viernes, 29 de abril de 2016

Tanques

"Tagh do chomhluadar ma'n tagh thu do dheoch"
"Escoge tu compañía antes de escoger la bebida".
Proverbio irlandés

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 40 segs)

Uno de mis mejores amigos irlandeses es militar, en la armada británica, y me presentó a algunos de sus amigos de infancia, muchos de ellos militares del ejercito irlandés, una salida laboral especialmente prolífica gracias a la base que había muy próxima al pueblo donde se desarrollaba el curso. 

Mi único dia libre, los domingos, lo aprovechaba para irme a sitios poco comunes donde seguro no iba a encontrarme a estudiantes a los que acabar echando la bronca por no estar con sus respectivas familias en el "dia de familia". Monitores y Dirección éramos conscientes de que era absurdo retener a estudiantes de 15 o 16 años en una casa, aunque fuera mejor para su nivel de inglés, y las propias familias tomaban la responsabilidad de dejarlos salir. Un alivio para nosotros dado que las jornadas eran de 9 a 22 y necesitábamos un día a la semana en el que oxigenarse. 

Uno de los domingos en el que la familia que me acogía no había planeado nada, me llevaron a la base militar, y allí uno de mis conocidos me llevó al taller mecánico, donde un pequeño tanque desguazado hacía las veces de tutorial para los nuevos reclutas interesados en mecánica. No era todavía ingeniero, pero ya tenía amplía formación y me quedé un rato mirando la "bestia" allí expuesta (era pequeño entre otros tanques más modernos, pero no por eso dejaba de impresionar). Luego uno de los mandos de la base respondió encantado a mis preguntas, él mismo había empezado como mecánico, mientras no paraba de pedir pinta tras pinta en el pub de la base. Vino el padre de la familia a buscarme en coche y después de otras cuantas pintas (ninguno me dejó pagar ni una ronda), tuvimos que llamar a un taxi.

La semana siguiente me incluyeron en un recorrido de instrucción (mi experiencia con militares es muy reducida, y no se si es normal, pero me hizo gracia montar en un transporte blindado con una L de novato pegada atrás). También había un periodista de un medio local que empezó haciendo preguntas pero que pronto se limitó a apuntar lo que me respondían, no pregunté tanto como para ser pesado pero lo suficiente como para saciar mi curiosidad en un entorno tan nuevo. Era una mañana fresca y lluviosa, aún así tanto el periodista como yo salimos bañados en sudor... Algo que en seguida remediaron con un par de rondas de pintas de cerveza intensamente negra.

martes, 26 de abril de 2016

Submarinos

"A la guerra me lleva mi necesidad; si tuviera dineros, no fuera en verdad" 
Miguel de Cervantes Saavedra (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha)

(tiempo de lectura medio estimado:  3 minutos)

Mientras en España llevamos un par años en la que ocasionalmente se relanza la noticia de que nuestro submarino S80, de diseño y fabricación propia, ya sale con retraso por un sobrepeso de 75 toneladas (y su coste asociado), varios medios especulan con la posibilidad de que un submarino ruso se ha paseado durante semanas por la costa estadounidense sin ser detectado y su intensa actividad militar.

No tengo especial atracción por los submarinos, y mi conocimiento sobre geopolítica está bastante limitado a lo que dicen los medios de comunicación, pero tiendo a poner atención en los retos técnicos y las soluciones que expertos han encontrado a esos problemas.

Los submarinos se enfrentan a dos problemas básicos. Uno de ellos es la necesidad de aprovisionarse de combustible para hacer funcionar los motores. La división de submarinos alemanes que causó serios estragos en los buques de transporte aliados tuvo una vida relativamente corta, sus motores de combustión quemaban demasiado combustible y debían emerger con cierta frecuencia para que una nave nodriza les llenase el deposito. Idearon varios métodos para acortar el tiempo, pero a menudo debían esperar varias horas emergidos, totalmente vulnerables, cerca de grandes buques que los aliados identificaban y seguían para eliminar desde el aire, y tranquilamente, a tan escurridizos enemigos mientras repostaban.

Actualmente el problema es menor, submarinos más grandes, con depósitos enormes que alimentan motores más eficientes. O incluso sus variantes atómicas, motores eléctricos alimentados por pilas nucleares que convierten agua en vapor y que les impulsa de forma casi indefinida, siendo la única limitación de agua potable y víveres para la tripulación.

El segundo problema es el ruido. Radares más sensibles y operadores mejor entrenados que quitan la principal ventaja a los submarinos: su capacidad de pasar desapercibidos. Para ello se cuida hasta el más mínimo detalle, desde gomas amortiguadoras en cualquier lugar susceptible de hacer ruido (incluyendo soportes de armarios) hasta salas insonorizadas para los motores. Una vez llegados a ese extremo, Rusia afirma haber descubierto una nueva aleación multicapa para aislar el submarino y convertirse en indetectable. EEUU se enfrentó a otro problema, sus submarinos nucleares eran prácticamente indetectables gracias a sus motores eléctricos muy silenciosos, pero la estela de agua que dejaban sus hélices era audible por culpa de las burbujas de aire explotando. El nuevo diseño de las hélices es un secreto militar, se sabe poco salvo que tiene 7 aspas que giran más lentamente, creando menos turbulencias y obteniendo una propulsión decente. 

Actualmente se habla de la siguiente generación de propulsores silenciosos, compuestos por una única hélice de diseño indeterminado. Uno de los mayores misterios marinos viene de la mano del hombre, y su origen es pura ingeniería. Uno se mueve entre el miedo y el asombro.

sábado, 23 de abril de 2016

Competir

"Bis vincit qui se vincit." 
"Dos veces vence el que se vence a sí mismo."
Publio Siro

(tiempo de lectura medio estimado: 2 mins y 10 segs)


El primer día de universidad nos reunieron a todas las ingenierías en el auditorio y nos dieron una terrible charla. Tan sólo un 10% de los que estábamos allí acabaríamos por conseguir el título. Si pienso en los que empezamos en mi carrera, y luego en los que acabamos, creo que estuvimos por encima de ese porcentaje, no demasiado, pero por encima. Y desde luego eso de acabarla a curso por año sólo le estaba “permitido” a uno o dos por promoción.

Estoy bastante seguro de que las siguientes promociones fueron aumentando ese porcentaje, a medida que se acercaba la obligación de adaptarse a Bolonia y mientras algunos departamentos levantaban la mano e incluso examinaban con los exámenes del nuevo plan, más sencillos que los del plan antiguo (al menos en ese momento), a otros departamentos les daba igual. Hubo una asignatura que llevé hasta sexta convocatoria, a un paso de no ser ingeniero por una asignatura, y su profesor, un catedrático de viejo cuño, al margen de los politiqueos universitarios, afirmaba que llevar a inútiles al mundo laboral era demasiado para su conciencia, y que todo aquel por debajo del 5 era un suspenso, sin excepciones. Por si dudase de sus palabras, suspendí en dos ocasiones con 4.8 y 4.75. Y suspendí yo, no me suspendió nadie, ni se suspendió la asignatura ella sola.

Por aquel entonces ya trabajaba de becario en Investigación, consiguiendo una preciada experiencia y unos preciados recursos económicos para terminar de pagar mis estudios. Algún profesor me comentó la posibilidad de pedir una segunda corrección por parte de otra persona del departamento, quizás alguien que sí valorase parcialmente los problemas con una solución bien planteada aunque mal resuelta numéricamente. Y me negué.

Soy competitivo hasta cierto punto, me gusta ganar y me empeño en ello, pero soy consciente de mis limitaciones. Si me propusieran competir en tiros libres con Cristiano Ronaldo, y por muy seguro que me sintiera de mi mismo, no tendría sentido venirme abajo por perder. Pero ese examen estaba dentro de mis posibilidades, y quería demostrarme que podía con ello.

Mi jefa era extremadamente comprensiva con mi tiempo de estudio, sólo me pedía que hiciera mi trabajo bien y que cumpliese puntual con las dos tareas semanales programadas que eran visibles fuera de la oficina. Más allá de ello, confiaba en mi, sabiendo que le dedicaría las horas necesarias para hacer mi labor de la mejor forma posible, esa confianza también me espoleaba para hacer mi trabajo lo mejor posible, quitándome horas de dormir si era preciso. Así que sólo tenía esa asignatura con peso propio y la capacidad casi absoluta de organizar mi tiempo durante 3 semanas.

Me aprovisioné con 100 euros en café y red bulls, y gasté un paquete de folios haciendo problemas una y otra vez, reescribiendo apuntes y redactando páginas y páginas de notas de libros más allá de los apuntes de clase (el bolígrafo BIC apenas se inmutó, ¿alguna vez se gastan?). No recuerdo si fue el director del departamento, o algún profesor, que me avisó a mi extensión telefónica de que ya estaban los resultados. Intentaba aparentar tranquilidad, pero metí mi clave nervioso.

Me desmadejé en mi silla al ver el 8.5 al lado de mi nombre.

martes, 19 de abril de 2016

Candidato ideal

"Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio" Darwin.

(tiempo de lectura medio estimado: 2 min y 30 segs)


La semana pasada buscaba información sobre el candidato ideal más generalista, es decir, cada puesto tiene un perfil ideal, no es lo mismo buscar a un comercial técnico que a un pinche de cocina que va a pelar patatas y fregar platos 12 horas del tirón, y ninguno de esos dos probablemente sea intercambiable con un físico del CERN. Todos compartirán rasgos comunes, ¿quien no busca a  alguien trabajador? ¿O con predisposición a acabar lo que empieza?, así que me interesaba buscar la base para luego ir adaptando mi forma de presentarme hacia criterios más específicos.

Hay un artículo de la revista Forbes, que además tiene mucho en común con lo que he leído en varias plataformas anglosajonas y en agencias de head hunters. Es interesante centrarse en el mercado internacional por dos razones:

1. En España parece difícil encontrar un trabajo de cierta calidad si no tienes una muy buena red de contactos, muchísima experiencia en el sector o si ya no optas a puestos de becario (hay el triple de becarios que hace 5 años). Hay menos opciones para quienes intentan reorientar su carrera a cierta edad, nada extraño en una época de crisis con pocas demanda y sobre oferta de personal laboral cualificado y no cualificado.

2. Al final todo acaba llegando, y las políticas de RRHH del mercado internacional van penetrando lentamente gracias a las multinacionales.

Aunque en general es muy probable que el candidato ideal que propone Forbes encaje bastante bien con el candidato ideal de cualquier PYME española, al menos en la teoría. Estos son los 15 rasgos esenciales:

1. Orientado a resultados. Capaz de marcarse objetivos y de cumplirlos.
2. Inteligente. Que pueda solucionar problemas que no dependan sólo del mero oficio.
3. Ambicioso. Con ganas de ir a trabajar y mejorar su posición, y la de su empresa. De la ambición surge la innovación.
4. Autónomo. Capaz de trabajar sin entorpecer las labores de compañeros y jefes con constantes peticiones de ayuda o indicaciones.
5. Capacidad de liderazgo. Incluso sin ser jefe, es importante saber motivar a los compañeros.
6. Encaje cultural. Que encaje con los compañeros y con la dirección, parte esencial para el trabajo en equipo.
7. Optimista. Una persona optimista cuesta lo mismo que una pesimista, y los estudios demuestran que rinde más.
8. Con auto-confianza. Especialmente en empresas con entornos de Feedback 360, para poder defender su punto de vista de cara a ofrecer mejoras en el funcionamiento del departamento o empresa. Alguien con confianza en si mismo será más proclive a liderar proyectos que otros rechazan por miedo.
9. Exitoso. Que haya llevado a cabo proyectos exitosos antes, laborales o personales, pues es un indicador de que podrá repetir ese éxito en el futuro.
10. Honesto. Cada vez más presente en la cultura anglosajona, evoca más confianza en el entorno y mejora el ambiente de trabajo.
11. Perfeccionista. A parte de hacer el trabajo, hay que hacerlo bien.
12. Modesto. Un buen trabajador demuestra su valía a través de su trabajo, no de sus palabras.
13. Trabajador. De nada vale el presentismo, una buena planificación puede fracasar si no se cuentan con personas que lo lleven a cabo de forma decidida.
14. Presentable. Ir a trabajar, salvo contadas excepciones, no supone ir a un pase de modelos, pero un trabajador representa a su empresa ante clientes o visitas.
15. Apasionado. El empleado que disfruta con su trabajo, no siente que vaya a trabajar y mejora su eficiencia.




viernes, 15 de abril de 2016

Los tres heroes de Chernobyl

"Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia."  Francis Scott Fitzgerald 

(tiempo de lectura medio estimado: 2 min y 45 segs)


Sobre la energía nuclear tengo varias anécdotas, pero todas giran en torno a discusiones en las que pesa más el componente ideológico que el técnico, ignorando toda la escala de grises técnicos del tema, demostrando que en España todo se polariza en el eje izquierda-derecha menos el fútbol (creo).

Así que voy a optar por algo no personal, una historia que merece la pena conocer sobre los liquidadores de Chernobyl.

En los dos accidentes nucleares que han alcanzando el nivel 7 de la escala INES, el nivel más grave, tuvieron que enviar personal humano para tratar de frenar la fusión del núcleo. Según cierta creencia popular, ese personal conocido como liquidadores, suele incluir gran número de vagabundos, pero lo cierto es que en ambos casos, el grueso de voluntarios fueron especialistas, trabajadores de la central y militares. Gente que sabía se encaminaba a su muerte (no inmediata, pero muy acelerada) pero lo aceptaban como el bien común. En Japón, por ejemplo, se presentaron muchos voluntarios jubilados, técnicos ya retirados. También hubo trabajadores y personal público, bomberos y militares, que fueron apodados "los 50 de Fukushima" o "samuráis nucleares". En España se les galardonó con el Premio Príncipe de Asturias en 2011 por su valor.

De Chernobyl, con más años para vencer el hermetismo (que TEPCO mantiene en Fukushima como puede), han surgido historias como la de los técnicos que se adentraron en la central con el núcleo ya fundido y que salían bronceados en cuestión de minutos. Turnos de 60 segundos (sí, segundos) cerca de las zonas más críticas, sintiendo pinchazos en la piel al adentrarse por los pasillos de la central. No en vano se alcanzaban niveles de radiación cientos de millones de veces superior a la radiación ambiental.

Tres de estos liquidadores, entre ellos uno que había contribuido al diseño de la central, se encaminaron bajo el núcleo. Allí había una piscina con agua preparada para enfriar el circuito primario en caso de rotura de tuberías, pero no para lidiar con un núcleo fundido que amenazaba con colapsar dentro del agua y convertirla en una nube de vapor radioactivo con toneladas de Corio que se expandiese por toda Europa. Además del agua que habitualmente almacenaban, se había ido llenando con agua que habían usado para intentar enfríar el reactor tras la fusión, creando una enorme bolsa de agua cargada con radiación de Cherenkov.

La electrónica ya no funcionaba, las placas que no se habían fundido, literalmente, estaban dañadas por el calor generado en la fusión del núcleo. Las válvulas que abrirían las compuertas de la piscina hacia un deposito a salvo tendrían que accionarse manualmente y para ello había que sumergirse en la piscina. "Los tres de Chernobyl" se dirigieron hacia el interior de la central, a una piscina bajo el núcleo, dicen los testigos que charlando sobre la familia, el fútbol o el tiempo que hacía que no se veían, dos de ellos eran técnicos nucleares experimentados que sabían que, incluso sin contar el núcleo, sumergirse en una piscina con elementos nucleares era mortal. Lograron su objetivo y los millones de litros de agua corrieron a otro deposito antes de que el núcleo cayese allí y esparciera aún más productos radioactivos en una inmensa nube de vapor.

A partir de aquí la historia se vuelve imprecisa. Dicen que volvieron, hablando de que el agua tenía una fosforescencia azulada, para morir poco después. También se dice que después de abrir las válvulas se quedaron allí sin poder salir. Sea como sea, y siendo conscientes de que hay muchos dramas que nunca se hacen populares, merece la pena conocer este tipo de historias para reconocer la labor de los liquidadores anónimos de Chernobyl y Fukushima.

martes, 12 de abril de 2016

Kashiwazaki-Kariwa

"Los hombres todavía están aprendiendo a manejar las poderosas fuerzas que han desatado”. Gorbachov

(tiempo de lectura medio estimado: 2 min y 5 segs)


La mayor central nuclear del mundo está en Japón. Esta central, Kashiwazaki-Kariwa, tiene 7 núcleos con una capacidad de 8.212 MW, más que todas las centrales nucleares combinadas de España (con un total de 7.416 MW). Es capaz de dar energía a 16 millones de hogares funcionando a pleno rendimiento (un tercio de la población japonesa), pero lleva años parada.

TEPCO, la empresa que encarga de su gestión, se negó en su momento a que el Organismo Internacional de Energía Nuclear revisase estas instalaciones después de descubrir falsificación de datos en 2002, quizás porque eran conscientes de que sus estudios sísmicos habían sido extremadamente someros. Eso provocó una reacción en cadena desde la administración japonesa que se querelló con ellos, pues habían invertido dinero público en su construcción, y de los alcaldes de las localidades cercanas que les forzaron a no reactivar los núcleos hasta asegurar la central.

Cuando finalmente salvaron todos los escollos legales, empezaron a conectar nucleos y a llevarlos a su punto de criticidad para dar energía base, pero lo cierto es que todo 2003 fue prácticamente perdido a nivel económico. Y una grave mancha en su reputación.

En 2007 uno de los terremotos más fuertes de la zona sacudió la central, y a pesar de sus estudios tectónicos poco elaborados, su buen hacer hizo que apenas sufrieran daños. Con la lección aprendida, dejasen que el Organismo Internacional de Energía Nuclear revisasen las instalaciones otorgándoles una buena nota.

Aún así, tardaron dos años en conectar los dos núcleos más modernos (el 6 y el 7), y otro año más en conectar el núcleo 1. TEPCO seguía perdiendo dinero a buen ritmo y tuvo que hacer grandes recortes para afrontar los costes de mantenimiento de esta central que desde el 2000 había producido muy irregularmente.

Cuando estaban aumentando la producción de la 5, y tratando de poner a punto las unidades 2, 3 y 4, el terremoto de 2011 que provocó el accidente de Fukushima, tambien afectó a la estructura de Kashiwazaki-Kariwa. Obligando a cerrar todos sus núcleos de nuevo e invertir cantidades ingentes de dinero para su puesta a punto y previsible inicio de funcionamiento, de nuevo, en 2016.

lunes, 11 de abril de 2016

Ley de Murphy

"Si algo puede salir bien o mal, saldrá mal y de la peor forma posible" Ley de Murphy

(tiempo de lectura medio estimado: 2 min y 30 segs)


No hay excusa para que este post, que se tendría que haber publicado el viernes, salga el lunes a última hora. La culpa es absoluta y rotundamente mía, pero hay una historia detrás.

El jueves de la semana pasada me regalaron una tarjeta gráfica de gama alta. Pensé en montarla tranquilamente el viernes por la tarde, configurarla y publicar en mi blog como tengo programado. Todo iba bien, vine del curso de aleman antes de lo previsto y desmonté la torre. El primer problema es que la tarjeta gráfica mide 29 centímetros, y el compartimento de mi caja está preparado para alojar tarjetas de como mucho 27 centímetros. La solución pasaba por cortar la chapa que hace de soporte a los discos duros. Medí, tomé notas y decidí sacrificar una unidad de almacenamiento secundaria.

En ese momento me sentí tan germánico con la eficiencia de mi tiempo que hasta me puse música en alemán para cortar la chapa. Dediqué más de una hora con un corta-alambres, ganando milímetro a milímetro a una chapa especialmente resistente. Podría haber pedido herramientas a algún amigo, pero lo cierto es que quería acabar cuanto antes y hacerlo a mano era la opción más inmediata. A pesar del gran trabajo que supone cortarlo, iba a buen ritmo gracias a que estoy medio en forma y la música marcaba una velocidad contundente.

Una vez encajada, con mucho sudor y varios orgullosos arañazos, me dispuse a engancharla a la fuente de alimentación. Mi fuente tiene 8 años, cuando hasta las tarjetas gráficas más potentes iban sobradas con dos conectores PCI de potencia, la nueva tarjeta requiere cuatro.

Al día siguiente fui a una tienda de informática de barrio que pertenece a una franquicia, con un modelo de fuente de alimentación determinado que tenían en stock según su página web. El dependiente, que lleva varios años ahí, me dijo que eso era imposible, le enseñé las referencias de su propia web en el móvil, y me dijo que eso estaba mal y que me la pedía para la semana que viene. Al decirle que no, que me urgía, me ofreció otro modelo que me valía igualmente. Miré la potencia y los conectores y le dije que no. Insistió en que sí. Sólo con desembalarla vi que era imposible.

Mi siguiente destino fue una famosa tienda de electrónica, aunque su catálogo de componentes de ordenador  es muy reducido, siempre tienen algunos modelos de cada cosa para salir al paso. Me llevé una de las fuentes con la potencia que quería. Volví a casa y me dispuse a hacer las cosas bien. Voltímetro en mano fui conectando elemento a elemento y midiendo el voltaje de salida, tomando notas de medidas y de mis procesos de instalación (como si montase un avión). Al conectar la placa base, el procesador y la caja se encendió durante unos segundos, todo marcaba las tensiones adecuadas. Se apagó solo antes de iniciar Windows. Y al reencender saltó un chispazo de la fuente. Volví a la segunda tienda y pedí hablar con servicio técnico, que yo creía experimentado por el volumen de ventas, que sólo supo decirme "¿has enganchado el enchufe a la red?", le dije que sí y le enseñé mis notas explicándole mi proceso de montaje, "entonces, ¿seguro que estaba el interruptor encendido?". Pedí que me devolvieran mi dinero y me fui muy enfadado.

Busqué en una tienda española de componentes, cuyos almacenes están en Murcia, encontré la fuente que me valía y escribí al fabricante, una empresa alemana (casualidad). Me dirigí a ellos, un sábado por la tarde, tanto en inglés como en alemán (diccionario en mano), para practicar. Me respondieron al poco tiempo, tanto en inglés como en alemán, dándome la enhorabuena por mi alemán y señalando que era un poco demasiado formal, pero correcto. Ese modelo en concreto se quedaba un tanto justo con mi equipo y me recomendaron gastarme algo más en el modelo superior, no por ahora, si no para que dentro de 5 años siguiera con potencia suficiente a pesar de la inevitable pérdida de eficiencia.

Compré el modelo superior como me habían recomendado en la tienda de componentes online de Murcia, y estos gestionaron mi pedido de forma tan espectacular, que el lunes a medio día lo tenía en casa (habiéndolo pedido un sábado por la tarde). Seguí el proceso más seguro, que es lento pero descarto que posibles averías me estropeen otros componentes, y por fin todo funciona a la perfección.

No valdría para un estudio de eficiencia, pero la empresa alemana con la que traté fue impecable. De las tres empresas españolas, sólo una demostró estar a la altura.

martes, 5 de abril de 2016

Alemania

"Des Teufels liebstes Möbelstück ist die lange Bank."
"El mueble favorito del diablo es el banco" 
Proverbio alemán 

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 50 segs)


Este proverbio viene a decir que sentarse es malo, siempre y cuando entendamos que sentarse en un banco supone algún tipo de procrastinación. Representa de una forma bastante precisa la idiosincrasia del alemán medio.

En un estudio publicado en 2014 con datos de la OCDE, Premiere Global Services Inc. (PGI) calculó los datos de horas trabajadas y, más importante, su efectividad. Pues bien, el alemán medio trabaja poco menos de 1500 horas anuales, pero el rendimiento de cada hora es de 49,30 dólares. Estos datos en términos absolutos no dicen nada, pero podemos comparar las casi 2000 horas anuales por ruso, o las más de 2000 por griego, que tienen un rendimiento neto de 15,49 o 28,47 dólares respectivamente. Es evidente que es mejor trabajar como un alemán a pesar de estar menos horas, a imitar a un ruso y pasarte la vida en la oficina o el taller con un rendimiento peor.


¿Son fiables estos datos? Pues aunque las estadísticas no mientan, se pueden presentar tratadas para afianzar teorías. En este estudio, por ejemplo, EEUU sale mucho mejor parado, trabaja unas 1750 horas con un rendimiento de 58.18 dólares. ¿Por qué se menciona entonces a Alemania como la hora más rentable? Después de investigar el informe y de leerme varias columnas de opinión periódicos norteamericanos apuntaron que para este tipo de datos se usa el PIB, que es un dato poco fiable (por ejemplo, si el presidente en funciones decide construir una estación espacial española con tecnología local, nuestro PIB se dispararía, pero nuestra deuda también, y eso es un problema de futuro). La idea general de los columnistas económicos es que EEUU debía mirar a Alemania como modelo. 

Seguro que no es oro todo lo que reluce. Tengo conocidos que han trabajado en proyectos de gran envergadura con alemanes y todos coinciden en que, cuando surgen imprevistos, el ingeniero español suele tener más reflejos para solventar pequeños problemas de diseño y ejecución.

Sabemos que es mejor tener pocas horas productivas, que muchas perdidas, aún así, en España, a grandes rasgos, todavía se valora más el presentismo que la productividad, aunque afortunadamente los paradigmas van cambiando. La idea es parecerse a Alemania, al menos en lo laboral. El problema es el español medio, y esto es incómodo, más parecido a un ruso o a un griego que a un alemán, pero en eso también hay movimiento.

sábado, 2 de abril de 2016

"Fallo informático"

"No valores el trabajo hasta que acabe el día y la tarea esté hecha" Elizabeth Barrett Browning

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 50 segs)



El miércoles viví en primera persona algo que, por pura casualidad, tiene relación con lo que escribí el martes. Iba en el metro, según nuestro convoy arrancó y salía de la estación, vi pasar gente corriendo despavorida por el anden. Avanzó hasta la siguiente estación y fue cuando fueron audibles para nosotros los avisos de desalojo.

En primera instancia pensé que se había quemado un transformador, mientras empezamos a desalojar los vagones vi que los ascensores estaban desactivados y reforzó mi primera impresión. Pero ya vi a un par de chicas llorando y gente corriendo a empujones, mientras que la mayoría estaba tensa pero se comportaba, algunos pasajeros estaban muy nerviosos, tanto que decidí ponerme detrás de dos señoras para subir las escaleras, sólo faltaba que se cayesen por algún empujón (y de hecho, yo me llevé algunos bastante intensos en el proceso). Subí más lento, pero nada indicaba que hubiera un peligro inmediato.

Una vez al aire libre, escuché a dos tipos hablando de que habían atentado contra la linea de AVE y que el metro iba a estar cerrado. Y varias mujeres afirmaban que había sido una bomba en la propia red de metro. A pesar de que mi mente intentase racionalizar todo (¿y las sirenas de ambulacias y policía? Madrid es grande, pero tiene una extraña permeabilidad a las sirenas), empezaba a dejarme llevar por la psicosis colectiva. Cogí el primer autobús que pasó por allí y me dirigí a un intercambiador para volver a casa por carretera, opción más lenta y pesada. No tardé mucho en enterarme de que había sido un "fallo informático" y pude rehacer mis planes sobre la marcha para coger el tren.

Es lo malo del estado de emergencia permanente, el ambiente es más tenso, la gente se pone en lo peor, los rumores más extremos adquieren una repentina credibilidad injustificada. Cuanto más tiempo se pasa bajo la presión constante, más rápido se cometen errores, antes se toman decisiones precipitadas. En el trabajo, o los estudios, pasa un poco igual. Es necesario un poco de tensión (al menos yo tiendo a funcionar mejor con plazos o con un estándar de calidad alto), la ausencia de estrés es negativa, pero su exceso en amplios plazos de tiempo es aún más devastador. Nos hace más propensos a cometer errores, a tener que repetir tareas mal ejecutadas que incurren en sobrecostes y retrasos constantes en los plazos.