lunes, 17 de agosto de 2015

Puntualidad

"Procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera." Nicolas Boileau-Despréaux.

 (tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 30 segs)



Este fin de semana he vuelto a viajar, mitad placer y mitad huir de las fiestas de Leganés. Como contrapunto he visitado el Parque Arqueológico de Segóbriga, en Cuenca, antiguo asentamiento romano con un circo y un anfiteatro muy bien conservados, y con un trabajo en activo por seguir descubriendo estructuras romanas del asentamiento. Me vine con la experiencia de sentir un ligero escalofrío al asomarme al habitáculo donde se supone guardaban a las bestias.

El tema es otro. Suelo ser cuidadoso, casi puntilloso, con los horarios, y el viernes estaba en Atocha 15 minutos antes de que saliese mi tren (antes solía estar bastante antes, pero contando que hay tren directo desde la estación a un par de minutos de mi casa, fui puliendo los tiempos de espera). En cuanto anunciaron el anden del tren ya estaba preparado, y poco después estaba en mi asiento leyendo.

Con el tren ya en movimiento apareció una mujer joven con su hija. Se sentó y empezó a hablar por el móvil contándole a alguien que por hablar con el móvil se había confundido de anden y casi pierde el tren. La cobertura en el trayecto hasta Alcázar de San Juan no está siempre disponible, y con evidentes comentarios de fastidio dejó de hablar por el teléfono, había perdido la conexión.

Yo era el pasajero más cercano, y llamó mi atención (que en parte ya tenía por su conversación constante en voz bastante alta y mi aburrimiento) y me preguntó, con la cara desencajada que si ya nos habíamos pasado determinada estación. Que no se había dado cuenta, quejándose de que no había ningún aviso. Casualmente su destino era el mismo que el mio y no se había pasado, pero le comenté que estuviese atenta a megafonía, o a mi mismo, para bajarse. Cuando me tocó bajar ya estaba hablando por el móvil, entre risas y comentarios cariñosos, y tuve que interrumpirla para avisarla de la llegada a destino.

Bajé del tren contento por mi sentido de la puntualidad que no llega a manía pero por poco, pero que me suele hacer prestar atención a los detalles (algunos tan sutiles como una voz potente por megafonía), muy útil para no llegar tarde. Y para no pasarme de parada.

martes, 11 de agosto de 2015

Viajes

"An neach nach cìnn na chadal, Cha chìnn e na dhuisg". ("Aquel que no prospera en sus sueños, no prosperará despierto"). Proverbio irlandés



 (tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 10 segs)

Esta semana voy con retraso. Este post debía haberse publicado ayer, pero he estado fuera unos días. Es cierto que esta vez no ha sido nada épico, no algo que contar en una guía de viajes, pero lo cierto es que me ha traído a la memoria una anécdota de mis vivencias en Irlanda.

Recuerdo que cruzábamos Irlanda en tren, de Dublín a Galway. El único año que no tuvimos problemas con el servicio ferroviario irlandés que siempre nos prometía haber añadido un vagón para nosotros y que siempre se olvidaba de ello y los alumnos del curso debían buscar asientos separados. Pocas veces pude ir yo mismo sentado (obviamente, todo asiento que encontraba yo era para acomodar a los alumnos). En todo caso, ese año el tren iba más vacio y pude sentarme en uno de esos asientos que comparten mesa.

Saqué mis apuntes de centrales eléctricas, en concreto de sistemas de refrigeración en centrales nucleares, y el tipo de delante, un hombre ajado de piel castigada, movió su cabeza para fijar la mirada en mis apuntes. En un español con fuerte acento irlandés me dijo que él era ingeniero de la vieja escuela y me comentó algunas cosas que yo tenía en mis apuntes, pero dentro del montón de hojas, imposible de ver, y sobre temas que estaban lejos del ser conocidos por el gran público.

Captó mi atención. Compartió parte de su vida conmigo y me habló de su mujer, española, y de sus decisiones. Me animaba a decidir, a no tener miedo a pesar de los sacrificios. Ha pasado el tiempo, y todavía recuerdo vivamente la conversación.

lunes, 3 de agosto de 2015

Estrategia

Las estrategias se modificaban a medida que cambiaban las condiciones.” Robert Ludlum

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 35 segs)


Esta semana estoy de “Quedada”, nos juntamos un puñado de amigos y cargamos ordenadores o consolas hasta el espacio habilitado en casa de uno de ellos para montar nuestra pequeña red local de videojuegos. Hace años que nuestras reuniones de varios días para jugar están ligeramente adulteradas. El tiempo no pasa en balde y, aunque es un hobby que considero no tiene edad, lo cierto es que las tendencias personales cambian, evolucionan.

Por la mañana dedicamos un buen rato a hacer deporte al aire libre. A la hora de comer, dedicamos bastante tiempo a cocinar y charlar tranquilamente. Y por la tarde/noche nos sentamos bajo el cielo estrellado a hablar, cerveza en mano, a ponernos un poco al día de nuestras vidas ajetreadas. Al final casi todo queda en estar juntos y desconectar 3 o 4 días.

Pero una de las tardes decidimos jugar a un juego de estrategia económica/bélica, en dos equipos enfrentados y nos pusimos un límite de 3 horas de paz antes de empezar a combatir. Las bases son sencillas: recoger recursos y entrenar soldados para combatir, se presupone que el único límite son los recursos disponibles en el mapa, sin problema de falta de población. Aunque parezca que 3 horas dan para mucho, se empieza desde cero y hay que desarrollar muchas lineas de acción. Mis primeros pasos son mecánicos, destaco unas cuantas patrullas para aclarar el mapa en torno a mi poblado para que no me sorprenda nada de lo que venga, y creo aldeanos sin parar que recolecten recursos.

Procuro que todos los productores tengan caminos cortos y centros de distribución cercanos. Son 3 horas sin parar, pendiente, cuidando con mimo todos los detalles. En esta partida en cuestión aproveché un rio para usarlo de defensa natural, y mi compañero tomó los dos pasos disponibles para ser nosotros quienes controlásemos el rio y decidiésemos los tempos de juego. A las 3 horas, dimos el visto bueno y empezamos el combate. Incluso siendo el equipo con menos jugadores ganamos porque pudimos mantener el flujo de tropas, mientras que a nuestros contrincantes se les acababa los recursos yo seguía produciendo recursos para mi compañero y para mi. Finalmente, en las estadísticas finales, que estudiamos con intención de lanzarnos pullitas amistosas, recolecté el doble que todo el equipo contrario junto. El secreto está en cuidar los pequeños detalles y no descansar hasta que el trabajo esté hecho.

lunes, 27 de julio de 2015

Efecto Dunning-Kruger

"Cuanto más sabemos, más fácil es admitir lo que no sabemos." Leonid S. Sukhorukov

"La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento” Charles Darwin

(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 35 segs)


El efecto Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo que conlleva que individuos con escasa habilidad o conocimientos tengan un sentimiento de superioridad falso, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas. Demostraron su teoría gracias a varios experimentos entre alumnos de la universidad de Cornell en las que se hacían test sobre distintas materias, se mostraba el resultado a cada individuo y se le pedía que estimase su posición respecto al resto de participantes (si estaba entre los mejores o entre los peores).

El 25% que peor resultado obtuvo tendía a sobrevalorar su resultado. A posicionarse, si no entre los mejores, al menos por encima de la media, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real. Es inherente al ser humano, a todos los niveles, incluso ha derivado en otros estudios en los que se demuestra que expertos en un tema a menudo sobrevaloran sus conocimientos de otros temas ajenos a su campo.

En ocasiones es un rasgo bastante agudizado y de seguro no nos resulta ajeno a ninguno (según leía el estudio he pensado automáticamente en un par de personas) pero tiene una explicación relativamente sencilla. Si alguien no conoce un tema, tampoco conocerá las complejidades ocultas de este, y por tanto considerará que es fácil y lo domina.

Por ejemplo... Alguien que no sabe cocinar, ignorará las sutilezas de cambiar la potencia de cocción a medio proceso o la importancia del orden de los ingredientes. Y como ignora que son elementos determinantes, no los tiene en cuenta a la hora de medir sus capacidades y su nivel será falsamente favorecido al excluir procesos más complejos de la ecuación. Pensará que cocinar es fácil porque es echar los ingredientes a una olla y olvidarse hasta la hora de comer. Y como es “fácil”, si el resultado no es optimo, la responsabilidad seguramente recaerá en la “mala” calidad de los ingredientes.

Al igual que personas con poco conocimiento tienen a sobreestimar sus habilidades, las personas con más conocimiento tienden a subestimar las suyas, dando por hecho, por ejemplo, que tareas que son sencillas para ellos, gracias a su nivel de conocimiento, son sencillas para todos.

Afortunadamente también se demostró que lo primero tiene solución. Aquellas personas que recibían formación especifica sobre un tema, a parte de mejorar su puntuación en los test, tenían mejores herramientas para valorar su desempeño.

lunes, 20 de julio de 2015

Cafeterías de hospital

"Recordar las cosas del pasado no es necesariamente recordar las cosas como estaban." Marcel Proust
 
(tiempo de lectura medio estimado: 1 min y 25 segs)


Esta semana he sido tío primerizo, y estamos todos como locos con el nuevo miembro de la familia.

El pequeño ha nacido en un hospital privado de determinada compañía de servicios integrales. Lejos de ser algo exclusivo, debe atender bastantes conciertos pues por los pasillos se veía gente de casi cualquier nivel de ingresos (reconozco que hasta ahora mi experiencia en hospitales ha sido afortunadamente escasa y siempre en el sector público). Y, aunque todos estemos muy ilusionados, no se ha podido evitar comentar el excesivo coste de algunos de los servicios.

Refrescos a 3 euros, una hora de parking 3 euros, un sándwich envasado 5 euros, una pulga con pan ya reseco 4 euros.... Y obviamente, son precios que se ajustan a la realidad del negocio o, al menos, eso parece dado que la cafetería estaba llena y el aparcamiento, grande, a reventar. Tienen varias especialidades, pero desde el punto de vista de los ingresos hospitalarios (quienes, en principio, hace un uso más intensivo de cafetería y aparcamiento), parece que su punto fuerte son los partos, naturales o por cesárea. ¿Quién va a mirar un euro arriba o abajo si, por lo que sea, está esperando en ese hospital a que un familiar cercano de a luz? Es más, el éxito completo llega porque ¿quien se va a acordar de estos precios tan alejados de una realidad cotidiana para el común de los que acudimos allí cuando después te llevas a casa un carrito con un nuevo miembro?.

Estuve tomando nota mentalmente de algunos “vecinos” de pasillo, que se quejaban abiertamente de los precios, luego hacían uso de ese servicio del que se habían quejado y finalmente sonreían cuando el recién nacido de su familia hacía algún gesto. Olvidando sus quejas iniciales (o suavizandolas en la memoria, importante para mantener su fidelidad). Desde el punto de vista del gestor, es sin duda un buen modelo de negocio. Y con una mezcla de felicidad y un poco de efecto Pigmalion, el refresco y la pulga de tortilla hasta saben mejor.

lunes, 13 de julio de 2015

Discos duros

"Una experiencia nunca es un fracaso, pues siempre viene a demostrar algo." Thomas Alva Edison

(tiempo de lectura medio estimado: 2 mins y 30 segs)


Hoy tenía preparado otro post pero por causas de fuerza mayor cambio los planes. El viernes un familiar conectó el horno, el lavavajillas y el aire acondicionado, demasiado para nuestra potencia contratada, y saltó el automático del cuadro eléctrico. Yo estaba trabajando en el ordenador, moviendo una serie de archivos, y he tenido la mala suerte de que el disco duro principal se ha dañado y sólo es accesible ocasionalmente.

Ayer se lo comentaba a una amiga en una charla de whatsapp y me recomendó contar mi sábado en el blog, “si quieres venderte, escribe sobre tu día”.

Me quedé sin ordenador el viernes por la tarde/noche, mi tendencia natural es ponerme con ello en cuanto puedo, pero ese día ya era tarde. El sábado por la mañana decidí salir a correr un ratito para airearme y pensar en una posible solución. Al llegar a casa ya tenía en mente un esquema bastante claro de qué ir haciendo y una estimación de tiempo de cada paso.

Lo primero, recuperar uso del ordenador y poder acceder, aunque malamente, a los datos del disco duro original. Son 5 años de datos. Desmonté un grabador de TV que no usamos y me hice con su disco duro de 500 GB, no demasiado grande pero más que suficiente, lo monté en mi ordenador y le instalé un nuevo sistema operativo desde cero.

Un ratito después ya tenía un ordenador útil y más idea de los errores. La placa base, que ya fallaba de antes, también había sufrido y después de unos cuantos metódicos intentos pude comprobar que sólo tenía útiles de verdad 2 de los 6 conectores SATA disponibles. Es decir, o conectar dos discos duros, o disco duro y grabadora de DVD.

Al menos me dejaba acceder al disco duro dañado desde el nuevo que, después de un par de tratamientos superficiales, seguía dañado pero suficientemente estable como para sacar los datos más importantes. En este punto, con 3 horas de espera por delante, y con miedo a toquetear por si acaso, decidí cumplir mis compromisos y me fui a Madrid con unos amigos. Al volver a casa estaba a punto de terminar la copia de datos. Con lo importante ya a salvo, sólo me quedaba intentar recuperar el disco duro, y las cosas menos importantes (como varios cientos de GB de cursos, películas y series).

Trasteé e investigué sobre el problema de fondo, tanto en software como en hardware, hasta tener conocimientos suficientes para no dar palos de ciego. Los “bad sectors” que se producen en los discos duros y cómo solucionarlos, o, si es imposible de arreglar, al menos como aislarlos. Los programas de diagnostico son lentos y el disco duro muy grande, así que seguí cumpliendo compromisos, en este caso domésticos, y tapicé el respaldo de una silla e hice una masa para pizza (es la primera que hago, y es realmente sencillo si sigues las recetas, incluso trabajando con levadura natural que es más sensible). 

A última hora había logrado ya bastante. Como poco, tener un ordenador plenamente funcional para poder trabajar durante la semana y haber recuperado la mayor parte de los archivos que quería salvaguardar. Así como instalar varias herramientas para salvar el disco duro dañado.

El domingo fue menos “motivante”. La placa base dijo basta y apenas me dejaba una conexión útil. Una hora más tarde ya había pedido una placa base nueva (inevitablemente junto con procesador y RAM nuevas), de todas formas ya tocaba tras más de 24.000 horas de servicio.

No es un fin de semana ideal, hay que reconocerlo, y menos cuando las cosas se estropean (y suponen gastos casi inesperados), pero me gusta trastear. Y he aprendido bastante sobre discos duros, que no es ni de lejos mi campo, pero me hace más versátil.

lunes, 6 de julio de 2015

Grecia

"Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito". Aristóteles.

(tiempo de lectura medio estimado: 2 min y 30 segs)


He recibido algunos emails, uno de ellos especialmente incendiario, pidiendo que me mojase más con el tema de Grecia que comentaba en el anterior post. De hecho, mi intención era ser completamente ambiguo y dejar entrever que, siendo la tecnocracia un sistema que encuentra soluciones, es áspero porque hace prevalecer el fin sobre los medios. Aunque debíamos ser cautos con los que juegan a la política y se hacen pasar por expertos (probablemente sean ásperos y no haya soluciones).

Pero bien, tengo mi opinión al respecto. Voy a intentar explicarla aunque obviamente es algo tremendamente personal y subjetivo. Al fin y al cabo, mis conocimientos de economía se ciñen al desempeño de mi carrera profesional, suficiente para gestionar proyectos o para montar un pequeño/mediano negocio. Apenas he estudiado la macroeconomía.

En Occidente, y esto lo he comentado ya, se vive del crédito. Los países pueden pagar pensiones, sueldos públicos y acometer obra pública porque hay "acreedores" que nos prestan dinero para cubrir lo que la recaudación no puede (y pasa todos los años en casi todos los países avanzados). Este sistema surge del economista John Maynard Keynes, él defendía que hay que inyectar dinero público cuando, por los ciclos económicos propios del capitalismo, las inversiones privadas estuvieran en su punto más bajo (más paro, más tensión social, menos recaudación de impuestos...) para compensar esa caída. Pero con el paso del tiempo esa inyección ha dejado de ser un revulsivo contra crisis para convertirse en algo cotidiano. ¿Qué sucede si no podemos cubrir gastos con lo que ganamos y dependemos de prestamos exteriores cada año? Pues que en época de bonanza el sistema se mantiene, pero en una crisis prolongada es insostenible. No es sólo Grecia, es España, Japón, EEUU...

Es cierto que no todos tienen la misma capacidad de pago, y hay países que, en principio, pueden endeudarse simplemente por la seriedad que transmiten y la potencia de su economía, a pesar de que año a año cargan más sus deudas. Expertos y políticos piden continuar con este sistema, es bueno porque protege a clases bajas y medias. No genera tensiones sociales. La economía del día a día fluye. Pero, ¿qué hacemos cuando la mayoría de los países deban cantidades ingentes de dinero y pidan nuevos préstamos sólo para pagar intereses al margen de los que pidan para devolver viejos prestamos y para sostener el gasto?

Hay, con el gobierno alemán a la cabeza, otros expertos y políticos que piden cambiar la mentalidad y recurrir a la austeridad. En cierto modo es más lógico y se basa en un "gasta sólo lo que ganas". Aunque desde algunos sectores hablan de lo pernicioso de tener una estructura de gastos públicos muy pequeña y la volatilidad del bienestar social dado que el inversor privado (que paga impuestos o genera las condiciones para que otros los paguen) es menos constante, va a rachas, dependiendo de su confianza, ¿y si una mala racha que el gobierno no puede cubrir supone un duro golpe a la población y trae una crisis de las que cuesta levantarse, con las consiguientes revueltas sociales?.

Personalmente no se cual es el mejor sistema. Como todos, quiero mantener un nivel de vida aceptable, creo que hay que cumplir la palabra dada y pagar la deuda contraída y meter en vereda el gasto público. Me gustaría pensar que mi sistema es sostenible y no va a reventar por las costuras en algún momento, así que es necesario ajustar, que se ajuste lo necesario (lo necesario, claro, no lo más conveniente sólo para unos pocos). 

El "no" griego va a conllevar cosas malas, pero era inevitable. Incluso un "sí", del que yo era más partidario, hubiera servido sólo para negociar otro rescate y llegar a este mismo problema en un par de años (un poco como el techo de gasto de EEUU que cada pocos años amenaza con paralizar el gobierno federal). Conseguir más tiempo sólo es aceptable si pretendes cambiar algo y evitar un aterrizaje duro.