"Si tuvieras que arar un campo, ¿qué preferirías usar, dos fuertes bueyes o 1024 pollos?" Seymour Cray
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 15 segs)
A quien haya leído mi CV en los ultimos meses verá que he estado cursando un master online en JAVA. Realmente no se ajusta a mi trayectoria profesional, siendo ingeniero técnico eléctrico y habiendo estudiado un máster MBA, esta opción parece poco obvia para seguir forjando mi perfil. Pero mi intención es precisamente esa, establecer una tercera "pata" en mi formación que añada versatilidad a mis candidaturas, mientras que busco cursos y empleos que añadan profundidad. No quiero picotear demasiado pero sí establecerme en varios posibles sectores antes de seguir construyendo mi carrera profesional.
Pues bien, el master en JAVA se ha quedado a medias. Han llegado los 6 meses y se ha cancelado mi matrícula. He buscado y rebuscado si había alguna clausula de tiempo (aunque 6 meses me parece apretado para un máster de 450 horas que presume de ajustarse a tu ritmo) y no he encontrado nada. He mandado varios emails a la empresa y no he tenido respuesta, y las llamadas por teléfono siempre han quedado sin contestar. Intuyo que al haber adquirido el máster via oferta soy una especie de alumno de segunda, a pesar de que hacer según que tipo de distinciones suele ser muy poco beneficioso para una empresa.
No suelo creer en la suerte pero a los dos o tres días de darme por vencido el Servicio de Empleo me ha ofrecido un curso de certificación donde la programación en JAVA tiene cierto peso. Y además, de hacer el curso completo, obtengo un título con una oficialidad que el máster no tenía. No voy a recuperar los 6 meses que he perdido, pero lo que he aprendido va a hacer que este curso sea más fácil.
Este blog forma parte del nuevo proyecto personal de búsqueda laboral: www.mariomonzon.es
lunes, 21 de septiembre de 2015
lunes, 14 de septiembre de 2015
Deformación semi-profesional
"El placer que acompaña al trabajo pone en olvido a la fatiga." Horacio
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 15 segs)
El sábado salí de noche por Madrid con media docena de amigos, dos de ellos nos invitaron a cenar por su cumpleaños a una cerveceria en Callao donde ponen hamburguesas y cosas así. El local estaba bastante bien, no muy grande, una mezcla entre rockero y pub irlandés y la comida estaba buena. La unica pega es que llegamos a falta de un tiempo para que acabase el partido de futbol entre Atlético y Barcelona, y el audio estaba demasiado alto. En cuanto acabó el partido, se despejó un poco el local y la acústica mejoró ostensiblemente.
Desde nuestra mesa, cerca de la puerta, teníamos un lugar privilegiado para otear prácticamente todo el local. Y un amigo me dio un codazo cómplice para que me fijase en una chica que estaba en la barra tomándose media pinta, justo frente a nosotros, y por tanto casi en la puerta. La chica en cuestión charlaba con el camarero cada vez que este no tenía pedidos, y no tardaron en unirse a ella otras dos chicas más. Eran innegablemente atractivas. Pero más que en eso, me fijé en que otros cuatro individuos, más bien del montón, y que también tenían bastante relación con el camarero, pero que estaban al otro lado del local. Y me empecé a preguntar si sería una sutil forma de añadir atractivo al pub (chicas guapas bebiendo cerca de la puerta, y los chicos normales al otro lado del local) o es que simplemente la distribución de los clientes habituales correspondía al capricho de estos o a sus costumbres. Generalmente estas cosas están más que estudiadas con productos y empleados, pero ¿cómo le dices a un cliente que se siente al fondo porque es normalito? Si a mi me lo dijeran, siendo normalito y seguramente destinado al fondo del local, probablemente cambiase de lugar de encuentro.
Pues sí, en lugar de recrearme en el atractivo de las chicas, como pretendía mi solidario amigo, estaba pensando en cómo gestionar un reto logístico. También me pasa con las esculturas de arte moderno, que en lugar de intentar dilucidar que quiere transmitir el autor, me suelo sorprender a mi mismo pensando en los materiales de los que está hecho, como se trabajarían y en posibles opciones en las que voy calculando cual es más rentable en una escala esfuerzo vs costes.
De momento voy a dejarlo en deformación semi-profesional... Cuando vuelva a tener un trabajo remunerado ya lo subiré de categoría.
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 15 segs)
El sábado salí de noche por Madrid con media docena de amigos, dos de ellos nos invitaron a cenar por su cumpleaños a una cerveceria en Callao donde ponen hamburguesas y cosas así. El local estaba bastante bien, no muy grande, una mezcla entre rockero y pub irlandés y la comida estaba buena. La unica pega es que llegamos a falta de un tiempo para que acabase el partido de futbol entre Atlético y Barcelona, y el audio estaba demasiado alto. En cuanto acabó el partido, se despejó un poco el local y la acústica mejoró ostensiblemente.
Desde nuestra mesa, cerca de la puerta, teníamos un lugar privilegiado para otear prácticamente todo el local. Y un amigo me dio un codazo cómplice para que me fijase en una chica que estaba en la barra tomándose media pinta, justo frente a nosotros, y por tanto casi en la puerta. La chica en cuestión charlaba con el camarero cada vez que este no tenía pedidos, y no tardaron en unirse a ella otras dos chicas más. Eran innegablemente atractivas. Pero más que en eso, me fijé en que otros cuatro individuos, más bien del montón, y que también tenían bastante relación con el camarero, pero que estaban al otro lado del local. Y me empecé a preguntar si sería una sutil forma de añadir atractivo al pub (chicas guapas bebiendo cerca de la puerta, y los chicos normales al otro lado del local) o es que simplemente la distribución de los clientes habituales correspondía al capricho de estos o a sus costumbres. Generalmente estas cosas están más que estudiadas con productos y empleados, pero ¿cómo le dices a un cliente que se siente al fondo porque es normalito? Si a mi me lo dijeran, siendo normalito y seguramente destinado al fondo del local, probablemente cambiase de lugar de encuentro.
Pues sí, en lugar de recrearme en el atractivo de las chicas, como pretendía mi solidario amigo, estaba pensando en cómo gestionar un reto logístico. También me pasa con las esculturas de arte moderno, que en lugar de intentar dilucidar que quiere transmitir el autor, me suelo sorprender a mi mismo pensando en los materiales de los que está hecho, como se trabajarían y en posibles opciones en las que voy calculando cual es más rentable en una escala esfuerzo vs costes.
De momento voy a dejarlo en deformación semi-profesional... Cuando vuelva a tener un trabajo remunerado ya lo subiré de categoría.
lunes, 7 de septiembre de 2015
China
"Dejad que China duerma, porque, cuando despierte, el mundo temblará." Napoleón Bonaparte
(tiempo de lectura medio estimado: 2 min y 50 segs)
El otro día quedé con algunos conocidos, casi todos ingenieros, algunos con puestos de relativa responsabilidad (y otros en mi situación). Y salió el tema de China, que lleva coleando por los mercados desde hace un par de semanas. Me sorprendió ver que, en general, el conocimiento del tema era nulo más allá de que había bajado la bolsa, que es el titular con el que abrieron los telenoticias.
Hoy en día la formación de un ingeniero debe ser transversal. Salvo que vayas a estar junto a una maquina o instalación, sólo ocupándote del aspecto más mecánico, es necesario un conocimiento amplio del mundo en el que nos movemos. He visto muy pocas ofertas del sector en las que no pidan fluidez en Inglés para proyectos internacionales, habilidades de gestión económica o habilidades de comercial. No tenemos que ser economistas, que hemos estudiado una ingeniería y somos ingenieros, pero sí entender de economía tanto en cuanto afecta a nuestros posibles proyectos.
China ha estado creciendo a un ritmo espectacular durante años, ser la fábrica del mundo les ha dado un buen impulso. Pero desde hace meses se viene hablando del peligro de sus burbujas. La primera de ellas es la burbuja inmobiliaria, buena parte de la población rural ha intentado moverse a las ciudades en busca de oportunidades. Ya sea por cálculos erróneos o por las facilidades administrativas y crediticias (esto debería sonarnos), se ha construido mucho, pero no siempre en buenos lugares, haciendo que en algunas ciudades los precios sean exorbitantes y que en otras se haya construido demasiado, dando lugar a inmensas ciudades fantasma (con equipamientos y servicios, pero sin gente). El nivel de inversión necesario es enorme, y es necesario que esté involucrado un gran banco o el estado. Si una ciudad cuesta X millones en construirse y no tiene retorno de inversión supone que un banco va a dejar de cobrar créditos o que el gobierno va a tener que poner dinero público.
La siguiente burbuja tiene que ver con el sector industrial y los sueldos. El sueldo medio no ha parado de crecer, excepto para el mundo rural, y ha surgido ya la clase media. Por un lado genera tensiones sociales, por otro lado genera deslocalizaciones... Sí, muchas empresas empiezan a mover sus factorías desde China hasta otros países vecinos con menor sueldo medio. No quiero insinuar que la subida salarial sea mala, sería tirar piedras contra nuestro propio tejado, pero es cierto que las expansiones repentinas tienen resultados finales inciertos. Lo natural es redirigir esa mejora del sueldo para aumentar el consumo interno y reactivar la economía basándose menos en exportar y más en satisfacer al consumidor local. Al haber sucedido de forma súbita hay desequilibrios que hacen que esto suponga un reto.
La última burbuja es la bolsa, un país pujante invita a invertir en su bolsa. Generalmente la buena salud de una nación se debe a una buena salud de sus empresas y los inversores extranjeros ven una oportunidad de hacer grandes aportaciones con el fin de recoger grandes beneficios. Hay un efecto llamada, los primeros inversores pronto hablan de beneficios y surgen nuevos inversores que compran más acciones, que hace subir la bolsa y que genera mayores beneficios. Lamentablemente hemos visto que no siempre la economía real coincide con la economía financiera, a veces los inversores se preocupan más de las cifras de beneficio prometidas que de los números de la empresa. Cuando una empresa quiebra, de nuevo, se hace efecto llamada pero a la inversa. En este caso, China, ha intentado compensar la fuga de inversores inyectando su propio dinero.
Nuestra exposición a China es menor al 2% de nuestras exportaciones, no dudo que generará algunos dramas personales de empresarios que hayan dedicado mucho tiempo y dinero en abrirse camino hasta el lejano oriente, pero a nivel nación sólo será un bache (que con suerte taparemos si el precio del crudo se mantiene bajo).
Y aquí es donde surge el peligro para España, China pretende pagar sus medidas con el dinero que obtiene de la venta de dolares que tiene en reserva. Si aumenta el flujo de dolares en circulación su valor disminuye, y al devaluarse se incrementa el valor del euro. Si nos fijamos en la evolución EUR/USD, antes de desatarse la crisis bursátil china el euro iba en caída libre frente al dólar. Al estallar la crisis el euro se revalorizó, y ahora están relativamente estables el uno frente al otro. Para lanzar las exportaciones nos interesa un euro débil frente al dólar, y más ahora que el petroleo está bajo y sería asumible para nuestra factura energética.
Y ya no sólo eso. Mientras nuestra exposición a China es baja, Alemania o gran parte de América del Sur sí tienen más intereses allí. Y dado que ellos sí nos afectan más directamente, puede que el rebote haga desaparecer nuestras cifras de crecimiento (buenas, pero frágiles).
Es posible que me equivoque (al fin y al cabo, no es mi campo y no tengo acceso a todos los datos), o que China consiga rehacerse y retome su senda de crecimiento desmesurado, pero sin duda es un tema del que hay que estar al día.
martes, 1 de septiembre de 2015
Trabajo de campo
"Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender."
Marie Curie
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 40 segs)
Por
segunda vez este verano publico un día tarde. Esta vez han sido motivos
laborales, algo que obviamente prima sobre lo demas, pero deberé poner más
atención en un futuro.
Al tema. Una de las empresas que me han contratado últimamente es
una consultora familiar, me han ofrecido trabajos muy temporales que tampoco da para vivir, pero
lo cierto es que me han costeado los cursos de este ultimo año (alemán A2, inglés C1, Autocad en breve). Con el añadido de que alguien confíe
en ti reiteradas veces y lo que eso ayuda a fortalecer de cara a seguir buscando un trabajo más de lo mio.
Esta vez ha sido agridulce. El trabajo, lejos de análisis y gestión, que es más lo mio, ha consistido en
hacer encuestas a pie de calle a población latina para un posterior estudio en otra empresa sobre las costumbres de ahorro y flujos de capital hacia sus paises de
origen. No voy a negar que la idea me aterraba. Mi faceta comercial
es más fluida cuando hay una cartera de clientes y se hace un seguimiento acordado entre ambos, pero así, abordar a
gente a puerta fría no lo había hecho nunca. Lo vinculo a habilidades de
comercial dado que la encuesta era sensible, a mi juicio, y con una duración relativamente larga.
El caso es que, después de un largo día de trabajo, mis resultados han sido nulos. He hecho un par de cientos de intentos, entablando contacto con una treintena de personas, de las que 3 han accedido a dedicarme 15 minutos, pero han abandonado la encuesta antes de acabar, por lo que no cuenta y no cobro ni yo, ni la consultora. Y lo lamento profundamente por la consultora (siempre se portan bien conmigo) dado que mi deficiente trabajo les afecta a ellos.
Pero, en el lado más personal, ha sido positivo. He roto un círculo de confort y me he enfrentado a algo que me generaba intranquilidad. He asimilado bien los resultados. Y he ganado experiencia.
lunes, 24 de agosto de 2015
Pony Express
“Necesidad
urgente. Todos los jovenes, delgados, fibrosos, con no más de 18
años, apuntaos por favor. Se da prioridad a orfanatos. Deben ser
expertos jinetes y no tener miedo a enfrentarse a la muerte a diario
por sueldos de 25$ semanales”. Oferta de trabajo de Pony
Express en 1860.
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 30 segs)
A mediados del siglo XIX, EEUU tenía ya importantes asentamientos en el sur (en la frontera con México) y en la zona este (una convulsa New York) y se veía la zona oeste como una oportunidad de expansión, apenas conocida, llena de inmensas zonas con recursos sin explotar, preparada para hacer rico al primero que llegase. El problema es que había que cruzar zonas muy hostiles, plagadas de nativos, forajidos y los peligros propios de zonas casi sin explorar. Y ya no era sólo cruzar y fundar una población, si no conseguir apoyo logístico desde las poblaciones más asentadas al otro lado de los peligros recién pasados. Los decididos colonos se aventuraban tan lejos por prosperidad y a alguien tenían que venderles las materias primas que no usaban ellos mismos para establecerse.
Había dos formas de intercambiar mensajes y recursos, una era bastante incierta, mediante carruajes bien escoltados, la más segura era por barco, rodeando América del Sur por la Tierra del Fuego o con barcos más pequeños y menos rentables por el itsmo de Panamá. Una travesía que, incluso sin complicaciones, tardaba varios meses. Dificultaba el flujo de información que, como pasa actualmente, era de vital importancia que fuese lo más fluido posible.
Para cubrir esta necesidad surgieron varias compañías, aunque la más famosa es Pony Express. Establecieron puestos, algunos de ellos verdaderas fortificaciones, cada 16 km, la distancia que un caballo podía correr al galope sin aminorar la marcha. En cada puesto se cambiaba de caballo, el jinete cambiaba la mochila a uno fresco y salía a galope de nuevo en menos de dos minutos. Las sacas llevaban 75 kilos de correspondencia, por eso la necesidad de jinetes menudos. Gracias a esta nueva compañía se consiguió conectar la recién fundada sacramento en apenas 10 días.
Aunque su empresa tuvo técnicamente éxito, el proyecto no tuvo tanta rentabilidad como esperaban debido a que no consiguieron un contrato con el gobierno. Tan sólo un par de años más tarde el telégrafo acabaría por finiquitar el negocio.
lunes, 17 de agosto de 2015
Puntualidad
"Procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de
una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera."
Nicolas Boileau-Despréaux.
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 30 segs)
Este fin de semana he vuelto a viajar, mitad placer y mitad huir de las fiestas de Leganés. Como contrapunto he visitado el Parque Arqueológico de Segóbriga, en Cuenca, antiguo asentamiento romano con un circo y un anfiteatro muy bien conservados, y con un trabajo en activo por seguir descubriendo estructuras romanas del asentamiento. Me vine con la experiencia de sentir un ligero escalofrío al asomarme al habitáculo donde se supone guardaban a las bestias.
El tema es otro. Suelo ser cuidadoso, casi puntilloso, con los horarios, y el viernes estaba en Atocha 15 minutos antes de que saliese mi tren (antes solía estar bastante antes, pero contando que hay tren directo desde la estación a un par de minutos de mi casa, fui puliendo los tiempos de espera). En cuanto anunciaron el anden del tren ya estaba preparado, y poco después estaba en mi asiento leyendo.
Con el tren ya en movimiento apareció una mujer joven con su hija. Se sentó y empezó a hablar por el móvil contándole a alguien que por hablar con el móvil se había confundido de anden y casi pierde el tren. La cobertura en el trayecto hasta Alcázar de San Juan no está siempre disponible, y con evidentes comentarios de fastidio dejó de hablar por el teléfono, había perdido la conexión.
Yo era el pasajero más cercano, y llamó mi atención (que en parte ya tenía por su conversación constante en voz bastante alta y mi aburrimiento) y me preguntó, con la cara desencajada que si ya nos habíamos pasado determinada estación. Que no se había dado cuenta, quejándose de que no había ningún aviso. Casualmente su destino era el mismo que el mio y no se había pasado, pero le comenté que estuviese atenta a megafonía, o a mi mismo, para bajarse. Cuando me tocó bajar ya estaba hablando por el móvil, entre risas y comentarios cariñosos, y tuve que interrumpirla para avisarla de la llegada a destino.
Bajé del tren contento por mi sentido de la puntualidad que no llega a manía pero por poco, pero que me suele hacer prestar atención a los detalles (algunos tan sutiles como una voz potente por megafonía), muy útil para no llegar tarde. Y para no pasarme de parada.
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 30 segs)
Este fin de semana he vuelto a viajar, mitad placer y mitad huir de las fiestas de Leganés. Como contrapunto he visitado el Parque Arqueológico de Segóbriga, en Cuenca, antiguo asentamiento romano con un circo y un anfiteatro muy bien conservados, y con un trabajo en activo por seguir descubriendo estructuras romanas del asentamiento. Me vine con la experiencia de sentir un ligero escalofrío al asomarme al habitáculo donde se supone guardaban a las bestias.
El tema es otro. Suelo ser cuidadoso, casi puntilloso, con los horarios, y el viernes estaba en Atocha 15 minutos antes de que saliese mi tren (antes solía estar bastante antes, pero contando que hay tren directo desde la estación a un par de minutos de mi casa, fui puliendo los tiempos de espera). En cuanto anunciaron el anden del tren ya estaba preparado, y poco después estaba en mi asiento leyendo.
Con el tren ya en movimiento apareció una mujer joven con su hija. Se sentó y empezó a hablar por el móvil contándole a alguien que por hablar con el móvil se había confundido de anden y casi pierde el tren. La cobertura en el trayecto hasta Alcázar de San Juan no está siempre disponible, y con evidentes comentarios de fastidio dejó de hablar por el teléfono, había perdido la conexión.
Yo era el pasajero más cercano, y llamó mi atención (que en parte ya tenía por su conversación constante en voz bastante alta y mi aburrimiento) y me preguntó, con la cara desencajada que si ya nos habíamos pasado determinada estación. Que no se había dado cuenta, quejándose de que no había ningún aviso. Casualmente su destino era el mismo que el mio y no se había pasado, pero le comenté que estuviese atenta a megafonía, o a mi mismo, para bajarse. Cuando me tocó bajar ya estaba hablando por el móvil, entre risas y comentarios cariñosos, y tuve que interrumpirla para avisarla de la llegada a destino.
Bajé del tren contento por mi sentido de la puntualidad que no llega a manía pero por poco, pero que me suele hacer prestar atención a los detalles (algunos tan sutiles como una voz potente por megafonía), muy útil para no llegar tarde. Y para no pasarme de parada.
martes, 11 de agosto de 2015
Viajes
"An neach nach cìnn na chadal, Cha chìnn e na dhuisg". ("Aquel que no prospera en sus sueños, no prosperará despierto"). Proverbio irlandés
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 10 segs)
Esta semana voy con retraso. Este post debía haberse publicado ayer, pero he estado fuera unos días. Es cierto que esta vez no ha sido nada épico, no algo que contar en una guía de viajes, pero lo cierto es que me ha traído a la memoria una anécdota de mis vivencias en Irlanda.
Recuerdo que cruzábamos Irlanda en tren, de Dublín a Galway. El único año que no tuvimos problemas con el servicio ferroviario irlandés que siempre nos prometía haber añadido un vagón para nosotros y que siempre se olvidaba de ello y los alumnos del curso debían buscar asientos separados. Pocas veces pude ir yo mismo sentado (obviamente, todo asiento que encontraba yo era para acomodar a los alumnos). En todo caso, ese año el tren iba más vacio y pude sentarme en uno de esos asientos que comparten mesa.
Saqué mis apuntes de centrales eléctricas, en concreto de sistemas de refrigeración en centrales nucleares, y el tipo de delante, un hombre ajado de piel castigada, movió su cabeza para fijar la mirada en mis apuntes. En un español con fuerte acento irlandés me dijo que él era ingeniero de la vieja escuela y me comentó algunas cosas que yo tenía en mis apuntes, pero dentro del montón de hojas, imposible de ver, y sobre temas que estaban lejos del ser conocidos por el gran público.
Captó mi atención. Compartió parte de su vida conmigo y me habló de su mujer, española, y de sus decisiones. Me animaba a decidir, a no tener miedo a pesar de los sacrificios. Ha pasado el tiempo, y todavía recuerdo vivamente la conversación.
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 10 segs)
Esta semana voy con retraso. Este post debía haberse publicado ayer, pero he estado fuera unos días. Es cierto que esta vez no ha sido nada épico, no algo que contar en una guía de viajes, pero lo cierto es que me ha traído a la memoria una anécdota de mis vivencias en Irlanda.
Recuerdo que cruzábamos Irlanda en tren, de Dublín a Galway. El único año que no tuvimos problemas con el servicio ferroviario irlandés que siempre nos prometía haber añadido un vagón para nosotros y que siempre se olvidaba de ello y los alumnos del curso debían buscar asientos separados. Pocas veces pude ir yo mismo sentado (obviamente, todo asiento que encontraba yo era para acomodar a los alumnos). En todo caso, ese año el tren iba más vacio y pude sentarme en uno de esos asientos que comparten mesa.
Saqué mis apuntes de centrales eléctricas, en concreto de sistemas de refrigeración en centrales nucleares, y el tipo de delante, un hombre ajado de piel castigada, movió su cabeza para fijar la mirada en mis apuntes. En un español con fuerte acento irlandés me dijo que él era ingeniero de la vieja escuela y me comentó algunas cosas que yo tenía en mis apuntes, pero dentro del montón de hojas, imposible de ver, y sobre temas que estaban lejos del ser conocidos por el gran público.
Captó mi atención. Compartió parte de su vida conmigo y me habló de su mujer, española, y de sus decisiones. Me animaba a decidir, a no tener miedo a pesar de los sacrificios. Ha pasado el tiempo, y todavía recuerdo vivamente la conversación.
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