"Con Europa dividida en nacionalidades formadas libremente y líbera internamente, la paz entre los estados habría llegado a ser más fácil: los Estados Unidos de Europa se convirtieron en una posibilidad." Napoleón
(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 4 mins)
Hoy, algo específico de mi sector.
Mientras preparo este post (lunes 14 de Noviembre, 7:50 de la mañana), la demanda energética supera los 30.000 MW en España. Los intercambios internacionales a estas horas tienen un balance neto de poco más de 1.000 MW, siendo España netamente exportador (vendemos más de la que compramos). En unas horas llegaremos a una franja horaria de gran consumo (de 10:00 a 14:00), que es cuando casi todas las industrias y comercios coinciden en funcionamiento (hoy se prevé un consumo estable en torno a la linea de 33.000 MW) y ya a las 19 horas alcanzaremos el pico de producción donde adquiere más peso el consumo doméstico (con una previsión de picos de 35.000 MW). Es de esperar que sigamos siendo netamente exportadores todo el día gracias al buen comportamiento de la energía eólica y a que Francia lleva dos semanas comprando nuestro “excedente” debido a la parada simultanea de 21 de sus centrales.
No es lo habitual, lo más común es que nuestras conexiones con el país vecino estén al límite de capacidad, pero siendo nosotros quienes compramos. Esta tabla, del último informe de operaciones (2015) de Red Eléctrica Española, muestra los intercambios de 2015 con Francia:
Fuente: Red Eléctrica Española. Porcentaje de uso de la interconexión con Francia en 2015
Si estamos siendo capaces de apoyar su suministro ahora, ¿por qué hemos estado comprando energía al país vecino durante 2015 y 2016 (no aparece en la tabla, pero si en los avances de informes), especialmente durante el verano? Es cierto que en verano el consumo es mayor, pero ¿tenemos un sistema tan frágil que depende del comportamiento de la eólica? La normativa obliga a tener preparadas centrales que actúen como reserva de potencia rodante, es decir, que puedan empezar a trabajar en cuestión de minutos si hay algún defecto en la red o si hay un pico de consumo no previsto y es necesaria una importante inyección de energía. Cumplimos esa norma de sobra, es más, sucesivas políticas expansionistas de distintas tecnologías (ciclos combinados, huertos solares, eólica) han hecho que tengamos muchas más centrales de las que podamos necesitar. Entonces, ¿por qué importar de Francia?
Hasta hace una década, teníamos un déficit de producción y distribución en la zona norte, los lectores de Cataluña podrán confirmar que eran muy frecuentes los cortes de luz en verano. Ya fuesen las centrales o las lineas de transmisión no podían dar más de lo que ya daban. Y comprábamos a Francia de forma sistemática para complementar el suministro. Lo curioso es que a su vez vendíamos nuestra energía a Portugal y Marruecos. El problema era la red eléctrica de alta y muy alta tensión.
Un ejemplo con números inventados. Si en Extremadura se podían producir 3000, y en Cataluña necesitaban 2500, deberíamos poder afrontarlo a nivel nacional, pero los cables que las unían apenas tenían capacidad para soportar el paso de 1000, el resultado era que en Extremadura sobraban 2000 de capacidad y en Cataluña todavía necesitaban otros 1500. Cataluña con cortes, y Extremadura vendiendo a Portugal, no era problema de capacidad de producción, si no por motivos técnicos de transporte.
Gracias a la proliferación de distintas tecnologías, se ha descentralizado la producción y las grandes autopistas de la electricidad en España están menos saturadas porque la producción satisface el consumo local. También es cierto que Red Eléctrica Española ha hecho mejoras considerables y constantes. Así hemos conseguido que en la última década tuviéramos el estatus de netamente exportadores, a la vez que cubríamos mejor el consumo propio. Nuestras redes de transporte podían canalizar nuestra sobrecapacidad de producción para vender más allá de nuestras fronteras.
Fuente: Red Eléctrica Española. Gráfico de evolución intercambios internacionales
Salvo por el hecho puntual de estas semanas en las que apoyamos a Francia, el paradigma vuelve a cambiar y la tendencia, de nuevo, es que seamos netamente importadores. Especialmente por la mayor importación de Francia, y ya no por necesidades técnicas, si no por un mejor precio del MW/h cuando la eólica no funciona con buen rendimiento.
Europa está presionando para que la península ibérica deje de ser una isla energética, nuestra capacidad de intercambio con Francia ha sido tradicionalmente ínfima respecto a la producción de ambos países, apenas suficiente para apoyar puntualmente la producción en las regiones fronterizas. Y el primer paso ha sido abrir una nueva conexión con Francia, la nueva línea HVDC Santa Llogaia-Baixas, que ha duplicado la capacidad que teníamos hasta ahora. Hay otras tres lineas más en proyecto, desde distintos puntos de la cornisa cantábrica.
Otra de las iniciativas, que hasta ahora bloqueaban España y Reino Unido, es hacer más transparente la asignación de producción de energía y los precios de la misma, es decir, que los mecanismos que deciden qué centrales producen y cuales se quedan en espera sean suficientemente claros como para que un país europeo puedan intentar producir energía a mejor precio para suministrar a otros países europeos.
La idea subyacente es que, a grandes rasgos, si en Bélgica hay una central produciendo a 40 €/MW, y en España hay centrales produciendo a 55 €/MW, sea la central belga la que produzca en detrimento de las españolas, de tal forma que el precio de la energía se reduzca. No será su energía la que llegue directamente, pero ellos suministraran más barato a Francia, y Francia suministrará con su “excedente” a España. Eso conlleva que los costes en la industria disminuyan, y las economías de aquellos países con energía más cara se dinamicen (nos afecta y mucho). Sería importante ya no sólo fortalecer las interconexiones fronterizas, si no mejorar también las lineas de muy alta tensión que circulan por Europa.
Con el resultado del Brexit estos planes se están reactivando, dado que Reino Unido se oponía y ahora, en teoría, habrá más predisposición al avance. Pero con la victoria de Trump, y su postura sobre la OTAN y la defensa de Europa, se percibe aún con mayor intensidad la necesidad de crear un sistema muy interconectado que permita que España pueda sostener con su producción parte de la industria alemana (por ejemplo) en caso de que Rusia corte el suministro de gas a la zona norte de Europa.
Sólo queda comprobar los resultados de las elecciones en Francia y Alemania para ver si materializa ese paso en la integración eléctrica europea.


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