viernes, 6 de mayo de 2016

Salario emocional II

"Ante cualquier desavenencia no caigamos en el error de dudar o bien de su inteligencia, o de su buena voluntad." Otto von Bismarck

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 50 segs)


Sobre el tema que comentaba el martes, creo que la clave está en un término medio. No creo que poner una mesa de ping pong sea esencial en la motivación de un empleado, y no solo porque no me guste el ping pong, sino porque en esto soy un poco germánico: Al trabajo se va a trabajar. Y el buen rollo entre compañeros, que lleva a un mejor trabajo en equipo, se gesta basándose en una buena selección de personal (el punto 6 del candidato ideal), nunca he tenido problemas con mis compañeros, al contrario, y no hacía falta que la empresa nos pusiera una sala para jugar al parchís.

Dicho esto, un trabajador motivado rinde más y cobra lo mismo. Al menos aquellos que merecen la pena y se dedican a trabajar de verdad. Y alguien con talento, o experiencia, que hace bien su trabajo y ofrece, en general, buenos resultados es un activo para la empresa y necesita razones para quedarse. Y esto último es defendible desde el punto de vista del trabajador, que obviamente verá con buenos ojos el que la empresa le cuide, y es defendible desde el punto de vista del empresario, incluso de aquel que señala unicamente la cuenta de resultados como guía para sus acciones.

Un buen empleado, especialmente en puestos de cierta cualificación, trae en su mochila personal un alto coste en formación, yo mismo he costado ya varias decenas de miles de euros entre ingeniería, máster, cursos de idiomas y otros cursos más o menos útiles para distintos puestos de trabajo. Pero la empresa que le contrata también desembolsa un coste en formarle y prepararle para sus labores, incluso sin contar cursos o seminarios, sólo asumiendo que los primeros pasos, cobrando el sueldo, van a ser más lentos mientras se hace con su puesto, ¿quien dejaría que la competencia se llevase una de sus máquinas sin más?

Tengo múltiples conocidos que me han confesado que reducirían su sueldo a cambio de horarios más flexibles, mayor conciliación o mejores relaciones con sus jefes. El salario real, sobretodo a partir de cierta edad o con ciertas metas ya logradas, no siempre supone la mejor motivación. Pero una mesa de ping pong, tampoco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.