martes, 25 de julio de 2017

Rechazo y dolor físico

"La memoria es el centinela del cerebro." William Shakespeare

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 45 segs)

Un estudio de 2013 analizó las implicaciones fisiológicas del rechazo. La conclusión fue que la parte del cerebro que se activa al ser rechazados es la misma que se activa cuando sufrimos dolor físico. Se activan las mismas reacciones e, incluso, el cerebro da la orden de liberar una sustancia opiácea que rellena los huecos entre las neuronas y que trata de mitigar el dolor, sin importar si este es físico o emocional.

Responde a un rasgo evolutivo. Aquellos individuos sensibles al rechazo eran más capaces de modificar las conductas que molestaban a la tribu y así no ser expulsados. El miedo al rechazo es un instinto codificado en los genes. De hecho hay fundamentos fisiológicos para decir que está en los genes: los individuos con mayor capacidad de segregar la sustancia opiácea son más insensibles al rechazo porque el “dolor” se propaga con menor efectividad.

El rechazo tiene el efecto de bajar temporalmente nuestro Coeficiente Intelectual, afecta a nuestra memoria a corto plazo, a nuestra capacidad de toma de decisiones y, además, no es racional. En uno de los estudios se mostraron a varias personas imágenes de otros adultos y les pidieron seleccionar a aquellos con los que creían poder tener una atracción romántica, como si fuera una web de citas. El dolor emocional no se mitigó cuando a los sujetos de estudio se les comunicó que los perfiles que les habían rechazado eran falsos, o cuando se les decía que pertenecían a grupos como el Ku Klux Klan. El dolor estaba ahí, permanecía contra toda lógica, incluso sabiendo que el rechazo era falso y provocado.

Es más, el cerebro apenas es capaz de recrear dolor físico, cuando pensamos en una experiencia físicamente dolorosa, generalmente no somos capaces de evocar de nuevo ese dolor. Sin embargo, cuando la experiencia fue emocionalmente dolorosa o embarazosa, el cerebro activa la misma respuesta y es posible incluso experimentar los mismos efectos rememorando la experiencia traumática de rechazo.

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