martes, 2 de mayo de 2017

Análisis de negocio

"Dile a Michael que lo hice por negocio, yo siempre lo quise" Salvatore Tessio, película "El padrino"

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 1 min y 40 segs) 

Una de las grandes carencias entre los emprendedores es su formación en el sector más "económico" de sus negocios. Es decir, la idea la tienen clara, sobran las ganas de trabajar y consiguen financiación, aunque sea arriesgando todo su patrimonio, pero falla un análisis previo del negocio, su viabilidad. Si el tema de la pasada era la muerte por éxito, esta semana toca la muerte por fracaso.

El tema no se ciñe exclusivamente a negocios a baja escala, una tienda de barrio o una pequeña empresa de reformas, aunque sean los que sufren especialmente esa ausencia de conocimientos. Aunque en algunas escuelas técnicas existan asignaturas de economía o proyectos en el temario de las ingenierías, muchos ingenieros salen (salimos) sin mucha idea de cómo plantear un buen análisis de negocio, la formación está más dirigida a calcular los costes en un entorno industrial que a analizar tendencias o viabilidad. Y luego toca enfrentarse a datos que no sabemos manejar y, con prisas o dead-lines próximos, a firmar sin revisar lo que otros departamentos han hecho.

En un análisis medianamente importante intervienen varios agentes: Posibles encuestadores con trabajo de campo, analistas que cocinan los datos, economistas que los interpretan y el proyectista que lo encajan en el plano general. Ingeniería o Dirección de Proyecto no tienen porque saber interpretar todos los ratios, o conocer todos los sistemas de análisis, pero dado que es el responsable final, es de esperar que tengan una serie de herramientas para tener una visión general, especialmente cuando hay tantos tramos fuera de un control directo.

Hay sistemas sencillos, como el TIR y el VAN, que en unos minutos y con un par de fórmulas nos dan una respuesta aproximada de la viabilidad económica y de las tasas de retorno o de los tiempos de inversión. Cada proyecto tiene sus particularidades, y herramientas genéricas no van a resultar útiles siempre, pero una sencilla comprobación, y una llamada al departamento adecuado para que expliquen aquello que no cuadra del todo, pueden salvar líneas de negocio, o empresas enteras. Aunque, sin duda, lo mejor es contar con formación específica algo más avanzada y realizar una revisión propia de los números a los que acabaremos por estampar nuestra firma.

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