domingo, 30 de abril de 2017

Oportunidades

"Este no es el final de la guerra, ni tan siquiera el principio del fin. Es, tal vez, el final del principio" Winston Churchill, en referencia a la II Guerra Mundial.

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 30 segs).

El tema del martes, el exceso de éxito y la dificultad para gestionarlo a largo plazo, no se ciñe, ni mucho menos, exclusivamente a los barrios de grandes ciudades, aunque el hilo conductor sea la visión urbanística de Jane Jacobs. Ni siquiera se ciñe a productos concretos o campañas determinadas (cómo la de RENFE y sus 25 años de AVE). Puede afectar a toda una empresa y llevarla a la quiebra.

En una charla sobre emprendedores, a la que asistí mientras buscaba como montar un negocio, una de las ponentes había fundado una empresa con un producto novedoso que requería de poca infraestructura, toda la transacción se hacía online y el producto se montaba y enviaba desde la casa de la empresaria, y poco después desde una oficina con un pequeño almacén.

En el momento de la charla había salido de una crisis que por poco se lleva por delante la idea. Había tenido un inicio titubeante, pero tras trabajar duro pudo montar una oficina y contratar gente, el producto tenía unos indices de ventas que crecían mensualmente, y había dado el salto al mercado internacional con mucho éxito. ¿Por qué llegó esa crisis si tenía una buena idea y un público receptivo? Pues porque su idea era tan buena que varios inversores había decidido aportar una gran cantidad de dinero. Y con tanto dinero perdieron la cabeza, duplicaron oficinas, estructuras innecesarias y se esforzaron menos en su producto. Siempre digo que en un entorno sin necesidad suele llevar a soluciones demasiado simples, y a menudo poco eficientes.

A veces, cuando la oportunidad es demasiado buena, nos crecemos, morimos de éxito, y no sabemos gestionar la respuesta posterior que cristaliza el resultado a largo plazo. Aunque he impersonalizado las causas, generalmente hay alguien detrás que es responsable de las decisiones, o de la ausencia de estas. Cómo siempre, ya sea en el plano académico, ya sea en un plano más empírico, creo que una buena formación puede evitarlo.


 (Esta entrada estaba programada para el viernes, 28 de abril, como es habitual. Por algún motivo la aplicación que uso para publicar de forma remota cuando voy a estar fuera ha decidido no funcionar, y no he podido solventarlo hasta tener un ordenador con conexión a red).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.