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En la
última entrevista que tuve, hace unas semanas, me preguntaron sobre
mis puntos débiles. Respondí con sinceridad: En su campo, mi
mayor debilidad es mi falta de experiencia. A lo que me respondieron
que esa no contaba porque eso es fácilmente solucionable, y me
preguntaron por otra distinta.
Vale,
esa es una pregunta de cajón. Uno debe ir a la entrevista con esas
cosas preparadas. Pero a mi no me gusta seguir un guión fijo, porque
creo que al final se nota, prefiero estudiar como es la empresa, sus
números y sus proyectos. Es decir, cualquiera que busque trabajo ya
sabe un listado de “debilidades aceptables”, en Internet hay un
montón de webs y blogs que aconsejan qué decir y cómo convertir
una supuesta falla en un alegato a tu favor. Además lo que en un
candidato de una empresa puede ser una debilidad, en otra puede ser
una fortaleza. Es más, en la misma empresa, lo que a veces es una
debilidad, en otro momento distinto, puede ser una fortaleza.
Nunca
se me ha ocurrido una debilidad propia. No tengo la experiencia
laboral real suficiente para decir “mira, en esto fallo siempre”,
me gusta trabajar, tengo atención por los detalles si hay tiempo, y
si no lo hay puedo sacar un volumen alto de trabajo con una calidad
aceptable, puedo trabajar tanto solo como en equipo, soy puntual, leal y aunque no siempre me enfrento a los
problemas de cara, he aprendido que a veces ir de frente no soluciona
los problemas y es mejor dar rodeos para salvarlos (casi nunca se
dispone de libertad suficiente para actuar de forma directa y
contundente). Tengo por seguro que cuando empiece a rodar en un
puesto de trabajo saldrán cosas que añadir a la lista, pero
dependerá del proyecto y del momento.
Pues
bien, la semana pasada encontré algo que se ha repetido con cierta
frecuencia hasta ahora. No se desconectar. En otros trabajos lo
tomaba como algo normal, a menudo tenía que compaginar clases con
trabajo y dado que estos se portaban bien conmigo a la hora de los
horarios, nunca puse pegas a trabajar en fin de semana como
compensación a su flexibilidad. Si tenía un examen un viernes, y me
dejaban irme antes el jueves para poder estudiar, yo mismo me ofrecía
a trabajar (gratis) el sábado y el domingo desde casa en futuras cargas de trabajo. Tenía
vinculada mi cuenta de correo profesional al gestor de correo del
móvil y leía cuanto me llegaba el fin de semana, incluso cuando no había carga de trabajo reseñable. No se puede decir
que haya tenido muchos fines de semana completamente libres, pero era
lo correcto y trabajar me permitía pagarme la matrícula.
Estos
días he tenido, repentinamente, algo parecido a unas vacaciones lejos de casa (en las
que he aprovechado para afinar el inglés y desbastar el alemán), y
he sufrido (más que) un poco al no contar con un ordenador para publicar aquí,
o para buscar trabajo activamente, que es mi "ocupación" actual. Esto es, según los listados de
los blogs para encontrar trabajo, negativo. Ya tengo respuesta para
esa pregunta en la siguiente entrevista. Y esta semana prometo volver a mi ritmo habitual, ya en casa con mi propio equipo.
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