viernes, 18 de noviembre de 2016

En el Camino de Santiago

"Europa se construyó en el Camino de Santiago" Atribuida a Goethe

(tiempo de lectura medio estimado, sin links: 3 mins)



Cuando hice el Camino coincidí con un funcionario de industria a punto de jubilarse. Una de las noches, en las que no nos tocó cocinar a ninguno de los dos, estábamos sentados, desparramados tras una etapa larga, en la mesa común del albergue. Entonces se materializó aquello a lo que eludía supuestamente Goethe sobre la construcción de Europa, habíamos pasado junto a unos generadores eólicos y salió el tema de la energía.

Es un tema que procuro no tocar demasiado porque habitualmente se mezcla ideología y política, y ya es complejo en si mismo sólo con las consideraciones técnicas y económicas. Pero en este caso había cierta predisposición al debate. Su postura de salida era que teníamos que afrancesarnos y quintuplicar las centrales nucleares actuales en España. Esgrimía que "los molinillos de viento son mucho más caros que las nucleares" y que "seguimos comprando energía a Francia porque no producimos lo suficiente". Esto último ya lo desmonté el martes.

De vez cuando bromeo con la idea de que soy muy ingeniero con ciertos temas, no porque esté especialmente orgulloso de ser ingeniero (cualquiera con tiempo y ganas puede), si no más bien para dulcificar mi tendencia a ponerme tan técnico que otros me echan en cara que racionalizo demasiado y que parece que soy intransigente. Realmente soy un mediador nato, diplomático y con tendencia a relativizar para acercar posturas, pero los datos son los datos. Puedo mostrarme más o menos conciliador, pero yo me rindo ante la evidencia científica. No hace falta decir que me puse muy ingeniero en esa charla.

Tenía un profesor que decía que si se empleaban varias soluciones técnicas para un mismo problema, es que ninguna de ellas era suficientemente buena como para desbancar a las demás. Y aunque parto de la base de que nuestro problema más acuciante es el aumento de las concentraciones de CO2, no cierro la puerta a ninguna tecnología de generación eléctrica. A todos nos gusta tener una nevera en casa, y yo hago uso intensivo y extensivo de ordenadores y pantallas tanto para trabajo, como formación y ocio.

Así que puse sobre la mesa mis datos. La energía nuclear es barata de producir, no emite gases contaminantes y es muy estable, muy fácil de integrar en las redes de distribución (siempre produce lo mismo, en el mismo lugar). En España la usamos como generación de base, siempre funcionando a máxima eficiencia. Salvo paradas técnicas, nos aporta entre un 25% y un 40% de la potencia necesaria (la variación no depende de lo que produce, si no del total del consumo, que va variando a lo largo del día). Y aunque es caro, buena parte de sus residuos se pueden tratar para alimentar otros tipos de centrales nucleares.

Esperar menos sería terrible, es una tecnología que ya lleva extendida 40 años (lo que supone 40 años de I+D+i a sus espaldas), popularizada especialmente tras la guerra fría y la firma de desnuclearizar los arsenales de las grandes potencias. Pero aunque su coste de MWh es el más barato si tenemos en cuenta los costes de operación, incluyendo combustible, se suele dejar de lado en ese análisis otros costes como la reutilización del combustible o el almacenaje de los residuos. Por no contar con que ninguna aseguradora se hace cargo de los costes de un accidente a gran escala, y es el estado el que debe sufragar ese coste, así que mientras que en otras tecnologías sí se imputa ese coste por seguros que cubren casi todas las incidencias, en la nuclear sólo se contempla el seguro de las incidencias básicas.

En ese momento, hace dos o tres años, el coste de la nuclear en Europa era de aproximadamente 100 €/MWh, y la eólica acababa de recortar su coste hasta ese valor simbólico. El factor precio, tan esgrimido en foros generalistas, se desvanecía como argumento. Actualmente, el precio de la nuclear ha ascendido a 110 €/MWh, mientras que ya hay proyectos fiables que ofrecen energía eólica a 80 €/MWh. Y más que tiene que bajar ya que es una tecnología con apenas 15 años de maduración.

Aún así, siempre que nos empeñamos en tratar el coste de generación de distintas energías, arañando pequeñas cantidades como logros existenciales, olvidamos que en el peso de la factura, el coste de la energía como tal no llega al 32%. El resto son impuestos y tasas.

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