"Triunfan aquellos que saben cuándo luchar y cuándo no." Sun Tzu
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 20 segs)
Llevo desde hace una semana con un dolor intenso en el pie, seguramente un mal gesto en alguna de las sesiones de ejercicio. El viernes empeoró, por culpa de un jueves movido, y no pude publicar el blog como tenía previsto por culpa de pasar la noche en vela, que no me inhabilitó, pero me obligó a priorizar mis tareas. Además, he replanteado lo que tenía pensado escribir.
Hace un par de años, cuando empecé a moverme para emprender, acudí a una charla donde una emprendedora comentaba que una de las mayores desgracias para su negocio fue tener demasiados recursos. Su proyecto ya estaba funcionando bien a nivel local, y un inversor decidió inyectar bastante dinero para internacionalizarse. Ella misma reconoció que se volvieron locos, invirtieron con poca cabeza, se metieron súbitamente en ampliaciones innecesarias. Aumentó considerablemente los gastos fijos sin aumentar los beneficios al mismo ritmo, y acabó casi por cerrar la empresa.
Estos días, en los que andar era un suplicio, he aprendido el verdadero valor de la organización. Cada vez que me levantaba de mi ordenador en casa estudiaba con cuidado el recorrido para conseguir hacer el mayor número de tareas en un sólo, agónico, paseo. Es la necesidad la que marca el ritmo, no un cuadrante en un papel. Lo primero debe definir lo segundo, al contrario no suele funcionar.
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