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En
EEUU, pioneros actuales de muchas políticas laborales gracias a sus
multinacionales tecnológicas, empiezan a cuestionar la validez de la
tesis sobre la bondad de tener una mesa de ping-pong en la sala de
descanso. Haciendo de dicha mesa un símbolo de otros entretenimientos y
ventajas que las grandes empresas usan para mejorar la satisfacción del
empleado, y de ahí su productividad. Hasta tal punto se significa dicho símbolo que algunos gurús, probablemente en broma, analizan el estado de las empresas de mesas de tenis mesa para comprobar el pulso de las empresas tecnológicas o "puntocom".
Un alegato contra empresas que, imitando a Google, instalan
pequeñas distracciones en sustitución de un mejor sueldo. Uno de los
ponentes que critica esta tendencia comentaba el otro día en la CNN que
si un trabajador tiene un sueldo de 1000 dólares y una mesa de ping-pong,
no dudaría en cambiarse a una empresa donde le pagasen 1500 dolares,
incluso sin sala de empleados donde relajarse en el descanso.
La base de que un empleado feliz es más productivo se ha
establecido fuera de toda duda, más en un país donde se suceden
"batallas" por captar talento de otras compañías y retener el propio, el
debate actual versa más en el terreno de las medidas para lograr esa
felicidad y fidelidad. El salario emocional se enfrenta al viejo
paradigma del salario a secas.
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