martes, 29 de noviembre de 2016

Estrés

"Aprende de los errores ajenos. No vivirás lo suficiente como para cometerlos todos." Anna Eleanor Roosevelt 

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 2 mins y 20 segs)

Según la Agencia Europea Para La Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA), el estrés cuesta en Europa 136.000 millones de euros al año. Así, en frío, es difícil de asimilar, o incluso de creer, pero varios estudios de otros organismos arrojan luz al tema, se estima es el responsable del 50% de las bajas médicas y el 40% de las rotaciones de personal. Y tiene una alta incidencia en las capas medias-altas de los organigramas de la empresa, afecta especialmente a mandos intermedios o directivos. Escuché en la CNN que en EEUU uno de cada tres empleados pensaba en cambiarse de trabajo por culpa de su estrés, o de la mala gestión del estrés que tenían sus jefes, allí también se considera un problema de salud de primer orden.

Hay que saber diferenciar entre el cansancio por un trabajo duro y el estrés. Podría poner algún ejemplo externo para mostrar la diferencia, pero tengo el mio de primera mano:

En la Universidad tenía clases prácticas, estudiaba, jugaba al fútbol, trabajaba y los fines de semana colaboraba en un voluntariado. Pero no había decisiones traumáticas, el trabajo era fácil y me gustaba, me pagaba los estudios y no tenía que rendir cuentas a nadie de mis suspensos. Todo estaba bajo control, no estaba estresado, estaba agotado. Llegaba a casa, me daba una ducha y caía en la cama como un saco de patatas.

Unos pocos años después, en otro trabajo, tenía una fecha muy próxima para entregar un informe, y dependía de otros, y a su vez otros dependían de mi. Y mis decisiones no sólo me afectaban a mi. Y se juntaba con épocas de pocos ingresos y altos gastos (no todo el estrés viene del trabajo). Por muy cansado que estuviera, al meterme en la cama miraba al techo y no pegaba ojo en horas. Se duerme menos, aumenta la irascibilidad, se toman peores decisiones y la calidad del trabajo se resiente.

Un poco de estrés es bueno, es un rasgo evolutivo que prepara el cuerpo para poder afrontar desafíos inminentes. Pero ciertos límites nos llevan a la cifra de costes con la que abría el post, ¿quien no ha visto a un ingeniero o un operario a golpes de rabia con una máquina que no funciona y que debería estar en marcha?

Es cierto que al principio no me creía del todo las cifras hasta que he empezado a leer informes y el cómo habían calculado esos costes. Si nos fijamos exclusivamente desde el punto de vista empresarial, puede que los trabajadores que se vayan no sean de los que son buenos para nuestro negocio (suena fatal, pero no todos valemos para todo), pero cuando se van los buenos, ¿cuánto cuesta formar a una persona cualificada?. O de los que se quedan, ¿cómo afecta a su rendimiento y a sus decisiones laborales?. Y ya a nivel personal, ¿cuánto nos cuesta no poder desempeñar nuestro trabajo? ¿qué factura se paga a nivel familia y entorno? ¿cómo afecta a nuestra salud? Aunque no existe el entorno perfecto libre de estrés, en la revista Forbes nos dan unos consejos para controlarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.