martes, 26 de abril de 2016

Submarinos

"A la guerra me lleva mi necesidad; si tuviera dineros, no fuera en verdad" 
Miguel de Cervantes Saavedra (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha)

(tiempo de lectura medio estimado:  3 minutos)

Mientras en España llevamos un par años en la que ocasionalmente se relanza la noticia de que nuestro submarino S80, de diseño y fabricación propia, ya sale con retraso por un sobrepeso de 75 toneladas (y su coste asociado), varios medios especulan con la posibilidad de que un submarino ruso se ha paseado durante semanas por la costa estadounidense sin ser detectado y su intensa actividad militar.

No tengo especial atracción por los submarinos, y mi conocimiento sobre geopolítica está bastante limitado a lo que dicen los medios de comunicación, pero tiendo a poner atención en los retos técnicos y las soluciones que expertos han encontrado a esos problemas.

Los submarinos se enfrentan a dos problemas básicos. Uno de ellos es la necesidad de aprovisionarse de combustible para hacer funcionar los motores. La división de submarinos alemanes que causó serios estragos en los buques de transporte aliados tuvo una vida relativamente corta, sus motores de combustión quemaban demasiado combustible y debían emerger con cierta frecuencia para que una nave nodriza les llenase el deposito. Idearon varios métodos para acortar el tiempo, pero a menudo debían esperar varias horas emergidos, totalmente vulnerables, cerca de grandes buques que los aliados identificaban y seguían para eliminar desde el aire, y tranquilamente, a tan escurridizos enemigos mientras repostaban.

Actualmente el problema es menor, submarinos más grandes, con depósitos enormes que alimentan motores más eficientes. O incluso sus variantes atómicas, motores eléctricos alimentados por pilas nucleares que convierten agua en vapor y que les impulsa de forma casi indefinida, siendo la única limitación de agua potable y víveres para la tripulación.

El segundo problema es el ruido. Radares más sensibles y operadores mejor entrenados que quitan la principal ventaja a los submarinos: su capacidad de pasar desapercibidos. Para ello se cuida hasta el más mínimo detalle, desde gomas amortiguadoras en cualquier lugar susceptible de hacer ruido (incluyendo soportes de armarios) hasta salas insonorizadas para los motores. Una vez llegados a ese extremo, Rusia afirma haber descubierto una nueva aleación multicapa para aislar el submarino y convertirse en indetectable. EEUU se enfrentó a otro problema, sus submarinos nucleares eran prácticamente indetectables gracias a sus motores eléctricos muy silenciosos, pero la estela de agua que dejaban sus hélices era audible por culpa de las burbujas de aire explotando. El nuevo diseño de las hélices es un secreto militar, se sabe poco salvo que tiene 7 aspas que giran más lentamente, creando menos turbulencias y obteniendo una propulsión decente. 

Actualmente se habla de la siguiente generación de propulsores silenciosos, compuestos por una única hélice de diseño indeterminado. Uno de los mayores misterios marinos viene de la mano del hombre, y su origen es pura ingeniería. Uno se mueve entre el miedo y el asombro.

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