viernes, 7 de abril de 2017

En movimiento

"Yo no viajo para ir a alguna parte, sino por ir. Por el hecho de viajar. La cuestión es moverse." Robert Louis Stevenson

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 20 segs)

Los trenes me evocan una extraña fascinación. Por un lado está el componente más ingenieril, les veo como un elemento logístico de gran valor. No tienen la versatilidad de los camiones, y el desarrollo inicial es más caro, pero cuentan con la capacidad de mover grandes dimensiones de carga a través de largas distancias a una velocidad muy superior al resto de vehículos terrestres, y a un coste muy aceptable (el desarrollo inicial es muy caro, pero los costes de explotación están más contenidos). A parte de que la complejidad técnica de gestionar la red de trenes, y los problemas inherentes de manejar maquinaria pesada, me parece un reto al que no me importaría enfrentarme como parte de mi carrera laboral.

Por otro lado tienen un lado bastante romántico. Mientras que el avión es un mero trámite, aunque muy útil, en el que lo que prima es cubrir grandes distancias, y lo que importa es llegar al otro lado, con los trenes hay toda una corriente de gente que disfruta mucho con el propio viaje, aunque no parece suficiente para salvarlo de los números rojos en EEUU.

Siempre he considerado el Interrail una gran idea para crear más lazos entre países europeos, y quiero sacarme la espinita en los próximos meses de no haberlo hecho todavía. Más de una vez he realizado viajes de fin de semana a ciudades alejadas de la mía para disfrutar del recorrido, especialmente en momentos en los que necesito, por trabajo o por motivos personales, reordenar las ideas. No hay nada como ver pasar el paisaje para empujarte a tomar decisiones que impliquen movimiento.




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