"La memoria es el centinela del cerebro." William Shakespeare

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 45 segs)

Un estudio de 2013 analizó las implicaciones fisiológicas del rechazo. La conclusión fue que la parte del cerebro que se activa al ser rechazados es la misma que se activa cuando sufrimos dolor físico. Se activan las mismas reacciones e, incluso, el cerebro da la orden de liberar una sustancia opiácea que rellena los huecos entre las neuronas y que trata de mitigar el dolor, sin importar si este es físico o emocional.

Responde a un rasgo evolutivo. Aquellos individuos sensibles al rechazo eran más capaces de modificar las conductas que molestaban a la tribu y así no ser expulsados. El miedo al rechazo es un instinto codificado en los genes. De hecho hay fundamentos fisiológicos para decir que está en los genes: los individuos con mayor capacidad de segregar la sustancia opiácea son más insensibles al rechazo porque el “dolor” se propaga con menor efectividad.

El rechazo tiene el efecto de bajar temporalmente nuestro Coeficiente Intelectual, afecta a nuestra memoria a corto plazo, a nuestra capacidad de toma de decisiones y, además, no es racional. En uno de los estudios se mostraron a varias personas imágenes de otros adultos y les pidieron seleccionar a aquellos con los que creían poder tener una atracción romántica, como si fuera una web de citas. El dolor emocional no se mitigó cuando a los sujetos de estudio se les comunicó que los perfiles que les habían rechazado eran falsos, o cuando se les decía que pertenecían a grupos como el Ku Klux Klan. El dolor estaba ahí, permanecía contra toda lógica, incluso sabiendo que el rechazo era falso y provocado.

Es más, el cerebro apenas es capaz de recrear dolor físico, cuando pensamos en una experiencia físicamente dolorosa, generalmente no somos capaces de evocar de nuevo ese dolor. Sin embargo, cuando la experiencia fue emocionalmente dolorosa o embarazosa, el cerebro activa la misma respuesta y es posible incluso experimentar los mismos efectos rememorando la experiencia traumática de rechazo.

viernes, 21 de julio de 2017

Colchones

"Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver." Proverbio judío

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins)

Cuando estaba haciendo el Camino de Santiago Primitivo comprobamos que las vertientes menos conocidas del Camino de Santiago suelen tener infraestructuras más modestas, nada que ver con el Camino de Santiago Francés, por ejemplo, supongo que el más frecuentado.

Tras una de las jornadas más duras, con ya varios días de cansancio acumulado en hombros y piernas, llegamos a una pequeña aldeita cuyo albergue estaba situado en una ladera, con un paisaje espectacular de fondo. En las fotos que había visto antes del viaje, ese albergue parecía modesto pero cuco, en persona era un poco menos atractivo.

Nada más entrar en el cuerpo principal de la pequeña edificación, la sala de las literas, vimos mucho barro y moscas. O los anteriores peregrinos no lo habían dejado nada bien, o la dejadez era evidente desde hacía días o semanas (nada que ver con lo mostrado en las fotos). La ducha daba reparos, por ser eufemistico. Y por la noche, en la litera de abajo, veía un montón de bichitos negros corretear en el colchón de arriba cada vez que la chica que dormía en la parte alta de la litera se movía.

Tampoco pudimos hacer nada, no había más en 10 km a la redonda, y andando, con ya unos cuantos kilómetros en las piernas, no es fácil decidir dejar algo estable y conocido por algo que no sabíamos si iba a estar igual. Y estaba tan cansado que, a pesar de mi animadversión por insectos varios, simplemente me puse de lado para no ver el colchón de arriba.

No es un negocio, funcionan con la voluntad, creo recordar que tenían establecido un precio voluntario de 3 euros para pagar mantenimiento, luz y agua. Las fotos que pusieron eran cucas por el mero prestigio, no por el dinero.

Pensándolo en retrospectiva, y siempre desde el ocio, más de un hotel o de un restaurante, me ha decepcionado después de ver que la realidad tenía poco que ver con las fotos (y ellos si tienen un afan lucrativo). ¿Cómo no sera a mayor escala con negocios más importantes? ¿O entre empresas cuando se mueven millones de euros?

El estudio que comentaba el martes, más allá de lo anecdótico del estudio y de las imágenes, arroja una conclusión interesante, es posible entrenar nuestra capacidad analítica y crítica para detectar estos fraudes. Y es importante en varios sentidos, tanto en lo personal, como ante responsabilidades laborales.   

martes, 18 de julio de 2017

Imagenes manipuladas

“Lies sound like facts to those who've been conditioned to mis-recognize the truth” DaShanne Stokes

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 25 segs)

Estos días está siendo noticia un estudio sobre la capacidad de la gente para advertir manipulación en las imágenes que vemos online. Ya comentaba la semana pasada que hay que ser muy analíticos porque nuestro cerebro tiende a engañarnos. ¿Y cuando intentan engañarnos desde fuera?.

El estudio, publicado en la revista Cognitive Research: Principles and Implications, expuso a voluntarios a una batería de 10 imágenes distintas, la mitad de ellas sin manipular, y la otra mitad manipuladas de alguna forma (añadiendo elementos, eliminándolos, alargando los existentes, etc). De la base de 707 participantes se infiere que sólo podemos detectar, de media, un 60% de las imágenes manipuladas, y tan sólo podemos encontrar el elemento exacto manipulado en un 45% de las ocasiones.

La autora, Sophie Nightingale, habla de la importancia de este estudio en un momento en el que la tecnología nos bombardea con imágenes constantemente y estamos expuestos a fuentes manipuladas. Cualquiera puede ser víctima de una noticia falsa e, incluso, modificar los recuerdos que tenemos manipulando el material gráfico disponible.

En otro experimento posterior se indicó a los nuevos participantes algunas pautas para encontrar las manipulaciones, y aunque apenas mejoró la detección de imágenes manipuladas hasta el 65%, los participantes fueron capaces de señalar con mayor precisión los elementos manipulados, lo que, a juicio de los autores, significa que unas pautas más focalizadas ayudan a detectar en qué formas somos manipulados, y que hay que incidir en encontrar métodos que mejoren la percepción de estar siendo manipulados.

viernes, 14 de julio de 2017

Sombrero gris

"Ningún hombre es lo suficientemente sabio por sí mismo." Platón

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 40 segs)

A raíz del post del martes, me ha llegado algún mensaje en el que me señalaban que había hecho mucha incidencia en el sobrero negro intentando explicarlo más detalladamente. Y, efectivamente, es la postura que suelo tomar de forma natural.

En el día a día no suelo lleva la contraria a casi nadie, cada uno tiene su punto de vista y suelo tener bastante empatía al respecto. Pero en el entorno laboral sí suelo ser un poco más crítico con las cosas que no veo del todo claras, y eso me viene por formación. Me gusta empaparme en datos (también me gusta "llevar" el sombrero blanco) e, inevitablemente, me lleva a cuestionar lo que veo, es mi trasfondo científico el que manda ahí. Digamos que lo mio es un sombrero gris.

Si en mi día a día no soy crítico, y mi científico interior se queda calladito, ¿por qué serlo en proyectos laborales? Soy plenamente consciente de que el cerebro nos hace trampas de forma instintiva y es prioritario parar y analizar.

Mi postura es totalmente constructiva, y si ya hay otro crítico en el grupo, me posiciono más en el lado de buscar soluciones creativas, pero considero necesario que haya siempre alguien que busque los puntos débiles, porque es mejor buscarlos cuando todavía hay solución en una fase inicial que tener que apresurarse cuando ya es tarde y el proyecto peligra, o ya hemos invertido demasiado y dar marcha atrás supone un sacrificio.

Es un poco la filosofía del "décimo hombre", esta regla que se popularizó en la película "Guerra Mundial Z" como un sistema de la inteligencia israelí que les salva inicialmente del desastre y se basa en que si hay 9 personas de acuerdo en algo, la décima debe dudar y cuestionar. Nada puede pasar por alto, incluso cuando parece evidente que no hay peligro. No hay indicios de que realmente usen esa regla, pero sí he leído que suelen tener equipos que analizan tesis improbables con una finalidad parecida. La idea es anticiparse a los problemas antes de que surjan, incluso cuando todo parece ir bien.

martes, 11 de julio de 2017

Seis sombreros

"La curiosidad y el afán de resolver dilemas constituyen el sello distintivo de nuestra especie" Carl Sagan

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 25 segs)

En las tomas de decisiones grupales, en las que hay que debatir un tema, es difícil llegar a un acuerdo común, especialmente si el número de asistentes es alto. Jeff Bezos instauró la regla de las dos pizzas, si una reunión necesita más de dos pizzas para comer es que hay demasiada gente, precisamente para evitar grandes reuniones improductivas.

Pero incluso en pequeños grupos hay situaciones en las que se llega a un punto muerto por la incapacidad de llegar a entendimientos. Habrá ocasiones, especialmente en negociaciones económicas, en las que la mejor decisión es simplemente levantarse de la mesa, pero dentro de la misma empresa eso no es tan fácil, ni recomendable.

Para llegar a puntos de acuerdo el psicólogo Edward de Bono ha diseñado un sistema en el que prima una especie de empatía a la hora de exponer nuestra ideas. El sistema de los seis sombreros establece unas reglas para aportar ideas a la reunión de forma ordenada y coordinada. Se reparten seis sombreros de distintos colores, y cada color tiene asignada una función, que el portador del sombrero debe intentar desarrollar lo mejor posible.

El portador del sombrero blanco, por ejemplo, debe aportar datos y hechos concretos. Mostrar las facetas del problema más técnicas, sin opiniones propias.

El portador del sombrero rojo expone el problema desde el punto de vista más visceral, aludiendo a emociones y basándose casi en intuiciones.

El sombrero negro tiene un tinte un poco más peculiar y cuesta más definirlo. Responde al juicio negativo, y no significa que haya que ser negativo, ni poner pegas a todo, pero sí analizar el problema y buscar los posibles fallos para construir soluciones en torno a aquellas debilidades que hay que buscar a conciencia.

El sombrero amarillo es el contrapunto, se fija especialmente en lo positivo, y lo exterioriza. Se aísla de lo negativo, para presentar sólo en las ventajas.

El sombrero verde lleva a su portador a tener que esforzarse en el pensamiento lateral, a la búsqueda de alternativas más creativas, a lanzar ideas más creativas.

El sombrero azul lleva al pensamiento analítico sobre la propia reunión, si se está haciendo correctamente, cuando debe intervenir cada tipo de sombrero, recopilar la información que haya ido saliendo. Su función es la de un moderador.

Este sistema se puede usar de forma que cada asistente lleve un tipo de sombrero y se debata, cambiando el tipo de sombrero entre los asistentes para ir variando los puntos de vista. O bien se puede aplicar secuencialmente, todos usan el mismo sombrero metafórico a la vez, si toca actuar desde el sombrero blanco, todos los asistentes intentarán ser asépticos y si se usa el verde, todos creativos.

No hay sistema perfecto, pero existen opciones distintas que ir probando con distintos grupos para ver qué funciona y qué no funciona de cara a mejorar las decisiones que redunden en un mejor rumbo de la empresa.

viernes, 7 de julio de 2017

Construcción

"Ningún hombre es lo suficientemente sabio por sí mismo." Platón

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 45 segs)

Antes del curso de certificación no tenía mucha idea de construcción. Apurando, no tenía tampoco mucha idea de instalaciones eléctricas más allá de la propia teoría estudiada en la carrera. Afortunadamente tengo disposición a aprender y he dado con gente que sabe mucho y de la que he exprimido lo que he podido.

En teoría para las instalaciones eléctricas no es necesario saber de construcción, los esquemas unifilares no entienden de muros, pero ayuda bastante a la hora de diseñar un proyecto completo, tanto en coste como en seguridad. Hay que dar un paso atrás y observar el conjunto, sobretodo si queremos saber por donde pasan físicamente los cables y así poder calcular su recorrido y la longitud total que necesitamos. En una vivienda unos cálculos mal hechos nos llevan a puñado de metros de más, que aumentan poco el coste, en un edificio completo la desviación supone cifras más contundentes (y ni hablar en instalaciones industriales de gran calado).

El otro día hicimos un ejercicio en CYPE, y a pesar de no haberlo usado nunca, avancé bastante gracias a que tengo nociones de Autocad y de diseño 3D. El ejercicio se basaba en un edificio, 2 plantas subterráneas y 5 plantas sobre el nivel de suelo, que serviría de vivienda a 18 familias, con dos locales y una veintena de plazas de garaje. Dado que iba a buen ritmo, el profesor me pidió que calculase también la salubridad y el estudio térmico. Tuve que estudiarme las respectivas normativas para anticipar que fallos iba a darme CYPE, que es muy completo, pero hay que saber qué se hace.

Manejar software siempre se me ha dado relativamente bien, pero tuve que hacer un par de consultas para tener nociones general de por donde hacer pasar los conductos de ventilación, o el hueco más idóneo para lanzar todos los cables que cruzaban desde el cuadro inferior hasta la planta más alta de todas. Ahora tengo algunos conceptos claros y conseguí diseñar todo el edificio en un tiempo más que aceptable. Es buena idea rodearse de gente que sabe.

martes, 4 de julio de 2017

CYPE

"La educación es un ornamento en la prosperidad y un refugio en la adversidad" Aristóteles

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 30 segs)

Llevo un par de semanas aprendiendo a usar el nuevo software de ingeniería que da nombre a este post, de la mano de Cype Ingenieros. Más que un único programa de cálculo, es un conjunto de varias decenas de ellos que abarcan todo lo necesario para el cálculo de instalaciones de un edificio en función de su uso, y cumpliendo la normativa de cada país (podemos elegir entre varios, pero sin duda el más completo es España dado que la desarrolladora es española).

Aunque la función principal de un ingeniero eléctrico debería ceñirse a las instalaciones eléctricas, lo habitual es que en una empresa de ingeniería pequeña o mediana también se encargue de climatización, salubridad, iluminación e, incluso, fontanería. Cype puede encargarse de eso.

Una de las partes más importantes a la hora de afrontar un proyecto es definir bien el edificio, es decir, usar unos planos buenos, con medidas precisas, e ir desarrollando los forjados, los cerramientos y los materiales de suelos y ventanas (hay un amplio catálogo para no tener que hacerlo manualmente) para que el programa pueda calcular donde están las roturas térmicas y los flujos de calor y aire. De nuevo, si las instalaciones son sólo eléctricas será innecesario, pero si ya incluimos climatización o salubridad, es de vital importancia conocer el edificio y los materiales de los que está hecho.

No es difícil, casi un juego, pero requiere de tiempo, organización y meticulosidad. El programa ya se encargará de indicarnos dónde no cumplimos la normativa y propondrá soluciones para solventarlo. Cuando el diseño esté acabado y se hayan corregido todos los errores, generará un presupuesto detallado, un plan de Seguridad y Salud y una memoria, ningún documento es perfecto, pero ayuda bastante para tener una base sobre la que trabajar.